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Cruz

La sanación de los cinco sentidos

La sanación de los cinco sentidos representa en la tradición católica un proceso espiritual profundo mediante el cual el ser humano, creado como ser corporal e incorpóreo, purifica sus facultades sensibles para elevarse hacia la unión con Dios. Inspirado en la antropología cristiana, este concepto abarca desde la visión patrística de San Agustín, que compara los sentidos con «cinco maridos» que dominan la infancia espiritual, hasta la doctrina mística de San Juan de la Cruz sobre la noche oscura de los sentidos. En el encuentro con Cristo, los sentidos —vista, oído, olfato, gusto y tacto— se involucran activamente, como se ve en los Evangelios, y encuentran plenitud en los sacramentos de sanación. Este artículo explora su fundamento bíblico, desarrollo histórico, rol litúrgico y aplicaciones en la vida cristiana contemporánea, destacando cómo la purificación sensible prepara el alma para la contemplación divina.1,2,3

Tabla de contenido

Fundamento teológico de los sentidos en la antropología cristiana

En la visión católica, el hombre es un ser unitario, compuesto de alma y cuerpo, donde los cinco sentidos actúan como puertas de entrada al mundo y a Dios. San Agustín explica que en la etapa inicial de la vida espiritual, el alma se rige por los sentidos del cuerpo —vista, oído, olfato, gusto y tacto—, similares a «cinco maridos» que la gobiernan legítimamente, pues son dones divinos para navegar la realidad temporal.1

Para cuando uno nace, antes de que pueda hacer uso de la mente y la razón, solo se rige por los sentidos de la carne. En un niño pequeño, el alma busca o rehúye lo que oye, ve, huele, saborea y percibe por el tacto.1

Esta dominación sensitiva es necesaria para la supervivencia, pero debe subordinarse a la razón iluminada por la sabiduría, evitando que los sentidos se conviertan en ídolos. La sanación de los sentidos implica su purificación, transformándolos de meros instrumentos carnales en vías de encuentro con lo divino. Santo Tomás de Aquino, citado en fuentes posteriores, enfatiza que todos los sentidos participan en la relación con Cristo: ver su gloria, oír su sabiduría, oler su mansedumbre, gustar su misericordia y tocar su carne.3

La teología sacramental refuerza esta idea, pues Dios utiliza signos sensibles para comunicar su gracia, como en los milagros de Jesús, donde el tacto y la saliva restauran la vista o el oído.4

Los sentidos en la relación con Jesucristo

El centro de la historia de la salvación es Jesucristo, quien involucra todos los sentidos en su interacción con la humanidad. Los Evangelios relatan cómo la gente oye su predicación, ve sus milagros, toca su manto para sanar, y experimenta su presencia física.2

Por ejemplo, la mujer con flujo de sangre toca el borde de su vestido y queda curada por fe, mientras Jesús percibe el poder que sale de él.2 En la curación del ciego de Betsaida, Jesús usa saliva y tacto para restaurar progresivamente la visión: primero ve «hombres como árboles que caminan», luego todo con claridad.2,4

Todos los sentidos están implicados en la relación con él. Es evidente que predica al pueblo, y el sentido del oído interviene; pero también se busca tocarlo, y él mismo toca a los enfermos.2

Esta dimensión sensible culmina en la Encarnación: el Verbo se hace carne tangible, audible y visible, permitiendo que los apóstoles proclamen: «Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos» (1 Jn 1,1).3 La sanación sensitiva no es solo física, sino que prepara para la comunión espiritual.

La purificación de los sentidos en la tradición mística

San Agustín y el dominio de la razón

San Agustín marca el inicio de la reflexión sobre la sanación sensitiva al describir cómo, tras la infancia regida por los sentidos, la inteligencia, impregnada de sabiduría, asume el control. Los sentidos dejan de ser tiranos para convertirse en aliados: ya no solo evitan peligros o buscan placeres, sino que se ordenan al bien eterno.1

Esta transición es una sanación progresiva, donde el alma madura, discerniendo lo temporal de lo eterno.

San Juan de la Cruz y la noche oscura de los sentidos

San Juan de la Cruz desarrolla este tema en su obra Noche oscura del alma, distinguiendo la noche pasiva de los sentidos —común a muchos— de la noche del espíritu. La primera purga las afecciones sensitivas mediante aridez y sequedad espiritual, extinguiendo deseos desordenados y preparando para la contemplación infusa.5,6

La noche de los sentidos es una corrección y restricción del deseo más que una purga, pues las imperfecciones sensuales arraigan en el espíritu.6

En esta fase, el alma experimenta vacío en las facultades, pero cultiva una «atención amorosa y pacífica hacia Dios», que enciende gradualmente el amor divino.7 Beneficios incluyen libertad espiritual, obtención de los frutos del Espíritu Santo y victoria sobre el demonio, el mundo y la carne.8 Posteriormente, la casa sensual reposa, permitiendo el avance al camino de iluminación.9

Esta purificación es «amarga y terrible», pero esencial para la unión transformante.5

