La preocupación ecológica del magisterio contemporáneo no constituye una ruptura con la tradición cristiana. Representa una aplicación histórica de doctrinas antiguas sobre la creación, la dignidad humana, el destino universal de los bienes, la justicia y la responsabilidad social.
Pablo VI
Pablo VI vinculó la crisis ecológica con el modelo de desarrollo y con el uso irresponsable de la ciencia y de la técnica. En 1970 advirtió que una explotación irreflexiva de la naturaleza podía destruirla y convertir al ser humano en víctima de su propia degradación. También pidió unir el progreso científico y económico con un auténtico progreso social y moral.
En 1972, ante la Conferencia de las Naciones Unidas celebrada en Estocolmo, expresó el interés de la Santa Sede por conservar y mejorar el ambiente como un bien necesario para todos.
Juan Pablo II
Juan Pablo II desarrolló una auténtica teología moral de la ecología. En 1990 dedicó su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz a la relación entre la paz con Dios y la paz con toda la creación. Presentó la crisis ecológica como un problema principalmente ético y reclamó una solidaridad renovada.
También explicó que la destrucción del ambiente natural suele nacer de una concepción reducida de la naturaleza, contemplada solo desde el beneficio inmediato y el consumo. El Papa habló de una conversión ecológica, es decir, de un cambio interior que transforme los hábitos, las prioridades económicas y la responsabilidad social.
Su enseñanza introdujo además el concepto de ecología humana. La sociedad necesita proteger las condiciones morales de la vida humana, la familia, la dignidad personal y la ley moral. La degradación de la naturaleza y la degradación de la cultura proceden con frecuencia de una misma lógica de dominio arbitrario.
Benedicto XVI
Benedicto XVI profundizó la relación entre ecología ambiental y desarrollo humano integral. La tierra, el agua y el aire constituyen dones del Creador destinados a todos. Su uso implica una responsabilidad personal y colectiva hacia la humanidad presente, los pobres y las generaciones futuras.
El Papa afirmó que la ecología humana y la ecología ambiental forman una unidad:
«Cuando la ecología humana es respetada en la sociedad, también la ecología ambiental obtiene beneficios».
La protección del ambiente exige respetar la vida humana en todas sus etapas, la dignidad de la persona, la familia y el patrimonio moral de la sociedad.
Benedicto XVI también relacionó la crisis ecológica con la marginación de Dios. Cuando el ser humano considera la materia como una posesión exclusivamente suya y convierte el tener en finalidad suprema, pierde el sentido del límite y de la responsabilidad.
Francisco
Francisco integró estas líneas doctrinales en una visión de ecología integral. Su enseñanza presenta la casa común como una realidad cuya protección requiere conversión personal, justicia social, diálogo político, responsabilidad económica y renovación espiritual.
La ecología integral rechaza la separación artificial entre contaminación ambiental, pobreza, exclusión, cultura del descarte y deterioro de las relaciones humanas. La crisis afecta especialmente a quienes disponen de menos recursos para defenderse de sus consecuencias.
Esta perspectiva prolonga la enseñanza de sus predecesores: Pablo VI vinculó el ambiente con el desarrollo moral; Juan Pablo II habló de conversión ecológica y ecología humana; Benedicto XVI relacionó la protección ambiental con la solidaridad y el desarrollo integral.