El nombre oficial de la advocación es Nuestra Señora de Montserrat. El apelativo popular Moreneta, diminutivo catalán de morena, alude al tono oscuro de la piel visible de la Virgen y del Niño.
La denominación no pretende describir una procedencia étnica de María. El color actual de la imagen responde principalmente a la antigüedad de la madera, a los tratamientos aplicados a lo largo de los siglos, a la acción del humo y de las velas, y a la evolución de la policromía. La tradición devota convirtió ese rasgo artístico en una expresión afectuosa de cercanía: la Moreneta es, para numerosos fieles, la Madre venerada en la montaña de Montserrat.
La Iglesia distingue entre la veneración de una imagen y la adoración debida únicamente a Dios. La imagen dirige la memoria y la oración hacia la persona representada. En el caso de la Virgen, la devoción cristiana alcanza su sentido pleno cuando conduce a Jesucristo, su Hijo. El papa Pío XII expresó esta finalidad al afirmar que la imagen de la Moreneta debía servir «para llevar muchas almas a su Hijo».1



