El Imperio romano en el siglo III
Durante la primera mitad del siglo III el Imperio romano enfrentaba graves crisis militares, económicas y sociales. El emperador Decio, ascendiendo al trono en 249, percibió en la creciente influencia del cristianismo un obstáculo a la unidad del Estado y una amenaza a la autoridad imperial1.
Motivos políticos y religiosos
Los historiadores atribuyen a Decio una motivación esencialmente política: reforzar la cohesión del imperio mediante la exigencia de una manifestación pública de fe en los dioses tradicionales. La libertad de conciencia cristiana resultaba incompatible con el objetivo de «extinción de la Iglesia» que perseguía el emperador1.

