La Pascua judía y el ambiente del último banquete
La Última Cena tuvo lugar dentro de la celebración de la Pascua judía, la se’udat ha‑Matzot, que conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto1. En aquel banquete se consumía el cordero pascual, se bebía vino y se comía pan sin levadura, símbolos de la prisa con que los israelitas abandonaron Egipto y del sacrificio que los libró del azote divino1. Jesús utilizó ese marco para ofrecer una nueva alianza, transformando el rito tradicional en la anticipación de su propio sacrificio.
Los relatos evangélicos
Los cuatro Evangelios describen con ligeras variaciones el mismo acto:
Mateo, Marcos y Lucas relatan que Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y, entregándolo, dijo: «Esto es mi cuerpo»; luego tomó el cáliz, dio gracias y añadió: «Esta es mi sangre del nuevo pacto»2.
Juan enfatiza el gesto del lavado de pies, subrayando el servicio humilde que precede a la institución del sacramento3.
En todas las narraciones se destaca el mandato de «Haced esto en memoria de mí»2, que la Iglesia ha conservado como fórmula central de la Misa.

