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La Reina Ester y la salvación de los judíos

La Reina Ester es una de las grandes figuras femeninas del Antiguo Testamento. Su intercesión ante el rey Asuero libró de la destrucción al pueblo judío, amenazado por el decreto de Amán. La tradición católica contempla este relato como una manifestación de la providencia divina, de la fidelidad de Dios a su alianza con Israel y de la misión mediadora que, en sentido tipológico, alcanza su plenitud en la Virgen María y en la Iglesia.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreLa Reina Ester y la salvación de los judíos
CategoríaPersona
DescripciónResponsabilidad de los poderosos, intercesión, prudencia, valentía, solidaridad y esperanza en la providencia divina.
ContextoImperio persa bajo el rey Asuero, siglo V a.C.
Enseñanzas
Fecha de Celebración14 de Adar (calendario judío)
ImportanciaIntercesión que salva al pueblo judío; tipología que prefigura a la Virgen María y a la Iglesia.
TipoFigura bíblica, Reina

Tabla de contenido

Identidad y contexto de Ester

Ester, llamada también Hadasá en la tradición hebrea, pertenecía al pueblo judío y era huérfana. Su primo Mardoqueo la acogió y la educó. Según la narración bíblica, Ester llegó a ser reina del imperio persa después de que el rey Asuero repudiara a Vasti y escogiera una nueva esposa entre las jóvenes del reino. Mardoqueo aconsejó a Ester que ocultara inicialmente su origen judío y que permaneciera fiel a las costumbres de sus antepasados.1

La identificación histórica de Asuero ha suscitado distintas opiniones. Algunos autores antiguos lo relacionaron con diversos monarcas persas. San Sulpicio Severo reconocía la dificultad para determinar con exactitud el rey bajo cuyo reinado vivió Ester y prefería vincular su historia con el monarca persa que permitió la restauración de Jerusalén.1

San Roberto Belarmino consideró más probable que el Asuero del libro fuese Artajerjes Longimano. Apoyaba esta identificación en diversos elementos del relato: la extensión del imperio desde la India hasta Etiopía, la residencia real en Susa y la propia referencia del monarca a su condición de rey persa.2 La identificación histórica concreta no constituye el núcleo teológico del libro, cuya finalidad principal consiste en proclamar la liberación providencial de Israel.

El libro de Ester en la Biblia católica

Unidad del libro y diversidad textual

El libro de Ester presenta una historia de salvación ambientada en el imperio persa. El texto hebreo y la versión griega de los Setenta no coinciden completamente. La versión griega contiene varias adiciones que amplían el relato con oraciones, sueños, decretos reales y referencias explícitas a la acción de Dios. San Jerónimo incorporó esas adiciones al final de su traducción del texto hebreo y señaló el lugar que ocupaban en la versión griega.3

La tradición latina recibió, por tanto, el libro en una forma más amplia que el texto hebreo conservado. La narración comprende dos grandes movimientos: la preparación del decreto de exterminio y la liberación de los judíos mediante la intervención de Ester y Mardoqueo.3

Partes protocanónicas y deuterocanónicas

La Iglesia católica distingue técnicamente entre partes protocanónicas y partes deuterocanónicas del libro de Ester.

  • Las partes protocanónicas corresponden fundamentalmente al texto transmitido por la Biblia hebrea.
  • Las partes deuterocanónicas comprenden las adiciones conservadas en la tradición griega y latina, situadas en la Biblia católica en los capítulos y versículos correspondientes a las oraciones, sueños, decretos y explicaciones complementarias.

La palabra deuterocanónico no significa que una parte posea menor autoridad o una inspiración de segundo grado. Designa los libros o fragmentos cuya recepción universal dentro de la Iglesia encontró determinadas dudas históricas antes de alcanzar reconocimiento pleno. La distinción expresa una diferencia en la historia de la recepción, no una diferencia en la dignidad divina de la Escritura.4

La enseñanza católica incluye entre los escritos deuterocanónicos del Antiguo Testamento las adiciones griegas de Ester y Daniel, junto con Tobías, Judit, Baruc, Sabiduría, Eclesiástico y los dos libros de los Macabeos.5

