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La revuelta Macabea

La revuelta Macabea fue la insurrección judía iniciada por el sacerdote Matatías de Modín y continuada por sus hijos contra la política de helenización forzosa promovida por Antíoco IV Epífanes, rey del Imperio seléucida. La rebelión comenzó en el año 167 a. C., alcanzó la recuperación y purificación del Templo de Jerusalén en 164 a. C., y condujo progresivamente a la independencia política de Judea y al establecimiento de la dinastía asmonea. Los acontecimientos aparecen principalmente en los libros bíblicos de 1 Macabeos y 2 Macabeos, incluidos entre los libros deuterocanónicos de la Biblia católica.

Manuscript of opening of 2 Maccabees Royal MS 1 D II
Ver información de la imagenApertura de es:2 Macabeos de un manuscrito de los siglos XIII-XV. Escaneo de la Biblioteca Británica del Royal MS 1 D II, encontrado en el es:Monasterio de la Santísima Trinidad de Pljevlja, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreLa revuelta Macabea
CategoríaEvento
DescripciónCreación del reino asmoneo, desarrollo de corrientes religiosas judías, posterior intervención romana y pérdida de la independencia.
ContextoDominio seléucida y política de helenización forzosa promovida por Antíoco IV Epífanes.
Eventos Relacionados1 Macabeos, 2 Macabeos, celebración de Janucá, conquista romana de Jerusalén (63 a.C.)
Fecha de fin141 a.C.
Fecha de inicio167 a.C.
ImportanciaRestauró el culto del Templo de Jerusalén, consiguió la independencia política de Judea y estableció la dinastía asmonea.
Personas RelacionadasMatatías, Judas Macabeo, Simón, Jonatán, Antíoco IV Epífanes, Seleuco IV Filopátor, Antíoco V Eupátor, Demetrio I Sóter, Alejandro Janeo, Alejandra Salomé, Juan Hircano I, Aristóbulo I, Antígono II Matatías
TipoSuceso histórico, Región, Rebelión judía
Tipo de SucesoInsurrección
UbicaciónJudea

Tabla de contenido

Contexto histórico

Judea bajo dominio seléucida

Tras la muerte de Alejandro Magno en el año 323 a. C., su imperio quedó dividido entre sus generales. Palestina pasó a formar parte de los territorios disputados entre los Ptolomeos de Egipto y los Seléucidas de Siria. Finalmente, el rey seléucida Antíoco III el Grande incorporó Judea a su reino a comienzos del siglo II a. C.

Antíoco III gobernó entre los años 223 y 187 a. C. Después de su derrota frente a Roma en la batalla de Magnesia, tuvo que aceptar unas duras condiciones de paz y pagar una elevada indemnización. Su hijo Seleuco IV Filopátor reinó entre 187 y 175 a. C. Durante su reinado aumentó la presión fiscal sobre los territorios del reino, incluida Judea. Seleuco IV murió asesinado por su ministro Heliodoro, y su hermano Antíoco IV Epífanes ocupó el trono en el año 175 a. C., aunque la sucesión correspondía inicialmente a Demetrio, hijo de Seleuco IV.1

Antíoco IV intentó consolidar el Imperio seléucida mediante una política de centralización y de difusión de la cultura helenística. El helenismo no constituía únicamente una corriente artística o educativa: también comportaba formas sociales, jurídicas, deportivas y religiosas vinculadas a las ciudades griegas y a sus cultos.

La división interna de la sociedad judía

La población judía no reaccionó de manera uniforme ante la cultura griega. Una parte de la aristocracia de Jerusalén consideraba que la adopción de instituciones helenísticas podía proporcionar prestigio, riqueza y protección política. Otros judíos entendían que determinadas costumbres amenazaban la identidad religiosa fundada en la Torá, la circuncisión, el sábado, las normas alimentarias y el culto del Templo.

