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La samaritana

La samaritana es la mujer anónima que aparece en el Evangelio según san Juan en el relato del encuentro con Jesús junto al pozo de Jacob. Su diálogo con Cristo aborda el don del agua viva, el culto a Dios y la identidad mesiánica de Jesús; después, ella anuncia el encuentro a sus conciudadanos, muchos de los cuales llegan a creer en él.1,2

Gesù e la Samaritana al pozzo
Ver información de la imagenJesús y la samaritana en el pozo. [1], Giacomo Franceschini, Dominio público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreLa samaritana
CategoríaPersona
DescripciónMujer anónima que aparece en el Evangelio según san Juan en el relato del encuentro con Jesús junto al pozo de Jacob
ReferenciasEvangelio según san Juan, Jn 4
ContenidoDiálogo con Jesús sobre el agua viva, el culto a Dios y la identidad mesiánica; anuncio del encuentro a sus conciudadanos.
LugarPozo de Jacob, cerca de Sicar
Personas RelacionadasJesucristo
TipoFigura bíblica, Personaje del Nuevo Testamento

Tabla de contenido

Relato evangélico

El episodio figura en el cuarto capítulo del Evangelio según san Juan (Jn 4, 1-42). Jesús viaja de Judea a Galilea y atraviesa Samaría. Cansado del camino, se sienta junto al pozo de Jacob, cerca de Sicar, hacia el mediodía. Cuando una mujer samaritana acude a sacar agua, Jesús le pide de beber.1

La petición sorprende a la mujer: Jesús es judío y ella samaritana, y además él inicia una conversación con una mujer. La distancia entre ambos no es solo personal: judíos y samaritanos mantenían relaciones difíciles y no compartían con normalidad sus utensilios. Jesús responde a su extrañeza hablándole del «agua viva», un don que él puede ofrecer y que conduce a la vida eterna.1,3

El diálogo avanza mediante preguntas y respuestas. Al principio, la mujer interpreta las palabras de Jesús en sentido material y observa que él carece de cubo para sacar agua del pozo. Jesús contrapone el agua ordinaria, que no elimina definitivamente la sed, con el agua que él da, convertida en quien la recibe en un manantial que brota para la vida eterna.1

El agua viva

La expresión agua viva articula la primera parte de la conversación. El relato pasa de la sed física de Jesús y de la mujer a una realidad espiritual: el don de Dios que Jesús ofrece. La imagen evoca la acción vivificadora de Dios y, en la tradición cristiana, se relaciona con el Espíritu Santo.1,4,3

La mujer pide esa agua, aunque todavía entiende sus palabras desde la necesidad de no volver al pozo. Jesús cambia entonces el rumbo de la conversación y le pide que llame a su marido. Ella responde que no tiene marido; Jesús reconoce la verdad de su respuesta y revela que ha tenido cinco maridos y que el hombre con quien vive no es su marido. El relato no ofrece información suficiente para determinar las circunstancias de esas relaciones ni atribuye expresamente a la mujer una culpa concreta.1,5

El culto a Dios y la revelación de Jesús

Tras reconocer en Jesús a un profeta, la mujer plantea una cuestión religiosa que enfrentaba a samaritanos y judíos: dónde debía rendirse culto a Dios, en el monte de Samaría o en Jerusalén. Jesús responde que llega la hora en que los verdaderos adoradores darán culto al Padre «en espíritu y en verdad». No presenta la cuestión como una simple elección entre dos santuarios: dirige la conversación hacia una relación con Dios fundada en el Espíritu y en la verdad.1

Jesús también declara que «la salvación viene de los judíos» y anuncia una nueva hora de culto. Cuando la mujer menciona la esperanza en el Mesías, él se da a conocer como aquel que habla con ella. En el relato, esta revelación conduce a la samaritana desde la curiosidad inicial hasta el reconocimiento de la autoridad y la identidad de Jesús.1,2

La samaritana como testigo

Al regresar a la ciudad, la mujer deja allí su cántaro y cuenta a sus habitantes lo sucedido. Los invita a conocer a Jesús con una pregunta abierta, basada en que él conoce su vida. Muchos samaritanos acuden a él y creen primero por el testimonio de ella; después, tras escuchar personalmente a Jesús, reconocen en él al «Salvador del mundo».1

El cántaro abandonado acompaña narrativamente el paso de la mujer desde la tarea cotidiana de buscar agua hasta la misión de comunicar su encuentro. El Evangelio no la presenta como una discípula con nombre propio, pero sí como una testigo cuya palabra impulsa a otros a acercarse a Jesús.1,6

Interpretación cristiana

La tradición cristiana ha leído el episodio como una manifestación de la iniciativa de Jesús: él comienza la conversación, atraviesa una frontera religiosa y ofrece a la mujer un don que supera sus expectativas. El diálogo muestra también un proceso de comprensión gradual, desde el agua del pozo hasta el agua viva, desde la identificación de Jesús como profeta hasta su revelación mesiánica.1,6

Algunos intérpretes han relacionado los cinco maridos con la historia religiosa de Samaría y con la presencia de cultos diversos en la región. Esa lectura simbólica no equivale a una explicación explícita del Evangelio: Juan presenta directamente la historia personal de la mujer, pero no explica que los maridos representen a pueblos o divinidades.1,7

El relato concluye con la estancia de Jesús durante dos días en Sicar y con la fe de numerosos samaritanos. Así, la samaritana ocupa un lugar decisivo en una narración que une la revelación de Jesús, el culto al Padre y la expansión de la fe más allá de las divisiones entre judíos y samaritanos.1,8

Citas y referencias

  1. Juan 4, La Santa Biblia: Nueva Versión Revisada, Edición Católica (NRSV-CE), Juan 4 (1993). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Antonio García Moreno, Adorar al Padre en espíritu y verdad, 1 (1991). 2
  3. Antonio García Moreno, Adorar al Padre en espíritu y verdad, 6 (1991). 2
  4. Antonio García Moreno, Adorar al Padre en espíritu y verdad, 2 (1991).
  5. Antonio García Moreno, Adorar al Padre en espíritu y verdad, 8 (1991).
  6. Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, Jesucristo, portador del agua de la vida: Una reflexión cristiana sobre la «Nueva Era», 5 (2003). 2
  7. Antonio García Moreno, Adorar al Padre en espíritu y verdad, 9 (1991).
  8. Antonio García Moreno, Adorar al Padre en espíritu y verdad, 10 (1991).
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