La Iglesia no posee dos cánones sucesivos, como si primero hubiera aceptado un conjunto incompleto y después hubiese añadido libros de menor rango. Los términos protocanónico y deuterocanónico son categorías teológicas posteriores destinadas a describir la historia de la recepción de los textos sagrados. La autoridad de ambos grupos procede de su inspiración divina y de su inclusión en el canon recibido por la Iglesia.5

Un antiguo catálogo de libros sagrados ya enumeraba Ester entre los libros históricos del Antiguo Testamento, junto con Tobías, Judit y los dos libros de los Macabeos.6

El decreto de Amán contra los judíos

Amán, alto funcionario de la corte persa, se indignó porque Mardoqueo no se postraba ante él. La negativa de Mardoqueo no expresaba una simple disputa de protocolo: en el desarrollo teológico del relato, el judío rechaza rendir a un hombre un honor que podía interpretarse como adoración o sumisión religiosa.

Movido por el resentimiento, Amán presentó a los judíos como un pueblo disperso, con leyes propias y potencialmente peligroso para la unidad del imperio. El rey aceptó la propuesta y autorizó un decreto destinado a destruir a los judíos y confiscar sus bienes en todas las provincias.7

El decreto transformó la hostilidad personal de Amán en una amenaza pública contra todo Israel. El relato muestra así cómo la mentira, el abuso del poder y la manipulación de la autoridad política pueden convertir un prejuicio en persecución organizada.

El pueblo judío quedó expuesto a una destrucción total. La amenaza no afectaba únicamente a individuos concretos, sino a la continuidad histórica del pueblo elegido y, con ella, a la línea de la promesa mesiánica. Desde la perspectiva cristiana, la supervivencia de Israel forma parte de la historia que conduce hacia Jesucristo, nacido del pueblo judío según la carne.

El ayuno y la decisión de Ester

Mardoqueo comunicó a Ester la gravedad del decreto y le pidió que interviniera ante el rey. La reina comprendió que su posición en la corte no constituía un privilegio destinado a su seguridad personal, sino una responsabilidad al servicio de su pueblo.

Ester no podía presentarse ante el rey sin ser convocada. La ley de la corte podía castigar con la muerte a quien entrara sin autorización, salvo que el monarca extendiese el cetro de oro. Por ello, la reina pidió a Mardoqueo y a los judíos de Susa que ayunaran por ella durante tres días. Después entraría en la presencia del rey, aun a riesgo de morir. La fórmula atribuida a Ester resume su entrega: «Si tengo que morir, moriré».

El ayuno expresa aquí una disposición religiosa de humildad y dependencia de Dios. Aunque el texto hebreo del libro apenas menciona explícitamente el nombre de Dios, las adiciones griegas hacen visible la oración de Ester y la confianza de Israel en el Señor. La versión ampliada presenta la liberación no como resultado de la astucia política de una reina, sino como respuesta divina a la súplica de su pueblo.

La intercesión de Ester ante el rey

Ester se vistió con sus ornamentos reales y entró en el patio interior del palacio. El rey extendió hacia ella el cetro de oro, gesto que le permitió acercarse sin recibir la condena prevista. La reina no actuó con violencia ni intentó derribar el poder político por la fuerza. Utilizó la dignidad recibida para interceder por quienes carecían de poder ante la corte.

La intervención de Ester posee una estructura prudente. Primero invitó al rey y a Amán a un banquete. Después preparó un segundo banquete y, en el momento oportuno, reveló su identidad judía y denunció el plan de Amán. Su estrategia combinó valentía, prudencia y dominio de sí misma.

Ester formuló la petición en términos personales y comunitarios:

«¿Cómo podría soportar ver la desgracia que amenaza a mi pueblo? ¿Cómo podría contemplar la destrucción de mis compatriotas?»8

La reina no pidió un beneficio privado. Identificó su propia suerte con la del pueblo perseguido. Su autoridad quedó plenamente ordenada al bien de los demás.

