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Leccionario ferial

El leccionario ferial es la ordenación de las lecturas bíblicas de la misa en los días laborables del año litúrgico. En el rito romano, su estructura permite recorrer numerosos libros de la Biblia mediante una lectura generalmente continuada y, durante el tiempo ordinario, organiza las primeras lecturas en dos ciclos anuales. Así, la liturgia ofrece a quienes participan en la misa entre semana una proclamación amplia y ordenada de la Palabra de Dios.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreLeccionario ferial
CategoríaTérmino
DescripciónOrdenación de las lecturas bíblicas para los días laborables del año litúrgico en el rito romano. Ordenación de las lecturas bíblicas de la misa en los días laborables del año litúrgico
ContenidoPasajes de la Sagrada Escritura destinados a la liturgia de la Palabra en las misas de lunes a sábado.
HistoriaLa organización actual responde a la renovación litúrgica posterior al Concilio Vaticano II.
TemaTiempo ordinario, Ciclo I, Ciclo II, Liturgia de la Palabra, Rito romano
TipoTérmino litúrgico
Uso LitúrgicoProclamación amplia y ordenada de la Palabra de Dios en las misas entre semana.

Tabla de contenido

Qué es el leccionario ferial

Un leccionario reúne los pasajes de la Sagrada Escritura -llamados también perícopas- destinados a la liturgia de la Palabra. El adjetivo ferial procede de feria, término litúrgico que designa un día de la semana que no es domingo ni una solemnidad o fiesta con celebración propia. En el uso corriente, el leccionario ferial comprende las lecturas asignadas a las misas de lunes a sábado.1

El leccionario ferial forma parte del Leccionario de la misa, que distribuye las lecturas de acuerdo con el calendario litúrgico. No debe confundirse con el ciclo de lecturas dominical, que cuenta con tres ciclos -A, B y C-, ni con el leccionario de la Liturgia de las Horas, propio de la oración oficial de la Iglesia.2,1

La organización ferial se distingue de la dominical. En los días ordinarios de la semana, la misa suele incluir una primera lectura, un salmo responsorial, una aclamación antes del Evangelio y el Evangelio. La primera lectura puede proceder del Antiguo Testamento o de un escrito apostólico; el orden alterna ambos grupos de libros según el tramo del año y la extensión de cada obra.3,2

Organización de las lecturas

Lectura continuada y lectura semicontinuada

El principio habitual del leccionario ferial consiste en leer de manera continuada un libro bíblico: la lectura empieza en un pasaje y prosigue en días sucesivos, con interrupciones cuando el calendario litúrgico requiere otras lecturas. La sucesión no pretende armonizar siempre la primera lectura con el Evangelio; ambas pueden seguir itinerarios distintos.3

En el tiempo ordinario, la disposición también puede describirse como semicontinuada. La liturgia recorre una parte extensa de determinados libros, aunque omite algunos pasajes y detiene la secuencia en ocasiones. Este método permite conservar un hilo reconocible sin exigir la lectura íntegra de cada libro durante la misa.4

El salmo responsorial sigue a la primera lectura y ofrece una respuesta orante relacionada, en muchos casos, con su contenido. La aclamación al Evangelio suele tomar un versículo del pasaje evangélico que viene a continuación y prepara su proclamación.3

Los ciclos I y II

El ciclo ferial tiene dos series anuales, llamadas ciclo I y ciclo II. La primera lectura cambia según el ciclo; el Evangelio, en cambio, mantiene la misma distribución en ambos. Por eso, la alternancia de años permite variar de manera apreciable las lecturas no evangélicas sin alterar el recorrido básico de los Evangelios durante el tiempo ordinario.2

La elección del ciclo depende del año litúrgico y de la fecha de inicio del tiempo de Cuaresma. El calendario litúrgico determina qué ciclo corresponde y cómo queda distribuido el número de semanas del tiempo ordinario. Por tanto, no conviene asignar el ciclo solo a partir del año civil: hay que consultar el calendario o el propio leccionario.5

El Evangelio en el tiempo ordinario

Durante las semanas del tiempo ordinario, el leccionario presenta sucesivamente los tres Evangelios sinópticos: Marcos en las semanas primera a novena, Mateo entre las semanas décima y vigesimoprimera, y Lucas entre las semanas vigesimosegunda y trigésima cuarta. La misma disposición evangélica rige en los ciclos I y II.2

La extensión menor del Evangelio de Marcos llevó a incorporar pasajes de Juan 6 después de la semana decimosexta del ciclo correspondiente. De este modo, la distribución aprovecha la lectura de Marcos sin dejar de proclamar una sección de particular importancia del cuarto Evangelio.2

El leccionario en los tiempos litúrgicos

El tiempo ordinario ofrece el ejemplo más claro de la estructura de dos ciclos feriales, pero el conjunto de lecturas de la misa no responde a un único esquema uniforme durante todo el año. Los tiempos litúrgicos tienen una fisonomía propia y distribuyen sus lecturas de acuerdo con su carácter celebrativo.2,4

En Adviento, la liturgia expresa dos aspectos de la venida del Señor: la espera de su manifestación al final de los tiempos y la preparación para celebrar su venida en la carne. El leccionario articula ambos aspectos, con una atención especial a la espera escatológica en las primeras semanas y a la preparación de la Navidad en las siguientes.6

En Cuaresma, las lecturas acompañan el camino de preparación pascual. En la primera semana, por ejemplo, la proclamación de la creación y la caída del ser humano, junto con el relato de las tentaciones de Jesús, permite contemplar el pecado y la victoria de Cristo. La lectura apostólica presenta una síntesis teológica de esa relación.6

En Pascua, la selección de lecturas se integra en la celebración de la resurrección y sus consecuencias para la vida de la Iglesia. El calendario también determina el paso entre los tiempos litúrgicos y el retorno al tiempo ordinario.5,6

Las solemnidades, fiestas y memorias pueden tener lecturas propias o lecturas tomadas de formularios comunes. Cuando una celebración litúrgica sustituye las lecturas feriales, la proclamación sigue el orden establecido para aquella celebración, no el curso ordinario que habría correspondido a ese día.