El sumo sacerdote Onías III representaba la defensa de las tradiciones ancestrales. Su hermano Jasón, cuyo nombre hebreo era Jesús, obtuvo el sumo sacerdocio mediante promesas económicas a Antíoco IV y promovió una profunda transformación helenística de Jerusalén. Con su autorización, la ciudad adquirió rasgos de una polis griega y recibió instituciones propias del mundo helenístico. Cerca de la ciudadela se construyó un gimnasio, donde jóvenes y sacerdotes participaban en ejercicios atléticos griegos. Algunos judíos procuraron incluso ocultar la circuncisión para evitar la identificación con su pueblo en los baños y gimnasios.2

Menelao sustituyó posteriormente a Jasón como sumo sacerdote. Su nombramiento dependió también de una oferta económica superior a la de su antecesor. Para pagar sus compromisos con el monarca, Menelao tomó objetos sagrados del Templo. Onías III protestó contra el sacrilegio y acabó asesinado. Las rivalidades entre Jasón y Menelao agravaron la inestabilidad de Jerusalén y facilitaron la intervención directa de Antíoco IV.2

La política de Antíoco IV Epífanes

La crisis con Egipto

Antíoco IV intentó ampliar su poder sobre Egipto, territorio gobernado por la dinastía ptolemaica. Durante su segunda campaña egipcia, en el año 168 a. C., el rey tuvo que retirarse ante la intervención diplomática de Roma. El enviado romano Popilio Lenas exigió que abandonara Egipto, y Antíoco obedeció ante la superioridad política y militar de Roma.1

La retirada humilló al monarca y agravó sus necesidades financieras. Antíoco dirigió entonces su política represiva contra Jerusalén y Judea. Las tensiones internas entre los grupos judíos partidarios de Jasón y Menelao facilitaron su intervención. El rey ocupó la ciudad, ordenó matanzas y saqueó los tesoros del Templo.2

La profanación del Templo

Antíoco IV promulgó decretos destinados a eliminar las prácticas religiosas judías. Las autoridades seléucidas prohibieron la observancia del sábado, la circuncisión, las fiestas y las normas tradicionales. También ordenaron la destrucción de ejemplares de la Ley y establecieron sacrificios paganos.

Jerusalén recibió una guarnición seléucida en la ciudadela conocida como Acra, situada junto al Templo. El santuario fue dedicado a Zeus Olímpico, identificado en la tradición bíblica de 2 Macabeos con una forma de culto pagano impuesto por el poder real. Sobre el altar de los holocaustos se instaló un altar pagano, y en distintas localidades de Judea aparecieron altares destinados a los sacrificios prescritos por el decreto real.3

La persecución no pretendía únicamente controlar políticamente a Judea. Antíoco buscaba también uniformar religiosamente sus dominios. La política de helenización alcanzó así una intensidad que transformó la resistencia cultural en rebelión armada.

Matatías y el comienzo de la rebelión

La acción de Modín

En la localidad de Modín, situada al noroeste de Jerusalén, vivía el sacerdote Matatías, miembro de una familia sacerdotal vinculada a la clase de Joarib. Matatías tenía cinco hijos: Juan, Simón, Judas, Eleazar y Jonatán.

Un funcionario real llegó a Modín para exigir sacrificios paganos. El representante seléucida ofreció a Matatías honores, riquezas y el favor del rey si daba ejemplo ante la población. Matatías rechazó la propuesta. Cuando otro judío se acercó al altar para cumplir el decreto, Matatías lo mató junto con el funcionario real y destruyó el altar. Después huyó a las montañas con sus hijos y reunió a quienes querían defender la Ley de Moisés.2

La acción de Matatías no fue una protesta aislada. Expresó la convicción de que la autoridad real carecía de legitimidad cuando ordenaba actos contrarios a la alianza con Dios. La resistencia religiosa se convirtió en una guerra de guerrillas: los rebeldes destruyeron altares paganos, atacaron a los colaboradores de la administración seléucida y organizaron comunidades armadas en las zonas montañosas.

El problema del sábado

Al comienzo, algunos grupos judíos se negaron a combatir en sábado incluso cuando las tropas seléucidas los atacaban. Cerca de mil personas murieron al no defenderse, porque entendían que la lucha armada violaría el descanso sagrado. Después de esta tragedia, Matatías y sus compañeros decidieron que podían luchar en sábado para proteger la vida y preservar la alianza.4

Esta decisión muestra la complejidad religiosa de la revuelta. Los insurgentes no abandonaron la observancia del sábado, sino que interpretaron que la legítima defensa y la supervivencia del pueblo impedían una aplicación que entregase a los fieles a una muerte evitable.