El papa san Juan Pablo II explicó que Ester arriesgó la vida para salvar a los judíos y que su intervención fue distinta de la acción de Judit: Ester no mató al enemigo, sino que actuó como mediadora e intercesora en favor de quienes estaban destinados al exterminio.9

La caída de Amán y la liberación de Israel

Cuando Ester reveló que pertenecía al pueblo condenado y que Amán había promovido su destrucción, el rey reaccionó con furia. Amán terminó colgado en el patíbulo que había preparado para Mardoqueo. El instrumento destinado a la muerte del justo se convirtió en signo de la derrota del perseguidor.3

El rey entregó a Ester la casa de Amán y confió a Mardoqueo el anillo real que antes había pertenecido al enemigo. Ester volvió a suplicar por su pueblo. Aunque el decreto original no podía revocarse directamente, el monarca autorizó un nuevo edicto que permitía a los judíos reunirse y defender su vida en todas las provincias del imperio.8

El nuevo decreto alcanzó desde la India hasta Etiopía y fue redactado en las distintas lenguas del imperio. Los judíos recibieron autorización para organizar su defensa frente a quienes intentaran ejecutar la orden de exterminio.8

La narración culmina con la derrota de los enemigos y con la institución de la fiesta de Purim. Mardoqueo estableció que los judíos celebrasen cada año los días en que el duelo se transformó en alegría, el luto en fiesta y la amenaza de exterminio en liberación.10

El libro presenta el desenlace como una obra de Dios. En la conclusión deuterocanónica, Mardoqueo interpreta el sueño de los dos dragones y afirma que el pueblo de Israel clamó a Dios y fue salvado:

«El Señor ha salvado a su pueblo; el Señor nos ha librado de todos estos males».11

El significado de la salvación de los judíos

La providencia divina en la historia

El libro de Ester ofrece una teología de la providencia. Dios guía los acontecimientos sin aparecer siempre mediante intervenciones extraordinarias. La elección de Ester como reina, la fidelidad de Mardoqueo, la insomne memoria del rey, la caída de Amán y la promulgación del segundo decreto convergen para preservar a Israel.

La providencia no elimina la responsabilidad humana. Dios salva a su pueblo mediante personas concretas que deben actuar con valor. Ester debe presentarse ante el rey; Mardoqueo debe advertirle del peligro; la comunidad debe ayunar y organizarse; los judíos deben defender sus vidas cuando llegue el día señalado.

El relato enseña que la confianza en Dios no equivale a pasividad. La fe mueve a discernir el momento oportuno, afrontar el peligro y emplear legítimamente las responsabilidades recibidas.

La inversión de las situaciones

Una de las características literarias y teológicas del libro consiste en la inversión de las situaciones:

  • Amán, que buscaba honores, acaba humillado.
  • Mardoqueo, despreciado por Amán, recibe la dignidad real.
  • El patíbulo preparado para Mardoqueo sirve para ejecutar a Amán.
  • El día destinado a la destrucción de los judíos se convierte en día de victoria.
  • El duelo del pueblo se transforma en alegría.
  • La reina aparentemente vulnerable se convierte en defensora de Israel.

La versión deuterocanónica interpreta esta inversión como el juicio de Dios sobre la historia. El destino de los pueblos y la suerte de Israel llegan al momento decisivo ante Dios, que recuerda a su pueblo y defiende su herencia.11

La dignidad de la intercesión

Ester representa una forma de mediación que no sustituye a Dios, sino que sirve a su acción salvadora. Ella no salva por poder propio. Su influencia procede de la misión que ha recibido y de la entrega con que la ejerce.

La tradición bíblica presenta varias mujeres como instrumentos decisivos de liberación: Judit frente a Holofernes, Abigail ante David y Ester ante el rey persa. San Juan Pablo II observó que esta sucesión de figuras femeninas prepara progresivamente la comprensión de la misión de María en la obra de la salvación universal.9

Ester como figura de la Virgen María

Los Padres de la Iglesia contemplaron a Ester como figura de la Bienaventurada Virgen María. La tradición tipológica no identifica literalmente a Ester con María, sino que reconoce en ciertos acontecimientos de su vida una anticipación simbólica de realidades que alcanzan su plenitud en Cristo y en su Madre.

La correspondencia aparece especialmente en varios aspectos:

  • Ester pertenece al pueblo de la promesa.
  • Vive en la proximidad del rey.
  • Arriesga su vida por la salvación de los demás.
  • Intercede ante el soberano en favor de un pueblo amenazado.
  • Obtiene misericordia para quienes no podían defenderse por sí mismos.
  • Su intervención transforma el duelo en alegría.

La comparación encuentra su centro en la mediación intercesora. Ester se presenta ante el rey persa para pedir la vida de Israel; María aparece en el Evangelio como la mujer cuya obediencia coopera singularmente con la venida del Salvador. La analogía permanece subordinada a Cristo: Jesucristo es el único Redentor y Salvador, mientras que María y las demás figuras bíblicas participan de la salvación como criaturas llamadas a colaborar con la gracia.

