Estructura general
Mateo organiza su genealogía en tres grupos de catorce generaciones:
- desde Abraham hasta David;
- desde David hasta la deportación a Babilonia;
- desde la deportación hasta Cristo.
El propio evangelista ofrece esta división numérica al final de la lista.
La primera sección comienza con Abraham, Isaac, Jacob y Judá. Después atraviesa la genealogía de la tribu de Judá hasta David. La segunda parte sigue la línea real de David a través de Salomón y de los reyes de Judá, hasta la deportación a Babilonia. La tercera conduce desde Jeconías, después del exilio, hasta José y Jesús.
La Comisión Pontificia Bíblica interpreta esta estructura como una presentación de Jesucristo en cuanto convergencia de toda la historia de Israel. La división en tres ciclos de catorce generaciones vincula al Mesías con Abraham, David y el destierro babilónico, tres momentos decisivos de la historia bíblica.
Jesús, hijo de David e hijo de Abraham
Mateo comienza con dos títulos fundamentales: hijo de David e hijo de Abraham. Ambos poseen un significado teológico preciso.
La relación con Abraham presenta a Jesús como cumplimiento de las promesas hechas al patriarca y, mediante él, a Israel. La relación con David afirma su condición mesiánica y real, pues la esperanza de Israel esperaba un descendiente de David que recibiera una realeza estable.
San Agustín observa que la sucesión genealógica de Mateo permite llamar a Cristo «hijo de David» e «hijo de Abraham», aunque Abraham y David hubieran vivido muchos siglos antes de la encarnación. La genealogía expresa la pertenencia histórica del Mesías a la descendencia prometida.,
La organización simbólica en grupos de catorce
El número catorce probablemente relaciona la genealogía con el nombre de David mediante un procedimiento numérico propio de la tradición hebrea. Además, la repetición de tres grupos de catorce ofrece una estructura ordenada y fácilmente memorizable.
La estructura no pretende necesariamente registrar todos los eslabones biológicos existentes. La tradición exegética antigua ya reconocía que Mateo había omitido algunos nombres para lograr la organización en múltiplos de siete, número asociado a la plenitud y al cumplimiento. La genealogía de Mateo contiene así una selección teológica de antepasados, no una lista exhaustiva conforme a los criterios de un registro genealógico contemporáneo.
La omisión de nombres no invalida el propósito del Evangelio. Mateo no pretende demostrar que cada generación aparezca sin interrupción, sino proclamar que Jesús lleva a plenitud la historia de la alianza y de la realeza davídica.
Mujeres incluidas en la genealogía
Mateo menciona de forma explícita a varias mujeres:
- Tamar;
- Rajab;
- Rut;
- la mujer de Urías, identificada tradicionalmente con Betsabé;
- María.
Su inclusión resulta significativa porque las genealogías judías solían organizarse principalmente mediante los varones. Mateo introduce además mujeres vinculadas con situaciones extraordinarias, extranjeras o moralmente complejas. Tamar pertenecía a un episodio familiar irregular; Rajab y Rut no eran israelitas de nacimiento; Betsabé aparece en relación con el pecado de David; y María concibe a Jesús por obra del Espíritu Santo.
Esta composición manifiesta que la historia de la salvación avanza mediante la gracia de Dios, incluso a través de situaciones humanas inesperadas. También anticipa la apertura universal de la salvación y prepara el relato de la concepción virginal de Jesús.
La formulación sobre José y María
Mateo no dice que José engendrara a Jesús. Después de recorrer la línea que lleva hasta José, lo presenta como esposo de María, y atribuye a María el nacimiento de Jesús.
La precisión resulta esencial para la fe cristiana: Jesús es verdaderamente hijo de María según la carne, pero su concepción no procede de una generación humana ordinaria. El Evangelio mantiene simultáneamente dos afirmaciones: Jesús pertenece jurídicamente a la casa de David por José y nace de María por obra del Espíritu Santo.
La concepción virginal no elimina la importancia de José. En la cultura bíblica, la incorporación legal a una familia poseía auténtico valor social y jurídico. Al recibir a María y poner nombre al niño, José ejerce una función paterna legal que integra a Jesús en la descendencia davídica.