Matatías murió poco después de iniciar la rebelión, probablemente en el año 166 a. C. Antes de morir, exhortó a sus hijos a permanecer fieles a la Ley y designó a Judas como jefe militar, mientras Simón actuaría como consejero.4

Los jasideos

Identidad y misión religiosa

Los jasideos-del hebreo ḥasidim, «piadosos»- fueron un grupo religioso comprometido con la defensa estricta de la Ley y de las tradiciones ancestrales. La literatura antigua los presenta como hombres entregados a la observancia de la alianza y contrarios a la penetración de las costumbres paganas.

Los jasideos apoyaron inicialmente a Matatías y a Judas porque consideraban que la persecución seléucida exigía una resistencia activa. El primer libro de los Macabeos los describe como «guerreros valerosos de Israel» que se unieron voluntariamente a la causa de la Ley.4

La revuelta reunió, sin embargo, a grupos diversos. No todos los combatientes eran jasideos. Algunos se incorporaron por motivos nacionales, familiares o políticos, mientras que otros buscaban simplemente escapar de la persecución. Por ello, la causa macabea no puede identificarse sin más con un único movimiento religioso.

Relaciones posteriores con los Macabeos

La alianza entre los jasideos y los dirigentes macabeos sufrió tensiones. Cuando Alcimo, nombrado sumo sacerdote por Demetrio I Sóter, llegó a Judea, algunos escribas y jasideos intentaron negociar con él. Judas Macabeo sospechó que aquellas promesas de paz escondían una traición. Alcimo ordenó después la muerte de unos sesenta jasideos.5

La tradición histórica ha relacionado a los jasideos con los grupos religiosos que más tarde dieron origen o contribuyeron a la formación de los fariseos, aunque la identificación completa entre ambos grupos no puede demostrarse con absoluta seguridad. La importancia de los jasideos radica sobre todo en haber aportado a la revuelta una motivación religiosa explícita: la defensa de la Ley y de la identidad de Israel frente a la imposición pagana.

Judas Macabeo

El significado del nombre

El sobrenombre Macabeo perteneció originalmente a Judas, tercer hijo de Matatías. Con el tiempo, el nombre pasó a designar a sus hermanos, a los miembros de su familia y, en sentido amplio, a todos los participantes en la rebelión. La explicación tradicional relaciona Macabeo con el arameo maqqaba, «martillo», en referencia a la fuerza combativa de Judas.2

El nombre familiar de la dinastía era asmoneo o asmonea, derivado de Asmón, antepasado de Matatías. «Macabeo» designa principalmente al movimiento y a sus protagonistas; «asmoneo» designa sobre todo a la dinastía política que surgió después.

Primeras victorias

Judas asumió el mando hacia los años 166-165 a. C. y desarrolló una estrategia basada en la movilidad, el conocimiento del terreno y los ataques rápidos contra fuerzas superiores. Derrotó a Apolonio, gobernador de Samaria, y venció después a Serón en Bet Jorón.

El regente Lisias, que administraba el reino durante la ausencia de Antíoco IV, envió un ejército dirigido por Ptolomeo, Nicanor y Gorgias. Judas atacó el campamento de Emaús cuando Gorgias había abandonado la posición con parte de las tropas y obtuvo una victoria decisiva. Esta batalla permitió a los rebeldes consolidar sus fuerzas y ganar apoyo entre la población judía.2

La recuperación de Jerusalén y la purificación del Templo

En el año 164 a. C., Judas entró en Jerusalén. Los rebeldes encontraron el Templo profanado, los altares destruidos y el culto interrumpido. Retiraron los objetos impuros, derribaron el altar pagano y construyeron uno nuevo. También restauraron el santuario, renovaron los utensilios sagrados y reorganizaron el culto.

La dedicación del Templo tuvo lugar el día 25 del mes de Kisleu, tres años después de su profanación. La celebración originó la fiesta judía de Janucá, también llamada fiesta de la Dedicación o de las Luces. Esta fiesta pertenece a la tradición litúrgica judía y no debe confundirse con una celebración propia del calendario litúrgico católico. La Iglesia Católica reconoce la importancia histórica y religiosa de estos acontecimientos bíblicos, pero distingue la liturgia judía de sus propios sacramentos, fiestas y tiempos litúrgicos.