El libro de Ester, por tanto, no ofrece una simple exaltación de la belleza femenina ni una narración de intriga cortesana. La belleza y la dignidad de Ester adquieren valor porque quedan orientadas al servicio de su pueblo. La grandeza de la reina consiste en entregar su posición, su seguridad y su vida al cumplimiento de una misión.

Ester como figura de la Iglesia

La exégesis cristiana permite contemplar también a Ester como figura de la Iglesia, especialmente de la Iglesia formada por judíos y gentiles. La Iglesia aparece ante Dios como esposa y reina, llamada a interceder por la humanidad y a anunciar la salvación recibida de Cristo.

Esta lectura eclesial amplía, sin sustituirla, la referencia mariana:

  • Ester como figura de María expresa la singular intercesión de la Madre del Señor.
  • Ester como figura de la Iglesia expresa la vocación de la comunidad cristiana a interceder, testimoniar y servir a la salvación del mundo.
  • Israel amenazado representa históricamente al pueblo de la alianza y, en una aplicación espiritual, a la humanidad sometida al pecado y a la muerte.
  • La entrada ante el rey evoca la confianza con la que la Iglesia se acerca a Dios mediante Cristo.
  • El banquete puede relacionarse simbólicamente con la alegría de la comunión y con la celebración de la salvación.

La tradición patrística contempla con frecuencia a la Iglesia procedente de las naciones, la Ecclesia ex gentibus, como incorporada al pueblo de Dios sin destruir la vocación histórica de Israel. Una interpretación cristiana responsable no convierte a Ester en una alegoría arbitraria, sino que reconoce en su mediación un modelo de la Iglesia que ruega por los perseguidos, defiende la dignidad humana y anuncia que Dios no abandona a su pueblo.

La Iglesia no ocupa el lugar de Cristo. Su intercesión depende enteramente de la intercesión única del Señor resucitado. Del mismo modo, Ester no ocupa el lugar de Dios: su misión recibe eficacia de la providencia divina.

La elección de Israel y la salvación en Cristo

Israel, pueblo elegido

La salvación de los judíos narrada por Ester debe interpretarse dentro de la elección de Israel. Dios escogió a Israel no por su grandeza numérica ni por una supuesta superioridad moral, sino por amor y fidelidad a la promesa hecha a los antepasados. El Deuteronomio presenta a Israel como pueblo santo, consagrado al servicio de Dios y llamado a vivir de acuerdo con esa elección.12

La elección no significa favoritismo caprichoso ni aislamiento absoluto. Israel recibió una misión para el bien de todas las naciones. La fe en el Dios único contiene una orientación universal: el Dios que salva a Israel es también el Dios de todos los pueblos, y su acción salvadora alcanza a las naciones a través de la historia de Israel.13,14

El libro de Ester proclama precisamente que Dios recuerda a su pueblo en medio de la dispersión y protege la continuidad de la alianza. La liberación del pueblo judío no constituye un episodio marginal, porque la historia de Israel forma parte del designio que conduce a la encarnación del Hijo de Dios.

Cristo, cumplimiento de la salvación

La Iglesia católica confiesa que Jesucristo es el Salvador universal. El Nuevo Testamento conserva la prioridad histórica de Israel -«la salvación viene de los judíos»- y, al mismo tiempo, proclama que Cristo ofrece la salvación a todos, judíos y gentiles. La Comisión Bíblica Pontificia resume esta relación afirmando que la salvación prometida a Israel alcanza su cumplimiento en el Nuevo Testamento y que el Evangelio constituye la fuerza de Dios para la salvación de todo el que tiene fe, primero del judío y también del griego.15

Por ello, la historia de Ester no enseña que la liberación política del pueblo judío equivalga ya a la salvación plena y definitiva. Ester salva a Israel de un exterminio histórico concreto; Jesucristo salva del pecado y de la muerte y conduce a la comunión eterna con Dios.

Rechazo del «doble camino»

La doctrina católica debe evitar dos errores opuestos.

El primer error consiste en negar la elección de Israel o interpretar la Iglesia como si Dios hubiese abandonado sin más a su pueblo. La elección de Israel pertenece realmente a la historia de la salvación, y la fidelidad divina a sus promesas no desaparece.

