Las estructuras sociales injustas
La crítica católica a las estructuras injustas se dirige a prácticas y relaciones que niegan la igual dignidad de las mujeres: la discriminación, la violencia, el abuso de poder, la explotación y los obstáculos injustos a su participación en la sociedad. Tales males no expresan la enseñanza cristiana sobre mujeres y varones. Juan Pablo II pidió eliminar la discriminación por razón de sexo y presentar a las mujeres como colaboradoras en la vida social y eclesial.
La Iglesia reconoce, además, que algunos argumentos religiosos han servido para mantener la desigualdad o justificar presiones familiares, sociales y culturales contra las mujeres. Benedicto XVI consideró urgente promover una cultura que reconozca su dignidad tanto en la ley como en la vida concreta.
La antropología y la ideología de género
Otro plano, distinto del anterior, es la discusión antropológica: qué significa ser mujer o varón y qué relación existe entre el cuerpo, la identidad y las funciones sociales. La Iglesia no considera injusto cuestionar los papeles impuestos por costumbres o estructuras discriminatorias. Su crítica se dirige, en cambio, a las teorías que, según su análisis, minimizan la relevancia de la diferencia sexual y explican la identidad de la persona principalmente mediante categorías culturales.
La Congregación para la Doctrina de la Fe advirtió en 2004 sobre dos tendencias: una que presenta a mujeres y varones como adversarios en una lucha por el poder, y otra que, para evitar la dominación, tiende a tratar la diferencia sexual como un producto de la historia y la cultura. El documento sostiene que algunas ideologías derivadas de esta segunda tendencia cuestionan la estructura de la familia formada por madre y padre y equiparan formas de sexualidad que la moral católica distingue.
Esta crítica no debe confundirse con una defensa de cualquier costumbre heredada ni con la negación de desigualdades reales. Tampoco toda reivindicación feminista comparte las ideas criticadas por la Iglesia. La distinción decisiva consiste en separar la demanda de igualdad ante la ley y de protección frente a la injusticia -que la Iglesia puede respaldar- de las propuestas antropológicas que juzga incompatibles con la diferencia sexual y la concepción cristiana de la persona. Francisco expresó precisamente esta doble actitud: apoyo a las reivindicaciones legítimas de justicia e igualdad y desacuerdo con algunas propuestas concretas de grupos feministas.