Getsemaní era un lugar del monte de los Olivos, al otro lado del torrente Cedrón respecto de Jerusalén. Los Evangelios lo describen como un huerto o terreno arbolado; su nombre suele interpretarse como «prensa de aceite», en referencia a la presencia de olivos en la zona. Jesús acudía allí con sus discípulos y Judas conocía el lugar, circunstancia que facilitó la llegada de quienes fueron a prenderlo.1
La escena ocurre después de la Última Cena. Marcos cuenta que Jesús y los discípulos salieron hacia el monte de los Olivos tras cantar un himno. Durante el camino, Jesús anticipó la dispersión de sus compañeros y la proximidad de su muerte. Al llegar al huerto, pidió a Pedro, Santiago y Juan que permanecieran cerca de él mientras oraba.2
La presencia de esos tres discípulos resulta significativa: Jesús acostumbraba retirarse a orar, pero aquella noche quiso que ellos lo acompañaran. La cercanía no eliminó la soledad de su oración al Padre; expresó, más bien, su deseo de recibir compañía y solidaridad en la hora de la prueba. Los mismos discípulos habían estado con él en la Transfiguración.2



