El Imperio romano en crisis
A mediados del siglo III el Imperio enfrentaba graves amenazas externas e internas: invasiones persas, rebeliones militares y una profunda inestabilidad política. En este clima de incertidumbre, los emperadores buscaban reforzar la unidad mediante la imposición del culto a los dioses tradicionales, percibiendo al cristianismo como una amenaza a la cohesión del Estado3.
Antecedentes de persecución
Antes de Valeriano, el emperador Decio había promulgado en 250 un edicto que obligaba a todos los ciudadanos a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, iniciando una ola de persecución que dejó cientos de mártires3. La experiencia de Decio sirvió de precedente para la más severa campaña de Valeriano.

