La visión ecológica de la Iglesia se basa en la Revelación divina, que presenta la creación como un don de Dios confiado al ser humano para su custodia.
La creación según la Sagrada Escritura y la Tradición
En el Génesis, Dios encomienda al hombre el mandato de «dominar» la tierra (Gn 1,28), pero no como un dominio despótico, sino como un servicio amoroso que refleja el amor creador de Dios.1 Esta stewardship, o administración responsable, implica cultivar y proteger la creación, reconociendo su orden intrínseco diseñado por el Creador.2 La Iglesia enseña que el olvido de esta relación con Dios lleva a una explotación egoísta de los recursos, marginando a los pobres y a las generaciones futuras.3
Los Padres de la Iglesia, como San Basilio y San Juan Crisóstomo, ya exaltaban la armonía cósmica y la interdependencia de todas las criaturas, un tema retomado en la liturgia y la teología sacramental.4
San Francisco de Asís, patrono de la ecología
San Francisco de Asís (1181-1226) encarna el modelo de una relación fraterna con la creación. En su Cántico de las Criaturas, llama «hermano» al sol y «hermana» a la tierra, invitando a todas las cosas a alabar a Dios.5,6 El Papa Francisco lo destaca como ejemplo de ecología integral, vivida con alegría y pobreza evangélica, uniendo el amor a la naturaleza con la opción por los pobres.7 Benedicto XVI subrayó su visión de la creación como lenguaje divino, esencial para una ecología auténtica.4
