San Mateo sitúa el episodio en la región de Tiro y Sidón. Allí, una mujer cananea se acerca a Jesús y le pide que tenga compasión de ella, porque su hija sufre gravemente a causa de un demonio. La mujer llama a Jesús «Señor» e «Hijo de David», títulos que expresan su reconocimiento de la autoridad y la misión mesiánica de Cristo.3
Al principio, Jesús no responde. Los discípulos le piden que atienda a la mujer, y él explica que su misión se dirige a las ovejas perdidas de Israel. Ella, sin embargo, se postra ante él e insiste: «Señor, ayúdame». Jesús responde con la imagen del pan de los hijos y los perros: no conviene tomar el pan de los hijos para echárselo a los perros. La mujer acepta la comparación y replica que también los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. Jesús elogia entonces su fe y concede lo que pide; su hija queda curada.1,2
El relato de san Marcos presenta un episodio paralelo en el que la mujer aparece como sirofenicia. La diferencia de denominación acompaña la misma identificación general: una mujer de origen gentil, procedente de la región fenicia, fuera del pueblo de Israel.4

