La esperanza de Marta y la promesa de Jesús
Marta sale al encuentro de Jesús cuando oye que llega. Le expresa el dolor en términos directos: si Jesús hubiera estado allí, Lázaro no habría muerto. Marta mantiene, sin embargo, una esperanza teológica: cree que Dios concederá lo que Jesús pida, incluso ahora.
Jesús responde con una promesa: «Tu hermano resucitará». Marta contesta desde la esperanza tradicional de la resurrección en el último día. Ese diálogo marca un paso decisivo: Marta confía en la resurrección futura, pero todavía no comprende la obra presente que Jesús realizará.
El salto cristológico: presencia de la Resurrección
Jesús pronuncia su afirmación central:
«Yo soy la resurrección y la vida»;
«El que cree en mí, aunque muera, vivirá».
La Iglesia lee estas palabras como una revelación de la identidad de Jesús: el Señor no actúa solo como mediador de una resurrección futura, sino como la Resurrección y la Vida en persona.
El texto exige una respuesta: Jesús pregunta directamente a Marta si cree. Marta responde con una confesión: cree que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.
Interpretación teológica en la tradición de Santo Tomás
El comentario de Santo Tomás subraya el movimiento interior en Marta. Marta cree con certeza «que resucitará en la resurrección del último día»; su esperanza en el final pertenece al horizonte recibido. Sin embargo, la escena pide fe también ante el modo concreto en que Jesús actuará.
Jesús eleva esa esperanza: su frase «yo soy la resurrección y la vida» revela su poder y su efecto: quien cree participa de una vida que atraviesa la muerte. Santo Tomás describe además el carácter pedagógico de la pregunta: Jesús busca una confesión de fe que conduzca a la salvación.