El Imperio bajo Septimio Severo
Septimio Severo, nacido en Leptis Magna (África) en el 146, accedió al trono tras la muerte de Pertinax y la proclamación de las legiones en el Danubio1. Su reinado se caracterizó por campañas militares en Britania y el Oriente, pero también por la consolidación de un poder autocrático que buscaba reforzar la unidad del imperio mediante la uniformidad religiosa1.
La situación de la Iglesia antes de la persecución
Desde el siglo I, los cristianos vivían bajo la amenaza de delación y persecución esporádica. La legislación de Trajano ya imponía sanciones, aunque no prohibía expresamente la conversión al cristianismo2. La llegada de Severo marcó un cambio decisivo al añadir una cláusula que prohibía cualquier persona convertirse al cristianismo, con el objetivo de frenar el crecimiento de la comunidad cristiana2.

