Después del pecado de Adán y Eva, Dios dirige estas palabras a la serpiente:
«Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te herirá en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón».1
La serpiente representa aquí al poder del mal y, en la interpretación cristiana, a Satanás. La herida en la cabeza expresa una derrota decisiva, mientras que la herida en el talón alude a un daño real, pero no definitivo. La tradición cristiana contempla en este anuncio la primera promesa de la redención futura.
El pasaje no menciona explícitamente el nombre de María. En su sentido inmediato, presenta la enemistad entre la serpiente y la mujer, así como entre sus respectivos descendientes. La interpretación cristiana reconoce en la descendencia de la mujer a Jesucristo, vencedor del pecado y de Satanás. María aparece como la mujer asociada de modo único a esa victoria porque de ella nació el Salvador.

