La dimensión espiritual y la del Reino
Según la Enciclopedia Católica, las bienaventuranzas revelan la «característica espiritual del Reino mesiánico» y contraponen la visión del mundo material con la del Reino de Dios. El «pobre en espíritu» reconoce su total dependencia de Dios, mientras que el «perseguido» anticipa la plenitud del Reino.
Comentario de los Padres de la Iglesia
San Agustín describe cada bienaventuranza como una etapa del crecimiento del alma: la pobreza interior, el lamento por el pecado, la mansedumbre, el deseo de justicia, la misericordia, la pureza de corazón, la paz interior y, finalmente, la persecución que confirma la fe,.
San Juan Pablo II enfatiza que la segunda parte de cada bienaventuranza indica la razón de la felicidad prometida, subrayando la consolación eterna y la herencia escatológica.
Exégesis patrística y escolástica
Tomás de Aquino vincula la «hambre y sed de justicia» con la virtud de la fortaleza y la «pureza de corazón» con la visión beatífica. Aquinio también señala que la misericordia combina justicia y compasión, y que la paz interior es condición indispensable para la visión de Dios.
Perspectiva del Magisterio contemporáneo
El Pontificio Comité Bíblico resume que las bienaventuranzas forman una síntesis de virtudes fundamentales: pobreza, aflicción, mansedumbre, deseo de justicia, misericordia, pureza, paz y perseverancia bajo persecución. Cada disposición se relaciona con una promesa futura que apunta al Reino de los cielos.