El saludo del arcángel Gabriel
El Evangelio según san Lucas narra que el arcángel Gabriel entró en la casa de María y la saludó con estas palabras: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28).1
La expresión griega empleada por san Lucas es kecharitoménē. El término posee una riqueza teológica particular y admite diversas precisiones exegéticas. En su sentido fundamental, presenta a María como aquella que ha recibido la gracia de Dios de una manera singular y permanente, en preparación para su misión de Madre virginal del Mesías.2
La tradición latina tradujo la expresión griega mediante gratia plena, «llena de gracia». Esta traducción influyó profundamente en la liturgia, en la espiritualidad mariana y en la oración del avemaría.2
Gabriel no emplea inicialmente el nombre propio de María, sino que la designa mediante el título «llena de gracia». El apelativo revela que la gracia constituye una dimensión esencial de su identidad y de su misión dentro del designio divino.3
Relación con la bendición mesiánica
El saludo del ángel guarda relación con las bendiciones espirituales que Dios concede a la humanidad por medio de Jesucristo. María recibe esa bendición de una forma especial y excepcional, como manifiesta también el saludo de Isabel: «Bendita tú entre las mujeres» (Lc 1,42).3
La Iglesia contempla así una doble bendición: Jesucristo es el Bendito por naturaleza, porque es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, mientras que María es bendita por gracia, porque Dios la colma de dones en orden a la encarnación del Verbo.4

