Influencias antiguas y medievales
La celebración de la Navidad en España tiene raíces que se entrelazan con las tradiciones romanas y visigodas, adaptadas al calendario litúrgico cristiano. Aunque la fecha del 25 de diciembre se fijó en el siglo IV para cristianizar las saturnales paganas, en la Hispania visigoda se desarrollaron prácticas únicas, como la traslación de la Anunciación al 18 de diciembre para evitar su coincidencia con la Cuaresma, decretada por el X Concilio de Toledo en 656. Esta medida no solo preparaba el camino para la Navidad, sino que inauguraba una novena de preparación vinculada a los nueve meses de gestación de Cristo en el seno de María.1,2
En la Edad Media, los ritos mozárabes en Toledo preservaron estas costumbres, con antífonas especiales y un fuerte sentido de expectación. La influencia de los reinos cristianos del norte, como Asturias y León, incorporó elementos de la liturgia hispano-visigoda, enriqueciendo la solemnidad de la Nochebuena con vigilias prolongadas y cantos que evocaban la llegada del Redentor.3
La novena navideña: un legado español
Uno de los pilares de la tradición católica española es la novena de Navidad, cuya práctica se remonta al siglo VII en España y Francia, pero con un arraigo especial en la Península. Inspirada en los nueve meses de la divinidad en el vientre virginal, esta devoción consistía inicialmente en nueve misas votivas a la Virgen, como se documenta en consultas al Sagrado Congregación de Ritos desde las Azores, apelando a la «antigua costumbre» hispana. En el XVII, se extendió con exposición del Santísimo en Italia, pero su origen español se evidencia en textos como el del teatino Piscara Castaldo, que describe su celebración solemne en múltiples lugares.1
La Iglesia concedió indulgencias a esta novena en el siglo XIX, recomendándola como preparación espiritual. En España, se vive con intensidad en parroquias y conventos, fomentando la oración comunitaria y el recogimiento ante la proximidad del Niño Dios.
La Expectación de la Virgen: «Nuestra Señora de la O»
El 18 de diciembre, fiesta de la Expectación del Parto de la Bienaventurada Virgen María (Exspectatio Partus B.V.M.), es una joya litúrgica española. Transferida desde el 25 de marzo por el X Concilio de Toledo, se celebraba con octava solemne en el rito mozárabe. Popularmente conocida como «Nuestra Señora de la O», alude al prolongado «O» entonado en Vísperas por el coro toledano, simbolizando el anhelo universal por el Salvador. Aunque suprimida en el calendario general tras Trento, persiste en Toledo con privilegio papal (Gregorio XIII, 1573; Urbano VIII, 1634), incluso en el IV Domingo de Adviento.2,3
Esta fiesta subraya la dimensión mariana de la Navidad española, invitando a la contemplación del misterio de la Encarnación.

