La distinción entre series causales accidentales y series causales esenciales resulta decisiva para comprender las vías, especialmente la primera, la segunda y la tercera.
Series causales accidentales
Una serie causal accidental está formada por causas que se suceden en el tiempo, pero en la que cada miembro no necesita recibir aquí y ahora su poder causal de todos los anteriores. Un ejemplo clásico es la sucesión de generaciones humanas: un padre engendra un hijo, el hijo puede engendrar a su vez otro hijo y así sucesivamente. La actividad generativa de un antepasado deja de actuar cuando desaparece, mientras el descendiente puede continuar la serie con sus propias capacidades.
Otro ejemplo aparece en una casa construida mediante muchas herramientas utilizadas sucesivamente. El carpintero puede emplear una sierra, sustituirla después por otra y utilizar finalmente un instrumento diferente. El hecho de que hayan existido muchas sierras no constituye una cadena de dependencia actual entre todas ellas. Cada herramienta cumple su función en un momento determinado, pero la herramienta posterior no recibe su poder de la anterior. Tomás considera accidental esta multiplicidad respecto del efecto final.
Tomás admite que una serie accidental podría, desde el punto de vista filosófico, prolongarse indefinidamente sin que ello destruya necesariamente la causalidad del efecto presente. En su comentario a las Sentencias, explica que una sucesión infinita de causas subordinadas accidentalmente no resulta imposible por el mismo motivo que una serie infinita de causas esenciales.
Series causales esenciales
Una serie causal esencial está formada por causas ordenadas de tal modo que cada miembro depende actualmente de otro para ejercer su causalidad. El ejemplo tradicional de Tomás describe una cadena en la que el alma mueve el calor natural, el calor mueve los nervios y los músculos, estos mueven la mano, la mano mueve un bastón y el bastón mueve una piedra. Cada causa intermedia actúa en virtud de una causalidad recibida de un miembro anterior.
En una serie de este tipo, los miembros intermedios no poseen de manera independiente el poder causal que ejercen. Actúan como instrumentos de una causa superior. Si no existiera una causa primera que comunicase la causalidad, tampoco podrían actuar las causas posteriores.
La comparación del bastón y la mano expresa esta idea: el bastón mueve la piedra, pero solo porque recibe el movimiento de la mano. Si se eliminase toda causa primera en el orden actual de la causalidad, no quedaría ninguna causa instrumental capaz de producir el efecto. Tomás aplica esta estructura a la primera vía.
Por qué Tomás rechaza la regresión infinita esencial
Tomás no rechaza toda forma de infinitud ni sostiene que cada serie temporal deba poseer un primer miembro cronológico. En las Cuestiones disputadas sobre la verdad, distingue entre un infinito potencial, formado por una sucesión siempre prolongable, y un infinito actual, concebido como una totalidad infinita existente simultáneamente. También distingue entre una multitud esencialmente ordenada y una multitud accidental.
La regresión infinita resulta imposible en una serie esencial porque una dependencia actual no puede descansar sobre una totalidad de causas que carezca de fundamento. Si cada causa recibe su poder de otra y ninguna posee ese poder por sí misma, la serie entera queda privada de una causa que explique la causalidad efectiva de los miembros subordinados.
La cuestión no consiste en contar un número indefinido de causas, sino en preguntar de dónde procede aquí y ahora la capacidad causal de la serie. Una cadena infinita de causas instrumentales no produciría el efecto si careciese de una causa principal. Tomás compara esta situación con una herramienta que actuase sin artesano: la sierra y el hacha pueden trabajar como instrumentos, pero no realizan su operación sin el carpintero.