Israel, pueblo elegido
La salvación de los judíos narrada por Ester debe interpretarse dentro de la elección de Israel. Dios escogió a Israel no por su grandeza numérica ni por una supuesta superioridad moral, sino por amor y fidelidad a la promesa hecha a los antepasados. El Deuteronomio presenta a Israel como pueblo santo, consagrado al servicio de Dios y llamado a vivir de acuerdo con esa elección.
La elección no significa favoritismo caprichoso ni aislamiento absoluto. Israel recibió una misión para el bien de todas las naciones. La fe en el Dios único contiene una orientación universal: el Dios que salva a Israel es también el Dios de todos los pueblos, y su acción salvadora alcanza a las naciones a través de la historia de Israel.,
El libro de Ester proclama precisamente que Dios recuerda a su pueblo en medio de la dispersión y protege la continuidad de la alianza. La liberación del pueblo judío no constituye un episodio marginal, porque la historia de Israel forma parte del designio que conduce a la encarnación del Hijo de Dios.
Cristo, cumplimiento de la salvación
La Iglesia católica confiesa que Jesucristo es el Salvador universal. El Nuevo Testamento conserva la prioridad histórica de Israel -«la salvación viene de los judíos»- y, al mismo tiempo, proclama que Cristo ofrece la salvación a todos, judíos y gentiles. La Comisión Bíblica Pontificia resume esta relación afirmando que la salvación prometida a Israel alcanza su cumplimiento en el Nuevo Testamento y que el Evangelio constituye la fuerza de Dios para la salvación de todo el que tiene fe, primero del judío y también del griego.
Por ello, la historia de Ester no enseña que la liberación política del pueblo judío equivalga ya a la salvación plena y definitiva. Ester salva a Israel de un exterminio histórico concreto; Jesucristo salva del pecado y de la muerte y conduce a la comunión eterna con Dios.
Rechazo del «doble camino»
La doctrina católica debe evitar dos errores opuestos.
El primer error consiste en negar la elección de Israel o interpretar la Iglesia como si Dios hubiese abandonado sin más a su pueblo. La elección de Israel pertenece realmente a la historia de la salvación, y la fidelidad divina a sus promesas no desaparece.
El segundo error consiste en afirmar un supuesto «doble camino de salvación», como si existiera una vía salvífica independiente de Cristo para los judíos y otra distinta para los cristianos. La fe católica proclama un único designio salvador y un único Mediador: Jesucristo. La consideración teológica de la misión permanente de Israel no implica dos alianzas paralelas ni una salvación separada de Cristo.
La elección de Israel conserva un significado propio dentro del designio de Dios, pero encuentra su cumplimiento en Cristo. La Iglesia anuncia a Jesucristo a todos los pueblos, incluidos los judíos, con respeto, sin coerción y sin desprecio hacia la tradición religiosa de Israel.