La Iglesia en la Francia del Antiguo Régimen
Antes de 1789, la Iglesia católica ocupaba una posición central en la sociedad francesa. Administraba hospitales, escuelas y obras de asistencia; poseía bienes destinados al culto y a la beneficencia; recibía el diezmo y mantenía una estrecha relación institucional con la monarquía.
Esta situación no carecía de problemas. La desigual distribución de las riquezas eclesiásticas, la acumulación de cargos y la dependencia de ciertos obispos respecto de la Corona alimentaban críticas legítimas. Parte del bajo clero simpatizaba con reformas sociales y fiscales, mientras que numerosos juristas y políticos pretendían someter los bienes y la organización eclesiástica a un control más directo del Estado.
La Revolución aprovechó esas tensiones, pero pronto rebasó la reforma del régimen de propiedad y penetró en el ámbito propio de la Iglesia: su gobierno, su disciplina, la designación de sus pastores y la obediencia debida al papa.
El galicanismo tradicional
El galicanismo designaba un conjunto de opiniones propias de ciertos ambientes eclesiásticos y teológicos franceses. Sus defensores querían limitar en Francia algunas formas del ejercicio de la autoridad pontificia en favor de los obispos y del poder temporal, aunque los galicanos más cualificados no negaban el primado del papa ni pretendían convertir sus opiniones en dogmas.1
La Declaración del clero francés de 1682 resumió sus tesis principales. Afirmaba que el poder pontificio se refería a las materias espirituales y no a los asuntos temporales de los reyes; defendía la autoridad de los concilios y de las costumbres de la Iglesia de Francia; y sostenía que el juicio pontificio no era irreformable sin el consentimiento de la Iglesia.1
La Revolución no fue simplemente una continuación del galicanismo. El galicanismo tradicional pretendía proteger determinadas libertades de la Iglesia de Francia frente a Roma dentro de un orden cristiano y monárquico. La Revolución, en cambio, subordinó la Iglesia a una soberanía política nueva, fundada en la nación y en el Estado. El rey dejó de ser el protector tradicional de la Iglesia y la Asamblea pasó a considerarse competente para rediseñar su estructura.