La recuperación del santuario no puso fin a la guerra. La guarnición seléucida conservó la Acra y varias ciudades permanecieron bajo control enemigo. Judas tuvo que combatir sucesivamente contra los ejércitos enviados por Antíoco IV, Antíoco V y Demetrio I.

La muerte de Judas

Antíoco IV murió en el año 164 a. C. durante una campaña en las regiones orientales de su imperio. Le sucedió su hijo Antíoco V Eupátor, todavía menor de edad, bajo la tutela del regente Lisias. Después de las luchas internas del reino, Demetrio I Sóter, hijo de Seleuco IV, ocupó el trono en el año 162 a. C.1

Judas continuó la guerra contra las tropas seléucidas y buscó alianzas diplomáticas. El primer libro de los Macabeos recoge su tratado con Roma, una decisión destinada a obtener reconocimiento internacional y apoyo frente al poder seléucida.

Judas murió en combate contra las fuerzas de Báquides y Alcimo, probablemente en el año 160 a. C. Su muerte no destruyó la rebelión. Sus hermanos Jonatán y Simón asumieron sucesivamente el liderazgo.

Jonatán y Simón

Jonatán como jefe y sumo sacerdote

Tras la muerte de Judas, Jonatán dirigió la resistencia. Durante varios años tuvo que equilibrar la acción militar y la diplomacia en medio de las disputas por el trono seléucida. El reino atravesaba una crisis dinástica entre Demetrio I, Alejandro Balas y otros pretendientes.

Alejandro Balas reconoció a Jonatán como sumo sacerdote y le concedió honores políticos. Jonatán fortificó Jerusalén, consolidó las posiciones judías y aprovechó las divisiones internas del Imperio seléucida para ampliar la autonomía de Judea.

El general Diodoto Trifón, que inicialmente actuaba en favor de Antíoco VI, terminó intentando hacerse con el trono. Trifón capturó a Jonatán mediante engaño y lo hizo matar. La eliminación de Jonatán no logró someter a Judea, porque Simón continuó la lucha.

Simón y la independencia de Judea

Simón, último superviviente varón de Matatías, asumió el mando hacia el año 143 a. C. Su gobierno combinó autoridad militar, liderazgo religioso y dirección política. Simón ocupó la ciudadela de Acra, último gran bastión seléucida en Jerusalén, y expulsó a la guarnición extranjera.

En el año 141 a. C., la población y los sacerdotes reconocieron a Simón como jefe, sumo sacerdote y etnarca. El poder pasó a su familia con carácter hereditario, «hasta que surgiera un profeta digno». Simón acuñó moneda, reparó las fortalezas y consolidó la independencia nacional.3

El reino seléucida reconoció finalmente la autonomía judía. La revuelta religiosa iniciada por Matatías había desembocado en la independencia política de Judea.

La dinastía asmonea

Origen y primeros gobernantes

La dinastía asmonea comenzó propiamente con Simón y gobernó Judea hasta la intervención romana. Sus miembros reunieron con frecuencia el poder civil y el sumo sacerdocio, una combinación que no había formado parte del planteamiento inicial de la rebelión.

A Simón le sucedió su hijo Juan Hircano I, que gobernó aproximadamente entre 135 y 104 a. C. Hircano amplió el territorio de Judea y conquistó Samaria. También sometió Idumea y obligó a sus habitantes a aceptar la circuncisión y la incorporación a las instituciones religiosas judías. Estas medidas ampliaron el reino, pero introdujeron tensiones duraderas entre la identidad religiosa, la expansión territorial y la coerción política.3

Aristóbulo I y Alejandro Janeo

Aristóbulo I, hijo de Juan Hircano, fue el primer gobernante asmoneo que adoptó formalmente el título de rey. Su reinado duró poco, aproximadamente entre 104 y 103 a. C.

Le sucedió su hermano Alejandro Janeo, cuyo nombre hebreo era Jonatán. Reinó entre 103 y 76 a. C. Amplió considerablemente el territorio, pero mantuvo una relación conflictiva con los fariseos. La oposición interna desembocó en una guerra civil y en una represión violenta. La monarquía asmonea empezó a alejarse de los ideales religiosos que habían impulsado la revuelta original.2

Alejandra Salomé y la crisis sucesoria

Tras la muerte de Alejandro Janeo, su esposa Alejandra Salomé gobernó entre 76 y 67 a. C. Durante su reinado, el sumo sacerdocio correspondió a su hijo Juan Hircano II, mientras que el poder político permaneció en manos de la reina.