El segundo error consiste en afirmar un supuesto «doble camino de salvación», como si existiera una vía salvífica independiente de Cristo para los judíos y otra distinta para los cristianos. La fe católica proclama un único designio salvador y un único Mediador: Jesucristo. La consideración teológica de la misión permanente de Israel no implica dos alianzas paralelas ni una salvación separada de Cristo.16

La elección de Israel conserva un significado propio dentro del designio de Dios, pero encuentra su cumplimiento en Cristo. La Iglesia anuncia a Jesucristo a todos los pueblos, incluidos los judíos, con respeto, sin coerción y sin desprecio hacia la tradición religiosa de Israel.

La violencia del desenlace

El relato de Ester incluye episodios de guerra y venganza. El segundo decreto permitió a los judíos reunirse y defender sus vidas frente a quienes ejecutaran la orden de exterminio. El libro describe después la derrota de los enemigos en Susa y en las demás provincias.10

La lectura cristiana debe atender al género histórico-teológico del libro y al contexto de una amenaza de exterminio. El relato no autoriza una violencia indiscriminada ni permite justificar persecuciones religiosas. La defensa del pueblo amenazado pertenece al marco narrativo de la supervivencia de Israel frente a un decreto imperial.

La tradición cristiana contempla estos textos a la luz de la revelación plena en Jesucristo. Cristo manda amar a los enemigos, orar por los perseguidores y renunciar a la venganza personal. La Iglesia puede reconocer la justicia de proteger a los inocentes y, al mismo tiempo, rechazar el odio, la persecución y la utilización de la religión para legitimar la violencia contra los pueblos.

La negativa de los judíos a apropiarse del botín, repetida en la narración, muestra que el objetivo central consistía en preservar la vida y frustrar el proyecto de exterminio, no en enriquecerse mediante la destrucción de los adversarios.10

Purim y la memoria de la liberación

Mardoqueo instituyó la celebración de Purim para recordar la transformación del peligro en victoria. La fiesta conserva la memoria de la liberación de los judíos, de la derrota de Amán y de la inversión del destino que parecía irrevocable.

La memoria bíblica no funciona como simple conmemoración política. Israel celebra que Dios no olvidó a su pueblo. En la conclusión del libro, Mardoqueo interpreta los acontecimientos mediante las imágenes de la luz, el sol y el agua abundante, y relaciona la figura de Ester con la fecundidad de la salvación concedida a Israel.11

La celebración anual convierte el recuerdo de una amenaza pasada en una escuela de esperanza. El pueblo aprende que la fidelidad de Dios merece alabanza incluso cuando su acción permanece oculta durante parte de la historia.

Enseñanzas espirituales y morales

La responsabilidad ante la injusticia

Ester enseña que una posición de influencia comporta una responsabilidad hacia los vulnerables. La reina podía permanecer en silencio y protegerse dentro del palacio, pero comprendió que su dignidad exigía defender a quienes carecían de poder.

La historia interpela a quienes ocupan cargos públicos, dirigen instituciones o poseen capacidad para influir en la sociedad. La autoridad adquiere legitimidad moral cuando protege la vida, la libertad religiosa y la dignidad de las personas perseguidas.

La prudencia unida a la valentía

Ester no actúa de manera temeraria. Ayuna, discierne, prepara el momento oportuno y habla con claridad. Su prudencia no nace del miedo, sino de una inteligencia puesta al servicio de la verdad.

La virtud cristiana evita tanto la cobardía como la impulsividad. La valentía necesita prudencia para elegir medios adecuados; la prudencia necesita valentía para no convertirse en una excusa para el silencio.

La solidaridad con el pueblo

Ester no contempla el sufrimiento de Israel como un problema ajeno. Llama a los judíos a ayunar con ella y asume como propia la suerte de su pueblo. Su oración y su actuación forman una unidad.

La Iglesia puede reconocer aquí una imagen de la solidaridad cristiana. La comunidad creyente no vive para salvarse de manera aislada, sino para interceder por los perseguidos, acompañar a quienes sufren y trabajar por la justicia.

La esperanza contra el fatalismo

El decreto de Amán parecía definitivo. Sin embargo, el relato muestra que ningún poder humano tiene la última palabra sobre la historia. La providencia no convierte el mal en bien por una necesidad mecánica, pero puede frustrar los proyectos de injusticia y suscitar servidores que cooperen con la verdad.

