La mujer aparece en los tres Evangelios sinópticos: Mateo 9, 20-22, Marcos 5, 25-34 y Lucas 8, 43-48. Ninguno ofrece su nombre. Mateo cuenta que sufría pérdidas de sangre desde hacía doce años; Marcos y Lucas añaden que había acudido a médicos sin conseguir la curación, y que Lucas había gastado todos sus recursos.1,2,3
Mientras Jesús se dirige a la casa de Jairo, jefe de una sinagoga, la multitud lo rodea. La mujer se acerca por detrás y toca el borde de su manto, convencida de que así quedará curada. Según Marcos y Lucas, la hemorragia cesa de inmediato. Jesús pregunta quién lo ha tocado y, cuando ella se presenta temblando y cuenta lo sucedido, la tranquiliza y atribuye su curación a la fe.1,2,3
El episodio interrumpe el camino hacia la hija de Jairo, que también tiene doce años. Así, los relatos enlazan dos situaciones de sufrimiento y dos intervenciones de Jesús: la curación de una mujer enferma y la resurrección de la niña. La tradición cristiana ha leído este entrelazamiento como un recurso narrativo que relaciona ambas historias, aunque cada una conserva su propio sentido.1,2,3