Rol de los sentidos en la liturgia y los sacramentos de sanación

La Iglesia, como cuerpo de Cristo, emplea los sentidos en la liturgia para sanar al hombre íntegro. Los sacramentos de sanación —Penitencia y Unción de los Enfermos— restauran cuerpo y alma, evocando los gestos de Jesús: imposición de manos, óleo y palabras.10,4

En la Unción, se pide a Dios que sane «en cuerpo, alma y espíritu», liberando de tristeza y debilidad.11 La liturgia transforma los sentidos: el olor del incienso eleva el olfato, el gusto del pan y vino en la Eucaristía nutre el paladar, el tacto del agua bautismal purifica.12

Jesús continúa «tocándonos» en los sacramentos para sanarnos.4

La Iglesia distingue sanación divina (carismas) de natural (medicina), integrando ambas sin rechazar los medios humanos.13,14

Perspectivas contemporáneas y aplicaciones prácticas

En la era digital, donde la comunicación virtual limita a vista y oído, se redescubre la importancia de los sentidos «de ambiente» —tacto, olfato, gusto— para la comunión plena.15 Autores como Charles Morerod advierten contra reducir la fe a lo audible, promoviendo una espiritualidad encarnada.2,16

Hoy, la sanación de los sentidos implica disciplinarlos ante el materialismo sensual: ayuno visual (medios), silencio auditivo, sobriedad gustativa. En la oración, se invita a «gustar y ver que el Señor es bueno» (Sal 34,9).3

La mística de San Juan de la Cruz ofrece un itinerario: acoger la aridez como purificación, cultivando paz interior.17

Conclusión

La sanación de los cinco sentidos es un camino de conversión integral, desde su uso inicial hasta su sublimación en Dios. Purificados por Cristo y la Iglesia, los sentidos dejan de ser obstáculos para convertirse en puentes a la eternidad, cumpliendo la promesa de la resurrección corporal. Esta doctrina invita a los fieles a una vida litúrgica y mística plena, ordenando lo sensible a lo espiritual.

Citas

  1. Agustín de Hipona. Tratado 15 Juan 4:1-42, § 21. 2 3 4

  2. Los sentidos como involucrados en la relación con Jesús, Charles Morerod. Los sentidos en la relación del hombre con Dios, § 7 (2007). 2 3 4 5 6

  3. Charles Morerod. Los sentidos en la relación del hombre con Dios, § 11 (2007). 2 3 4

  4. Sección dos los siete sacramentos de la Iglesia, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1504 (1992). 2 3 4

  5. Introducción, Juan de Yepes y Álvarez (San Juan de la Cruz). La noche oscura del alma, § Introducción. 2

  6. Capítulo III - Anotación de lo que sigue, Juan de Yepes y Álvarez (San Juan de la Cruz). La noche oscura del alma, §Libro II, Capítulo III.1. 2

  7. Capítulo XI - Donde se exponen las tres líneas de la estrofa, Juan de Yepes y Álvarez (San Juan de la Cruz). La noche oscura del alma, §Libro I, Capítulo XI.2.

  8. Capítulo XIII - De otros beneficios que esta noche de sentido produce en el alma, Juan de Yepes y Álvarez (San Juan de la Cruz). La noche oscura del alma, §Libro I, Capítulo XIII.11.

  9. Capítulo XIV - Expone esta última línea de la primera estrofa, Juan de Yepes y Álvarez (San Juan de la Cruz). La noche oscura del alma, §Libro I, Capítulo XIV.1.

  10. Sección dos los siete sacramentos de la Iglesia, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1421 (1992).

  11. I. Aspectos doctrinales - 4. Oraciones para obtener sanación de Dios en la tradición de la Iglesia, Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre oraciones de sanación, § 2000 (2000).

  12. Geoffrey Wainwright. Un remedio para el relativismo: las dimensiones cósmica, histórica y escatológica de la liturgia según el teólogo Joseph Ratzinger, § 16 (2007).

  13. Directrices para evaluar el reiki como terapia alternativa - I. Sanación por gracia divina y sanación por poderes naturales, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Directrices para evaluar el reiki como terapia alternativa, § 3.

  14. Directrices para evaluar el reiki como terapia alternativa - I. Sanación por gracia divina y sanación por poderes naturales, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Directrices para evaluar el reiki como terapia alternativa, § 2.

  15. II - El cuerpo: Espacio fundamental para la comunicación personal, José Granados. La pandemia: una lectura sacramental, §Communio: International Catholic Review, vol. 47, no 3 (otoño 2020).

  16. Conclusión: ¿Por qué Dios recurre a medios sensibles? , Charles Morerod. Los sentidos en la relación del hombre con Dios, § 26 (2007).

  17. Capítulo VIII - Donde se expone la primera línea de la primera estrofa, y se inicia la explicación de esta noche oscura, Juan de Yepes y Álvarez (San Juan de la Cruz). La noche oscura del alma, §Libro I, Capítulo VIII.4.