A la muerte de Alejandra, sus hijos Hircano II y Aristóbulo II disputaron el trono. Hircano contaba con el apoyo de los fariseos; Aristóbulo, con el de los saduceos. La guerra civil llevó a ambos hermanos a solicitar la intervención de Roma.

En el año 63 a. C., el general romano Pompeyo Magno tomó Jerusalén. Roma reconoció a Hircano II como sumo sacerdote y gobernante subordinado, pero puso fin a la independencia efectiva de Judea. La conquista romana abrió una nueva etapa histórica.6

La decadencia asmonea

La dinastía asmonea alcanzó grandes éxitos territoriales y proporcionó a Judea un período de independencia, pero también padeció una progresiva degeneración política y religiosa. Entre los factores de su debilitamiento destacaron:

  • La concentración del poder en una monarquía hereditaria.
  • La unión del poder real y del sumo sacerdocio, que favoreció luchas por el control del Templo.
  • Las guerras civiles entre miembros de la familia gobernante.
  • La rivalidad entre fariseos y saduceos.
  • La expansión territorial mediante conversiones forzosas, especialmente en Idumea.
  • La dependencia de alianzas extranjeras, primero con Roma y luego con sus representantes.
  • La adopción de prácticas políticas helenísticas por algunos gobernantes asmoneos.

La disputa entre Hircano II y Aristóbulo II permitió a Roma presentarse como árbitro y después convertirse en potencia ocupante. La crisis interna de la dinastía asmonea facilitó la pérdida de la independencia que la rebelión había conquistado.

El último miembro asmoneo que ocupó el trono fue Antígono II Matatías, hijo de Aristóbulo II. Con ayuda de los partos logró reinar brevemente, pero Herodes el Grande, apoyado por Roma, lo derrotó y lo hizo ejecutar en el año 37 a. C. Con Antígono terminó el gobierno asmoneo. Herodes ordenó también la eliminación de varios miembros de la familia asmonea para consolidar su poder.2

Los libros de los Macabeos

Primer libro de los Macabeos

1 Macabeos presenta la historia de la revuelta desde sus antecedentes bajo Antíoco IV hasta los primeros años de Juan Hircano I. El relato posee un marcado carácter histórico y político. Describe las campañas militares, las alianzas, las disputas dinásticas del Imperio seléucida y la formación del poder asmoneo.

El libro muestra la fidelidad a la Ley como fundamento de la identidad de Israel, pero también narra con realismo las decisiones militares y diplomáticas de los líderes macabeos. Judas aparece como un jefe carismático; Jonatán, como un hábil diplomático; y Simón, como el fundador de la independencia institucionalizada.

Segundo libro de los Macabeos

2 Macabeos no continúa toda la narración de 1 Macabeos, sino que ofrece una presentación teológica de acontecimientos anteriores, desde el pontificado de Onías III hasta la muerte de Judas Macabeo. Su centro narrativo no reside tanto en la construcción de un Estado como en la fidelidad al Templo, la purificación del culto, el martirio y la esperanza en la resurrección.

El libro presenta a Judas como defensor del santuario y de la alianza. También relata el martirio de Eleazar y de los siete hermanos con su madre, que prefirieron morir antes que consumir carne de cerdo y transgredir la Ley.2

La teología de la resurrección de los muertos

Una revelación progresiva

La fe bíblica en la resurrección aparece de forma progresiva en la historia de Israel. En épocas anteriores, la esperanza de los muertos se expresaba de manera más oscura mediante la imagen del sheol. En Daniel y, de manera especialmente explícita, en 2 Macabeos 7, aparece la convicción de que Dios devolverá la vida corporal a quienes hayan permanecido fieles.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que Dios reveló progresivamente la resurrección de los muertos. La esperanza en la resurrección corporal brota de la fe en Dios como creador del ser humano entero, alma y cuerpo, y como Dios fiel a su alianza.7

El testimonio de los siete hermanos

El relato de 2 Macabeos 7 vincula el martirio con la esperanza en la acción creadora de Dios. El segundo de los hermanos declara que el Rey del universo los resucitará para una vida nueva porque mueren por sus leyes. Otro afirma que prefiere morir a manos de los hombres con la esperanza de recibir de Dios la restauración de la vida.

