Judea bajo dominio seléucida
Tras la muerte de Alejandro Magno en el año 323 a. C., su imperio quedó dividido entre sus generales. Palestina pasó a formar parte de los territorios disputados entre los Ptolomeos de Egipto y los Seléucidas de Siria. Finalmente, el rey seléucida Antíoco III el Grande incorporó Judea a su reino a comienzos del siglo II a. C.
Antíoco III gobernó entre los años 223 y 187 a. C. Después de su derrota frente a Roma en la batalla de Magnesia, tuvo que aceptar unas duras condiciones de paz y pagar una elevada indemnización. Su hijo Seleuco IV Filopátor reinó entre 187 y 175 a. C. Durante su reinado aumentó la presión fiscal sobre los territorios del reino, incluida Judea. Seleuco IV murió asesinado por su ministro Heliodoro, y su hermano Antíoco IV Epífanes ocupó el trono en el año 175 a. C., aunque la sucesión correspondía inicialmente a Demetrio, hijo de Seleuco IV.1
Antíoco IV intentó consolidar el Imperio seléucida mediante una política de centralización y de difusión de la cultura helenística. El helenismo no constituía únicamente una corriente artística o educativa: también comportaba formas sociales, jurídicas, deportivas y religiosas vinculadas a las ciudades griegas y a sus cultos.
La división interna de la sociedad judía
La población judía no reaccionó de manera uniforme ante la cultura griega. Una parte de la aristocracia de Jerusalén consideraba que la adopción de instituciones helenísticas podía proporcionar prestigio, riqueza y protección política. Otros judíos entendían que determinadas costumbres amenazaban la identidad religiosa fundada en la Torá, la circuncisión, el sábado, las normas alimentarias y el culto del Templo.
El sumo sacerdote Onías III representaba la defensa de las tradiciones ancestrales. Su hermano Jasón, cuyo nombre hebreo era Jesús, obtuvo el sumo sacerdocio mediante promesas económicas a Antíoco IV y promovió una profunda transformación helenística de Jerusalén. Con su autorización, la ciudad adquirió rasgos de una polis griega y recibió instituciones propias del mundo helenístico. Cerca de la ciudadela se construyó un gimnasio, donde jóvenes y sacerdotes participaban en ejercicios atléticos griegos. Algunos judíos procuraron incluso ocultar la circuncisión para evitar la identificación con su pueblo en los baños y gimnasios.2
Menelao sustituyó posteriormente a Jasón como sumo sacerdote. Su nombramiento dependió también de una oferta económica superior a la de su antecesor. Para pagar sus compromisos con el monarca, Menelao tomó objetos sagrados del Templo. Onías III protestó contra el sacrilegio y acabó asesinado. Las rivalidades entre Jasón y Menelao agravaron la inestabilidad de Jerusalén y facilitaron la intervención directa de Antíoco IV.2




