Socialismo y comunismo
Socialismo es un término amplio que ha designado doctrinas y movimientos muy diferentes. Algunas corrientes defienden la propiedad colectiva de los medios de producción y una organización económica dirigida por el Estado; otras admiten la propiedad privada, la economía de mercado regulada, el pluralismo político y la democracia representativa.
El comunismo marxista constituye una corriente más precisa. Parte del materialismo histórico y dialéctico, interpreta la historia principalmente como una lucha entre clases sociales y aspira a una sociedad sin clases mediante la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. En sus formulaciones revolucionarias, la transformación social exige la conquista del poder político y la sustitución del orden jurídico existente.
La Iglesia no identifica automáticamente toda política de protección social, toda intervención pública en la economía o toda defensa de los trabajadores con el socialismo marxista. También distingue entre el socialismo comunista, el socialismo democrático y el laborismo, que históricamente presentaron fundamentos filosóficos, programas y relaciones con la religión diferentes.1,2
La cuestión social
La expansión industrial y las duras condiciones laborales de los siglos XIX y XX favorecieron la aparición de movimientos socialistas. Jornadas excesivas, salarios insuficientes, inseguridad laboral y pobreza obrera provocaron una grave crisis social.
La Iglesia consideró injustas muchas situaciones vinculadas al capitalismo liberal y al individualismo económico. Su oposición al comunismo no significó defensa de la explotación ni indiferencia ante la pobreza. Pío XII recordó que la Iglesia había concedido una importancia central a la cuestión obrera desde Rerum novarum de León XIII y que la cuestión social exigía la colaboración de la Iglesia, de los poderes públicos y de las fuerzas intelectuales, económicas y técnicas.3
La crítica católica a las ideologías socialistas, por tanto, debe entenderse dentro de una doble oposición: rechazo del materialismo colectivista y rechazo de un individualismo económico que sacrifica al trabajador.