Relación entre la primera lectura y el Evangelio

La distribución ferial no busca que cada primera lectura anticipe o explique directamente el Evangelio. En el tiempo ordinario, la primera lectura sigue su propio recorrido por libros del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, mientras el Evangelio sigue una secuencia diferente. Esta disposición permite escuchar pasajes bíblicos en su contexto y apreciar la continuidad de cada libro.3,2

En otros contextos litúrgicos, la selección puede buscar una relación temática entre varias lecturas. Esa relación no siempre consiste en repetir el mismo asunto: puede apoyarse en una interpretación tipológica, es decir, en la lectura de hechos y figuras de la historia bíblica como anuncio o preparación de una realidad cumplida en Cristo.6

Por ello, la unidad litúrgica de las lecturas no exige que cada pasaje signifique exactamente lo mismo ni que todos procedan de una misma línea narrativa. La proclamación reúne textos diversos dentro de la celebración de la Iglesia y permite escucharlos desde el centro cristológico de la liturgia.6,7

Finalidad litúrgica y pastoral

El leccionario ferial contribuye a que la misa entre semana no dependa solo de una selección breve de textos repetidos. La sucesión de lecturas abre a los fieles un contacto más amplio y variado con la Biblia. La renovación del Leccionario romano después del Concilio Vaticano II respondió al propósito de ofrecer una selección más abundante, variada y adecuada de lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento.7

La proclamación diaria permite seguir el desarrollo de libros y temas bíblicos a lo largo del tiempo, aunque la secuencia incluya interrupciones. También ofrece a la homilía una base para explicar el sentido de los pasajes dentro de su contexto y para relacionarlos con la vida cristiana. La lectura litúrgica no sustituye el estudio de la Escritura, pero dispone los textos para su escucha y celebración comunitarias.3,4

La misa ferial conserva, además, la misma estructura fundamental de la Liturgia de la Palabra: Dios habla a su pueblo en las lecturas y la asamblea responde mediante el salmo y las demás aclamaciones. El leccionario ordena esa proclamación conforme al año litúrgico y hace posible que la comunidad reciba la Palabra no como una sucesión casual de fragmentos, sino dentro de un itinerario común.3,7

Desarrollo histórico

En los primeros siglos, la organización de las lecturas litúrgicas no siempre adoptó la forma de un libro que contuviera todos los pasajes escritos íntegramente. Algunas indicaciones aparecían junto al texto bíblico; más tarde, las listas de lecturas reunieron referencias al comienzo y al final de cada pasaje. Con el tiempo, los leccionarios propiamente dichos recopilaron las lecturas para facilitar su uso en la celebración.1,8

Las colecciones de lecturas no evangélicas y las de los Evangelios tuvieron durante siglos desarrollos parcialmente independientes. Esa historia ayuda a explicar por qué los distintos grupos de lecturas no siempre formaban una secuencia temática única. La renovación litúrgica posterior al Concilio Vaticano II amplió y reorganizó el repertorio bíblico de la misa, con ciclos anuales para las lecturas y una distribución particular para los días laborables.8,7,3

El tiempo ordinario y su leccionario ferial adquirieron así una continuidad propia dentro del año litúrgico. La nueva organización reunió las semanas que antes aparecían distribuidas en distintos tramos del calendario y les dio una estructura común, articulada especialmente mediante las lecturas bíblicas.4

Uso práctico

Para preparar las lecturas de una misa ferial, el lector o celebrante consulta el día litúrgico, el tiempo del año, la semana correspondiente y el ciclo I o II cuando proceda. El calendario resulta especialmente útil para identificar las variaciones anuales y las fechas en que comienzan o terminan los tramos del tiempo ordinario.5

La celebración concreta también puede incluir una solemnidad, fiesta o memoria con lecturas propias. Por este motivo, la fecha civil por sí sola no basta para determinar siempre las lecturas: hay que atender al calendario litúrgico y al grado de la celebración.

El leccionario ferial une, en definitiva, orden bíblico y ritmo litúrgico. Su doble ciclo de primeras lecturas, la continuidad del Evangelio en el tiempo ordinario y la adaptación a los distintos tiempos del año ofrecen a la Iglesia un marco común para escuchar la Escritura durante los días laborables.

Citas y referencias

  1. B7, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 188 (1999). 2 3
  2. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 222 (1999). 2 3 4 5 6 7
  3. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 196 (1999). 2 3 4 5 6 7
  4. IV. El tiempo ordinario, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 221 (1999). 2 3 4
  5. Santa Sede. Misal Romano, 77 (2020). 2 3
  6. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 197 (1999). 2 3 4 5
  7. El leccionario de la misa después del concilio vaticano ii, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 194 (1999). 2 3 4
  8. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen I), 259 (1999). 2
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