La Navidad conmemora la Natividad del Señor y sus primeras manifestaciones. La Iglesia la celebra después de la Pascua en importancia dentro del año litúrgico, como una de las antiguas celebraciones de la memoria de Cristo.3
La liturgia contempla el nacimiento de Jesús no como un episodio aislado, sino como el comienzo de la obra salvadora que alcanza su plenitud en el misterio pascual. La celebración navideña expresa la llegada del Hijo de Dios a la humanidad y la renovación de la condición humana en Cristo.4
El tiempo navideño reúne diversas escenas de manifestación: el nacimiento humilde en Belén, anunciado a los pastores; la adoración de los Magos, que representa la acogida de Cristo por los pueblos gentiles; el Bautismo en el Jordán, donde el Padre manifiesta quién es Jesús e inaugura su misión pública; y, en la tradición litúrgica, el signo de las bodas de Caná.5