Esta esperanza no equivale todavía a la formulación completa de la doctrina cristiana sobre la resurrección de la carne, que alcanzará su plenitud en la resurrección de Jesucristo. Sin embargo, constituye un testimonio decisivo de la maduración de la fe de Israel en la victoria de Dios sobre la muerte.

La madre de los siete hermanos sostiene esta confesión mediante una teología de la creación: Dios, que creó al ser humano de la nada, posee también el poder de devolverle la vida. El martirio adquiere así una dimensión escatológica: la fidelidad aparentemente derrotada en la historia recibirá de Dios una reparación definitiva.

Oración por los difuntos

2 Macabeos 12 relata que Judas Macabeo ordenó recoger dinero y enviarlo a Jerusalén como sacrificio expiatorio por los soldados muertos. El autor considera buena y piadosa la acción de orar por los difuntos, porque espera la resurrección y la purificación de quienes han muerto.

Esta enseñanza forma parte de la revelación bíblica recibida por la Iglesia y guarda relación con la doctrina católica sobre la oración por los difuntos. La Iglesia Católica no reproduce sin más las prácticas cultuales del judaísmo antiguo ni convierte la fiesta de Janucá en una celebración católica. A la vez, reconoce en 2 Macabeos 12 un fundamento bíblico para la esperanza de que la oración pueda beneficiar a los muertos y para la doctrina posterior de la purificación después de la muerte.

Recepción cristiana

La Iglesia Católica considera 1 y 2 Macabeos libros deuterocanónicos. La tradición católica ha visto en los mártires macabeos ejemplos de fidelidad a Dios y testimonios de la esperanza en la resurrección.

El papa san Juan Pablo II relacionó la doctrina de la resurrección con la evolución de la esperanza bíblica y presentó a los siete hermanos y a su madre como testigos de la fidelidad al Dios de la alianza en medio de la persecución. También afirmó que la esperanza de ser resucitados por Dios constituye un punto fundamental de la doctrina cristiana.8

La Iglesia interpreta la esperanza de 2 Macabeos a la luz de Cristo. La resurrección de los mártires macabeos pertenece a la esperanza de Israel; la Resurrección de Jesucristo constituye, para la fe cristiana, el acontecimiento definitivo que funda la resurrección universal y la vida eterna.

Sentido religioso de la revuelta

La revuelta Macabea no fue únicamente una guerra nacional contra una potencia extranjera. Nació de la defensa de una forma concreta de vida religiosa: el culto al Dios de Israel, la observancia de la Ley, la santidad del Templo y la pertenencia a la alianza.

La resistencia de los mártires muestra que la fidelidad a Dios podía exigir el sacrificio de la vida. Al mismo tiempo, los libros de los Macabeos distinguen entre el martirio sufrido por fidelidad y la lucha armada emprendida para impedir la destrucción del pueblo. La narración refleja las circunstancias concretas del judaísmo del siglo II a. C. y no ofrece una autorización general para identificar toda guerra religiosa con la voluntad de Dios.

La lectura católica debe evitar dos anacronismos:

  • La revuelta no fue una guerra dirigida por la Iglesia, que todavía no existía históricamente como comunidad fundada por Cristo y animada por el Espíritu Santo.
  • Las prácticas del culto judío del Templo, la circuncisión, los sacrificios y la fiesta de la Dedicación pertenecen a la historia religiosa de Israel y no son prácticas litúrgicas católicas.

La Iglesia venera el testimonio de los mártires macabeos porque reconoce en ellos una fidelidad auténtica al Dios de la alianza y una esperanza que prepara la revelación cristiana de la resurrección.

