El dominio seléucida en Judea
Tras la muerte de Alejandro Magno, su imperio se dividió entre sus generales. La provincia de Siria, que incluía Judea, quedó bajo el control de la dinastía seléucida, cuyo rey Alejandro IV Epífanes intentó imponer la cultura helenística y los sacrificios paganos sobre el pueblo judío1. La presencia de una guarnición militar en Jerusalén y la imposición de impuestos excesivos consolidaron el dominio extranjero.
Crisis religiosa y social
El edicto que ordenó colocar un altar de sacrificios helenísticos dentro del Templo y prohibió el culto al Dios de Israel provocó una profunda crisis espiritual. Los judíos, guiados por la Ley mosaica, se vieron obligados a elegir entre la obediencia al imperio y la preservación de su identidad religiosa2.

