África del Norte
África proconsular, y especialmente Cartago, constituye el principal escenario documentado de la represión severiana. Después de los martirios de los mártires de Escilio y Madaura en torno al año 180, los cristianos africanos disfrutaron de casi dos décadas de relativa tranquilidad. Sin embargo, en 197 o 198 los gobernadores reanudaron la persecución judicial. Las cárceles de Cartago recibieron numerosos cristianos, y los tribunales dictaron condenas de exilio, tortura y muerte.
Tertuliano intervino en favor de los encarcelados mediante sus escritos A los mártires, A las naciones y Apologético. Su formación jurídica le permitió denunciar el carácter contradictorio de un sistema que castigaba a los cristianos por su nombre y por su confesión religiosa, sin exigir siempre la prueba de un delito civil concreto. El Apologético, redactado antes del edicto de 202, refleja principalmente la legislación anterior, pero ayuda a comprender el ambiente jurídico y social que precedió a la medida de Severo.
Cartago conservó un lugar central en la memoria cristiana de esta persecución. Allí murieron en el año 203 santa Perpetua, perteneciente a una familia acomodada, y santa Felicidad, esclava y madre reciente, junto con sus compañeros. Las actas de su martirio constituyen una de las obras más valiosas de la literatura cristiana antigua y presentan el testimonio de unos creyentes que afrontaron la muerte antes que renunciar a Cristo.,
Egipto y Alejandría
Egipto también vivió una fase intensa de persecución. La Iglesia de Alejandría había experimentado una expansión notable, favorecida por su escuela catequética y por la actividad misionera de sus maestros. La prohibición de las conversiones afectaba directamente a esta labor de formación y evangelización.
Clemente de Alejandría abandonó la ciudad durante este periodo, mientras que Orígenes intentó reorganizar la escuela catequética. El prefecto Aquila arrestó a Orígenes, aunque sus familiares y amigos evitaron que recibiera la muerte. Su padre, san Leónidas, murió decapitado después de confesar la fe cristiana. Orígenes alentó a su padre a perseverar y después acompañó espiritualmente a varios discípulos que sufrieron el martirio.,
Eusebio de Cesarea presenta Alejandría como un centro destacado de testimonios cristianos durante la persecución de Severo. Entre los mártires menciona a Leónidas y a otros discípulos de Orígenes, ejecutados mediante decapitación, fuego u otras formas de suplicio. También recuerda a Potamiena, sometida a una muerte especialmente cruel, y al soldado Basilides, convertido al cristianismo y posteriormente decapitado por negarse a prestar un juramento incompatible con su fe.,
Estos relatos pertenecen a una tradición martirial elaborada para conservar la memoria de los testigos de Cristo. Presentan datos históricos junto con elementos hagiográficos, es decir, recursos literarios destinados a mostrar la acción de la gracia y la victoria espiritual del mártir. El historiador debe valorar cada episodio atendiendo a la fecha, la transmisión textual y el género literario, sin reducir por ello el conjunto de la tradición a una simple invención.
Siria y otras provincias orientales
Las noticias tradicionales sitúan también una actividad represiva considerable en Siria. La región contaba con importantes comunidades cristianas, ciudades de intensa vida religiosa y una población acostumbrada a la pluralidad de cultos orientales. La administración imperial podía reaccionar con especial severidad cuando la actividad cristiana adquiría una dimensión pública o misionera. La persecución de Severo afectó sobre todo a las zonas en las que las conversiones y la predicación cristiana habían alcanzado mayor visibilidad.,
La política imperial no produjo una reacción uniforme en todo Oriente. La extensión territorial del Imperio, las diferencias entre gobernadores y la autonomía práctica de las autoridades municipales hacían que una misma ley recibiera aplicaciones muy diversas. Una comunidad podía vivir bajo vigilancia, mientras otra, en una ciudad próxima, permanecía durante años sin intervención judicial.
Roma
La persecución no parece haber alcanzado en Roma la misma intensidad que en Cartago, Alejandría o determinadas zonas de Siria. La Iglesia romana contaba con miembros de posición social elevada, incluso dentro del entorno imperial, y la tradición histórica describe allí un periodo relativamente tranquilo bajo Severo. Esta diferencia regional impide presentar el reinado entero como una campaña uniforme dirigida desde Roma contra todos los cristianos.
La ausencia de una represión intensa en Roma no significa que los cristianos disfrutaran de reconocimiento jurídico. La legislación podía permanecer vigente aunque los magistrados no la aplicasen activamente. Además, un gobernador provincial, un prefecto urbano o un funcionario municipal podía iniciar actuaciones por iniciativa propia cuando una denuncia, un conflicto local o una presión popular provocaban la intervención de los tribunales.