La versión de Marcos
Marcos presenta el episodio de manera concisa. Después del bautismo de Jesús en el Jordán, el Espíritu lo impulsa al desierto. Allí permanece cuarenta días, tentado por Satanás, entre las fieras y con la asistencia de los ángeles. Inmediatamente después, Jesús comienza a proclamar en Galilea la llegada del Reino de Dios.1
El relato de Marcos no especifica el contenido de las tentaciones ni reproduce ningún diálogo entre Jesús y Satanás. Su brevedad concentra la atención en tres elementos: la iniciativa del Espíritu Santo, la realidad del combate contra Satanás y la inmediata inauguración de la misión pública de Cristo.
La versión de Mateo
Mateo sitúa las tentaciones después del bautismo y del ayuno de cuarenta días y cuarenta noches. Cuando Jesús siente hambre, el diablo se acerca y formula sus propuestas.2
La primera tentación consiste en convertir las piedras en panes:
«Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes».2
Jesús responde con una cita del Deuteronomio: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». La respuesta no desprecia el alimento material, sino que proclama la primacía de la obediencia y de la confianza filial sobre la utilización egoísta del poder.
En la segunda tentación, el diablo lleva a Jesús a la ciudad santa y lo coloca en el alero del templo. Allí lo invita a arrojarse al vacío, apoyándose en una interpretación del salmo que promete la protección de los ángeles. Jesús responde: «No tentarás al Señor, tu Dios».2
La propuesta pretende convertir la confianza en Dios en una exigencia de espectáculo. Jesús no necesita obligar al Padre a realizar un prodigio para demostrar su identidad. La verdadera filiación no consiste en poner a Dios a prueba, sino en obedecerle incluso cuando el camino no ofrece seguridades visibles.
En la tercera tentación, Satanás lleva a Jesús a un monte muy alto y le muestra los reinos del mundo con su esplendor. Le ofrece dominio universal a cambio de adoración. Jesús rechaza la propuesta con las palabras: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto». Entonces el diablo lo deja, y los ángeles se acercan para servirle.2
La versión de Lucas
Lucas conserva las tres tentaciones, aunque altera su orden. Después de la tentación relacionada con el pan, presenta la oferta de los reinos del mundo y coloca al final la escena del templo en Jerusalén.3
La conclusión lucana añade que el diablo se apartó de Jesús «hasta un tiempo oportuno». Esta expresión relaciona el desierto con los combates posteriores de la misión de Cristo, especialmente con la pasión. La tentación no constituye un episodio aislado, sino el comienzo de una confrontación que atraviesa toda la obra redentora.



