El Imperio bajo Domiciano
Domiciano asumió el trono tras la muerte de Tito, continuando la dinastía flavia. A diferencia de sus predecesores, buscó reforzar el culto imperial y la unidad religiosa mediante la imposición de su propio título de «Señor y Dios»1. Esta política provocó una creciente sospecha hacia aquellos que se negaban a participar en los cultos al emperador, entre ellos los cristianos, que ya habían sido perseguidos bajo Nerón2.
Situación de los cristianos antes de la persecución
Tras la destrucción del Templo de Jerusalén en el 70 d.C., los cristianos dejaron de beneficiarse de la protección que la ley otorgaba a los judíos. El derecho romano empezó a considerar al cristianismo como una forma de ateísmo o como una desviación del judaísmo, lo que facilitó la promulgación de leyes contra ellos2. Ya existían precedentes de persecución, como la iniciada por Nerón, pero bajo Domiciano la represión se intensificó y se dirigió también contra miembros de la élite romana que profesaban la fe cristiana1.

