La doble voluntad de Cristo
La oración evidencia la coexistencia de dos voluntades en la persona de Jesús: la voluntad divina, siempre alineada con el Padre, y la voluntad humana, que, como la de todo ser humano, tiende a evitar el dolor. Santo Tomás de Aquino explica que el pedido de «pasar la copa» refleja el deseo de la voluntad inferior (la humana), mientras que la frase «no sea como yo quiero, sino como tú quieres» expresa la voluntad superior (la divina). El Concilio de Constantinopla (680‑681) también afirma que el «no mi voluntad, sino la tuya» se refiere a la voluntad humana del Cristo encarnado, distinta de la divina. En su Comentario a Mateo, Aquino repite que la «voluntad humana» huye de la muerte, pero la «voluntad divina» está dispuesta a cumplir la salvación. O’Reilly señala que Tomás, apoyándose en el concilio, interpreta la oración como una manifestación de la dyoteletismo (dos voluntades) de Cristo. Dionisio, por su parte, indica que la voluntad del Padre y la del Hijo son una sola en la divinidad, pero distintas en la humanidad.
El deseo humano y la obediencia divina
El deseo de «que pase la copa» muestra la apetencia natural del ser humano a evitar el sufrimiento. Sin embargo, Jesús no persiste en ese deseo; lo somete a la voluntad del Padre, ofreciendo un modelo de entrega total. Santo Tomás subraya que la oración del Cristo «expresa el deseo de su sensualidad» y, al mismo tiempo, muestra cómo el hombre debe subordinar su voluntad a la divina. La frase «no sea como yo quiero» enseña que la voluntad humana debe alinearse con la justicia divina, un principio que la Iglesia ha reiterado como camino de santificación.
El sentido de «si es posible»
El calificativo si es posible no indica duda sobre el poder de Dios, sino humildad y reconocimiento de la limitación humana. San Juan Pablo II explica que Jesús reconoce la omnipotencia del Padre: «Todo es posible a Ti». Hilario de Poitiers interpreta que el Cristo, al decir «si es posible», muestra que la petición está sujeta a la voluntad del Padre, no a una imposibilidad real. Dionisio refuerza que el término expresa docilidad y no incertidumbre, pues nada es imposible para Dios.