La esperanza bíblica no niega el peligro. Ester conoce el riesgo de morir y, precisamente por eso, su decisión posee valor moral y religioso.

Valor teológico de Ester para la Iglesia

La Reina Ester ocupa un lugar significativo en la lectura católica del Antiguo Testamento porque reúne varias dimensiones de la historia sagrada:

  1. La fidelidad de Dios a Israel, incluso en la dispersión y bajo dominación extranjera.
  2. La responsabilidad humana en la cooperación con la providencia.
  3. La fuerza de la intercesión en favor de los amenazados.
  4. La preparación tipológica de María, cuya misión supera infinitamente la de Ester al estar vinculada al misterio de Cristo.
  5. La dimensión eclesial de una comunidad llamada a interceder por la humanidad.
  6. La unidad de la historia de la salvación, que parte de Israel y alcanza su plenitud universal en Jesucristo.
  7. La esperanza de que Dios puede transformar el duelo en alegría, la opresión en libertad y el peligro en ocasión de testimonio.

La historia de Ester no presenta a una heroína autónoma que salva a Israel por sus propias fuerzas. Presenta a una mujer escogida para una misión providencial, cuya obediencia, prudencia y valentía permiten que la acción salvadora de Dios alcance a su pueblo.

Conclusión

La Reina Ester y la salvación de los judíos constituyen una de las grandes narraciones bíblicas sobre la providencia, la intercesión y la fidelidad divina. Ester arriesgó la vida ante el rey para impedir la destrucción de Israel; Amán cayó víctima de su propio plan; Mardoqueo recibió autoridad; y el pueblo transformó el duelo en fiesta mediante la celebración de Purim.

La Iglesia reconoce en Ester una figura de María y, en un sentido más amplio, una imagen de la Iglesia intercesora. La elección de Israel permanece dentro del designio irrevocable de Dios, pero la salvación plena y universal encuentra su cumplimiento en Jesucristo, único Salvador y Mediador. La historia de Ester anuncia así que Dios recuerda a su pueblo, sostiene sus promesas y llama a sus servidores a actuar con fe, prudencia y valentía en favor de la vida.

Citas y referencias

  1. Capítulo 12, Sulpicio Severus. Historia Sagrada, Libro II, Capítulo 12. 2
  2. Robert Bellarmine. Controversias de la Fe Cristiana (Disputationes de Controversiis), 50 (1586).
  3. Esther. Enciclopedia Católica, Ester (1913). 2 3
  4. Escritura. Enciclopedia Católica, Escritura (1913).
  5. Canon del Antiguo Testamento. Enciclopedia Católica, Canon del Antiguo Testamento (1913). 2
  6. El canon de la Sagrada Escritura * - Del mismo decreto y de los actos del mismo sínodo romano, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del Dogma Católico (Enchiridion Symbolorum), 179 (1854).
  7. B1.4.2 Ester, Daniela Piattelli. Condición jurídica de la mujer en el judaísmo, 2007, N.o 3-4, pp. 653-670, 8 (2007).
  8. La Nueva Versión Estándar Revisada, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Ester 8 (1993). 2 3
  9. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 27 de marzo de 1996, 1 (1996). 2
  10. La Nueva Versión Estándar Revisada, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Ester 9 (1993). 2 3
  11. La Nueva Versión Estándar Revisada, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Ester 10 (1993). 2 3
  12. II. - Temas fundamentales en las escrituras judías y su recepción en la fe en Cristo - B. Temas fundamentales compartidos - 4. La elección de Israel: A) en el Antiguo Testamento, Comisión Pontificia Bíblica. El Pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 33 (2002).
  13. J. Morales. La vocación en el Antiguo Testamento, 2 (1987).
  14. J. Morales. La vocación en el Antiguo Testamento, 3 (1987).
  15. II. - Temas fundamentales en las escrituras judías y su recepción en la fe en Cristo - B. Temas fundamentales compartidos - B) en el Nuevo Testamento, Comisión Pontificia Bíblica. El Pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 32 (2002).
  16. Una perspectiva católica sobre la misión de Israel, Roch Kereszty, O. Cist. Perspectiva católica sobre la misión de Israel, 1 (2014).
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