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La resurrección de Lázaro

La resurrección de Lázaro narra el momento en que Jesús responde a la muerte de su amigo con un signo que revela su identidad divina y provoca una decisión de fe. El episodio, transmitido por el Evangelio de Juan (capítulo 11), presenta la enfermedad y el dolor de una familia, el retraso deliberado de Jesús, el diálogo en torno a la resurrección, la conmoción del Hijo ante el llanto humano y su oración al Padre, culminando en la orden: «Lázaro, ven fuera».

The Raising of Lazarus title QS:P1476,en:The Raising of Lazarus
Ver información de la imagenLa resurrección de Lázaro, c. 1310. Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreResurrección de Lázaro
CategoríaEvento
DescripciónJesús se revela como la Resurrección y la Vida; el milagro es signo de fe
Contexto HistóricoMinisterio de Jesús, siglo I
Impacto HistóricoProvocó creencia en Jesús y generó oposición de autoridades judías
Importancia EclesialBase doctrinal y litúrgica; presente en tradiciones ortodoxas como el drama Lazzarello
Interpretación TradicionalSan Agustín, Santo Tomás de Aquino, Benedicto XVI, Juan Pablo II
Personas relacionadasEvangelio de Juan
Personas RelacionadasJesús, Lázaro, Marta, María
TextoJuan 11:1-44 (NRSVCE)
TipoMilagro
UbicaciónBetania, Judea (cerca de Jerusalén)

Tabla de contenido

Lázaro de Betania en el Nuevo Testamento

Lázaro aparece como hermano de Marta y María, habitantes de Betania. El Evangelio sitúa el relato en un entorno cercano a Jerusalén y lo vincula con amistades concretas: Jesús ama a Lázaro y visita a sus hermanas.1

El Evangelio de Juan ofrece detalles que humanizan el personaje: Lázaro vive una enfermedad que afecta profundamente a su círculo; María, asociada al relato, ha demostrado devoción al Señor con un gesto de unción.1

La tradición católica ha estudiado el nombre y la identidad del personaje. La Enciclopedia Católica explica que el nombre Lázaro deriva del griego Lazaros y lo conecta con el sentido hebreo de «Dios ayuda». Esa misma referencia distingue a Lázaro del pariente protagonista de una parábola y subraya, sobre todo, a Lázaro de Betania, el hermano de Marta y María.2

El episodio en Juan 11: enfermedad, aviso y demora

Juan 11 empieza con una enfermedad que afecta a Lázaro en Betania. Las hermanas envían un mensaje a Jesús: «Señor, el que tú amas está enfermo». El texto muestra una relación real de afecto entre Jesús y esta casa.1

Jesús recibe la noticia y responde reinterpretando la situación en clave teológica. Antepone el propósito: la enfermedad no conduce a una ruina final, sino que se ordena a la gloria de Dios para que el Hijo sea glorificado por medio de ese acontecimiento.1

La narración incluye un dato que desconcierta: Jesús permanece dos días más en el lugar donde estaba tras conocer la enfermedad. Este retraso no nace de indiferencia; nace del plan divino que convierte la crisis en un camino de fe.1

Viaje a Judea y miedo de los discípulos

Jesús decide volver a Judea. Los discípulos protestan: el ambiente hostil en Jerusalén y la amenaza de violencia acompañan el trayecto. Jesús emplea una imagen para orientar la conducta: el día representa la claridad para caminar sin tropiezos; la noche expresa la falta de luz interior.1

Luego Jesús usa una expresión que los discípulos malinterpretan: llama a Lázaro «dormido», y anuncia su intención de «despertarlo». La confusión revela un contraste entre el lenguaje de la fe y la lectura meramente humana de los hechos.1

Cuando Jesús habla con claridad, ya no deja espacio a ambigüedad: «Lázaro ha muerto». Añade un motivo: ese desenlace ocurre «para que creáis».1

El encuentro con Marta: «Yo soy la resurrección y la vida»

La esperanza de Marta y la promesa de Jesús

Marta sale al encuentro de Jesús cuando oye que llega. Le expresa el dolor en términos directos: si Jesús hubiera estado allí, Lázaro no habría muerto. Marta mantiene, sin embargo, una esperanza teológica: cree que Dios concederá lo que Jesús pida, incluso ahora.1

Jesús responde con una promesa: «Tu hermano resucitará». Marta contesta desde la esperanza tradicional de la resurrección en el último día. Ese diálogo marca un paso decisivo: Marta confía en la resurrección futura, pero todavía no comprende la obra presente que Jesús realizará.1

El salto cristológico: presencia de la Resurrección

Jesús pronuncia su afirmación central:

