La Navidad no constituye solo la conmemoración sentimental del nacimiento de Jesús. Dentro del año litúrgico, la Iglesia celebra el misterio de la manifestación del Señor: el nacimiento humilde en Belén, la adoración de los pastores, la venida de los Magos, el bautismo de Cristo en el Jordán y el signo de Caná, donde Jesús manifestó su gloria.2
La Encarnación proclama que el Hijo eterno de Dios asumió verdaderamente la naturaleza humana. La tradición católica española ha expresado esta verdad mediante imágenes cercanas y familiares: el Niño Jesús, María, san José, los pastores, los ángeles, los Magos, el pesebre y la estrella.
La Navidad presenta varios valores inseparables:
- La iniciativa amorosa de Dios, que entrega a su Hijo para la salvación del mundo.
- La dignidad de la vida humana, vinculada al nacimiento del Verbo hecho carne.
- La humildad y la pobreza, manifestadas en el nacimiento de Cristo en un lugar sencillo.
- La paz, anunciada por los ángeles.
- La solidaridad con los pobres, a quienes la escena de Belén coloca en el centro del anuncio.
- La alegría mesiánica, propia de la llegada del Salvador.1