Importancia histórica

La revuelta Macabea produjo consecuencias decisivas:

  • Restableció temporalmente el culto judío en el Templo de Jerusalén.
  • Frenó la imposición de la helenización religiosa de Judea.
  • Permitió la recuperación de una independencia política que duró aproximadamente un siglo.
  • Originó la dinastía asmonea.
  • Favoreció el desarrollo de corrientes religiosas como los fariseos y los saduceos.
  • Contribuyó a la elaboración de una teología más explícita del martirio, la resurrección y la justicia divina.
  • Preparó el contexto político y religioso en el que Judea entró después bajo dominio romano.

La historia asmonea también explica una paradoja: la familia que había combatido para defender la pureza de la alianza acabó adoptando formas de monarquía, diplomacia y expansión territorial que generaron graves conflictos internos. La intervención romana no fue simplemente una consecuencia de la fuerza militar de Roma, sino también del debilitamiento provocado por las divisiones de la sociedad y de la casa gobernante.

Cronología esencial

FechaAcontecimiento
223-187 a. C.Reinado de Antíoco III el Grande.
187-175 a. C.Reinado de Seleuco IV Filopátor.
175 a. C.Antíoco IV Epífanes ocupa el trono seléucida.
174 a. C.Jasón obtiene el sumo sacerdocio y promueve la helenización de Jerusalén.
172-171 a. C.Menelao sustituye a Jasón como sumo sacerdote.
168 a. C.Antíoco IV profana Jerusalén y el Templo después de su conflicto con Egipto y Roma.
167 a. C.Matatías inicia la revuelta en Modín.
166-165 a. C.Judas Macabeo asume el mando y vence a varias fuerzas seléucidas.
164 a. C.Judas recupera Jerusalén y purifica el Templo; comienza la tradición de Janucá.
164 a. C.Muere Antíoco IV Epífanes; le sucede Antíoco V Eupátor.
162 a. C.Demetrio I Sóter ocupa el trono seléucida.
160 a. C.Judas Macabeo muere en combate.
160-143 a. C.Jonatán dirige la resistencia y obtiene el sumo sacerdocio.
143-135 a. C.Simón gobierna Judea y consolida la independencia.
141 a. C.Simón ocupa la ciudadela de Acra y recibe reconocimiento hereditario.
135-104 a. C.Reinado de Juan Hircano I.
104-103 a. C.Reinado de Aristóbulo I.
103-76 a. C.Reinado de Alejandro Janeo.
76-67 a. C.Reinado de Alejandra Salomé.
67-63 a. C.Guerra civil entre Hircano II y Aristóbulo II.
63 a. C.Pompeyo conquista Jerusalén y somete Judea a Roma.
37 a. C.Herodes derrota y ejecuta a Antígono II Matatías; termina el gobierno asmoneo.

Valoración final

La revuelta Macabea constituye uno de los episodios fundamentales de la historia del judaísmo del Segundo Templo. La persecución de Antíoco IV Epífanes, la fidelidad de Matatías y sus hijos, el papel inicial de los jasideos, la purificación del Templo y el testimonio de los mártires configuraron una memoria religiosa de enorme importancia.

Para la tradición católica, los Macabeos testimonian la fuerza de la fe ante la persecución y la aparición explícita de la esperanza en la resurrección corporal. Su historia pertenece al Israel anterior a Cristo, pero prepara algunos temas que alcanzarán su plenitud en el Evangelio: la fidelidad a Dios, el valor del martirio, la justicia divina y la victoria definitiva sobre la muerte. La posterior decadencia de la dinastía asmonea recuerda, al mismo tiempo, que la independencia política no garantiza por sí misma la fidelidad religiosa ni la justicia del gobierno.

Citas y referencias

  1. Seleúcidas. Enciclopedia Católica, Seleúcidas (1913). 2 3
  2. Los macabeos. Enciclopedia Católica, Los macabeos (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  3. Historia de los judíos. Enciclopedia Católica, Historia de los judíos (1913). 2 3
  4. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, 1 Macabeos 2 (1993). 2 3
  5. Assídeos. Enciclopedia Católica, Assídeos (1913).
  6. Israelitas. Enciclopedia Católica, Israelitas (1913).
  7. Capítulo III, creo en el Espíritu Santo. Catecismo de la Iglesia Católica, 992 (1992).
  8. Papa Juan Pablo II. 11 de noviembre de 2001: Visita pastoral a la Parroquia Romana de la Virgen María, Madre de Dios - Homilía, 2 (2001).
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