«Yo soy la resurrección y la vida»;

«El que cree en mí, aunque muera, vivirá».1

La Iglesia lee estas palabras como una revelación de la identidad de Jesús: el Señor no actúa solo como mediador de una resurrección futura, sino como la Resurrección y la Vida en persona.1

El texto exige una respuesta: Jesús pregunta directamente a Marta si cree. Marta responde con una confesión: cree que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.1

Interpretación teológica en la tradición de Santo Tomás

El comentario de Santo Tomás subraya el movimiento interior en Marta. Marta cree con certeza «que resucitará en la resurrección del último día»; su esperanza en el final pertenece al horizonte recibido. Sin embargo, la escena pide fe también ante el modo concreto en que Jesús actuará.3

Jesús eleva esa esperanza: su frase «yo soy la resurrección y la vida» revela su poder y su efecto: quien cree participa de una vida que atraviesa la muerte. Santo Tomás describe además el carácter pedagógico de la pregunta: Jesús busca una confesión de fe que conduzca a la salvación.3

La escena con María: llanto, conmoción y la oración al Padre

Marta llama a su hermana María, que llega al lugar donde está Jesús. María se postra a los pies del Señor y repite la misma herida de dolor: «Señor, si hubieras estado aquí...»1

El Evangelio presenta una emoción singular: Jesús ve el llanto, se conmueve profundamente en el espíritu y siente una profunda agitación. Luego pregunta por el sepulcro: «¿Dónde lo habéis puesto?»1

La escena culmina en el gesto más humano del Señor en este episodio: Jesús llora. El relato no aparta el dolor; lo integra dentro de una misión más alta.1

El sentido de la oración: amistad y filiación

En su comentario catequético sobre el episodio, el papa Benedicto XVI une dos dimensiones que avanzan juntas: Jesús muestra afecto por el amigo y comparte el llanto; al mismo tiempo, el relato conduce a una oración explícita al Padre.4

Benedicto XVI resalta la interpretación inicial de Jesús: la enfermedad sirve para la gloria de Dios y para la glorificación del Hijo. Jesús escucha la muerte con tristeza real, pero mantiene el hilo del plan divino que dispone la fe del pueblo.4

En el sepulcro, Jesús eleva la mirada y agradece: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado...». Benedicto XVI interpreta esa acción como una forma de oración que mantiene la comunión del Hijo con la voluntad del Padre y, a la vez, sostiene el lazo de amistad con Lázaro.4

Juan Pablo II también identifica en el momento del sepulcro una confirmación de la relación íntima entre Jesús y el Padre. El papa pone el foco en la unión del Hijo con el Padre y en el poder con que el Señor devuelve la vida.5

El milagro: la piedra retirada y la llamada eficaz

El sepulcro aparece como una cavidad cerrada con una piedra. Jesús manda retirar la piedra, y Marta objeta desde la experiencia del tiempo: Lázaro lleva cuatro días en el sepulcro y el cuerpo ya produce olor.1

Jesús responde con una invitación a la fe: si los presentes creen, verán la gloria de Dios. Esta frase sitúa el milagro como signo: el acontecimiento no pretende solo curar una pérdida, sino despertar una mirada espiritual capaz de reconocer la obra divina.1

Una vez retirada la piedra, Jesús eleva una acción de gracias al Padre. Declara que confía en la escucha del Padre y añade que pronuncia ese agradecimiento «para que la gente crea» en que el Padre lo envió.1

Entonces llega el mandato con voz potente:

«Lázaro, ven fuera».1

El muerto sale. El Evangelio describe con precisión el estado: las manos y los pies quedan envueltos en vendas, y el rostro lleva un paño. Jesús ordena el último gesto liberador: «Desatadlo y dejadlo marchar».1

La respuesta patrística: el sentido del signo

San Agustín contempla el episodio como una catequesis sobre la resurrección. El obispo de Hipona relaciona el acontecimiento con el modo de comprender «la resurrección de Lázaro» como un signo que ilumina la fe.6

El comentario más técnico de Tomás de Aquino explica el paso interior de Marta. Marta no imagina que Jesús pueda levantar a alguien sepultado desde hace cuatro días; Marta piensa con certeza en el último día, no en una intervención inmediata. Jesús conduce esa fe a un nivel superior al revelarse como Resurrección y Vida.3

«La resurrección de Lázaro»: claridad para creer en el Hijo

Un signo orientado a la fe

El propio Jesús liga el episodio a la fe. El texto registra un propósito explícito: Jesús no llega a tiempo para impedir la muerte; Jesús llega para que los presentes crean.1

La narración mantiene un hilo constante: la enfermedad y la muerte se ordenan a la gloria de Dios y a la glorificación del Hijo.1

Este enfoque aparece también en el modo en que Jesús ora: el Señor habla con el Padre y, a la vez, sostiene la intención pedagógica del signo, para que la multitud reconozca el envío divino.1

Efecto comunitario: adhesión y conflicto

La Enciclopedia Católica explica que, tras el milagro, muchos judíos creyeron en Jesús a causa de Lázaro, y que los jefes religiosos buscaron acabar con Lázaro. El episodio, por tanto, intensifica la crisis de la fe y la oposición: el signo empuja a tomar partido.2

La resurrección como revelación de Cristo: Resurrección y Vida

La afirmación «Yo soy la resurrección y la vida» marca el centro doctrinal del episodio. Juan 11 no presenta el milagro como un simple prodigio aislado, sino como revelación de una persona: Jesús mismo encarna el dinamismo de la vida que vence a la muerte.1

La tradición contemplativa de los Ejercicios Espirituales formula esta progresión en tres puntos: el aviso de las hermanas, la exigencia de creer antes del prodigio y la ejecución del signo mediante el mandato de Jesús, acompañado del llanto y de la oración. Esa lectura convierte Juan 11 en escuela de fe: el creyente mira, escucha y responde.7

Dimensión litúrgica y recepción devocional

La resurrección de Lázaro también dejó huella en la vida litúrgica, sobre todo en tradiciones orientales. Un ejemplo aparece en la descripción de un drama litúrgico: la tradición del Lazzarello (en el ámbito balcánico) recrea dramáticamente el llanto y la muerte de Lázaro y la respuesta cristiana ante la resurrección. Con el tiempo, el desarrollo de esta práctica litúrgica se integra en el calendario cercano al Domingo de Ramos en la tradición bizantina.8

Esta recepción muestra que la Iglesia no reduce Juan 11 a una lectura doctrinal: el relato alimenta la memoria orante, el canto, la contemplación del llanto y la esperanza que brota del mandato de Cristo.

Matices teológicos: fe en el presente y esperanza del último día

El diálogo entre Jesús y Marta mantiene una tensión fecunda. Marta cree en la resurrección «en el último día», pero Jesús introduce una presencia actual de la resurrección: quien cree en Él participa ya de una vida que atraviesa la muerte.1

Santo Tomás ayuda a comprender la pedagogía del Señor: Marta confía con certeza en el final, pero todavía no contempla la intervención inmediata que Jesús realizará. Esa distancia no desaparece con una simple corrección, sino con una elevación cristológica: Jesús se presenta como la Resurrección y como la Vida, y Jesús exige una respuesta personal.3

Además, el episodio muestra una lógica creyente del tiempo. Benedicto XVI subraya la relación entre la tristeza humana y la oración filial: Jesús mantiene comunión con el Padre mientras comparte el dolor real. Esa unión sostiene la inteligencia espiritual del signo: la fe no elimina la emoción; la purifica y la ordena hacia la gloria de Dios.4

Conclusión

La resurrección de Lázaro constituye uno de los relatos más densos del Evangelio de Juan: el episodio muestra amistad verdadera, dolor humano, demora que obedece a un plan divino, conversación íntima en torno a la fe y, finalmente, el mandato eficaz que transforma la muerte en signo de la gloria de Dios. Jesús presenta su identidad con una frase indeleble: «Yo soy la resurrección y la vida», y el signo culmina en una orden liberadora: desatadlo y dejadlo marchar.1

Citas y referencias

  1. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Juan 11:1-11:44 (1993). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27
  2. Lázaro. Catholic Encyclopedia, Lázaro (1913). 2
  3. Capítulo XI, Tomás de Aquino. Comentario sobre Juan, 11:24 (1272). 2 3 4
  4. La oración de Jesús vinculada a su acción milagrosa de sanación, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 14 de diciembre de 2011, 1 (2011). 2 3 4
  5. Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 18 de noviembre de 1987, 3 (1987).
  6. Tractatus (conferencias) sobre el evangelio de San Juan: Tractatus 49 Juan 11:1-54, Agustín de Hipona. Tractatus 49 Juan 11:1-54, 4.
  7. Los misterios de la vida de Cristo nuestro Señor - De la resurrección de Lázaro, Íñigo López de Oñaz y Loyola (Ignacio de Loyola). Los Ejercicios Espirituales, Los Misterios de la Vida de Cristo Nuestro Señor (1548).
  8. Obra litúrgica de Lázaro (‘lazzarello’), Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Obra Litúrgica de Lázaro (‘Lazzarello’) (2015).
Modificado el 27 de julio de 2026 • FideScore™ 8.51Citar este artículo

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