Lectura continuada y lectura semicontinuada
El principio habitual del leccionario ferial consiste en leer de manera continuada un libro bíblico: la lectura empieza en un pasaje y prosigue en días sucesivos, con interrupciones cuando el calendario litúrgico requiere otras lecturas. La sucesión no pretende armonizar siempre la primera lectura con el Evangelio; ambas pueden seguir itinerarios distintos.
En el tiempo ordinario, la disposición también puede describirse como semicontinuada. La liturgia recorre una parte extensa de determinados libros, aunque omite algunos pasajes y detiene la secuencia en ocasiones. Este método permite conservar un hilo reconocible sin exigir la lectura íntegra de cada libro durante la misa.
El salmo responsorial sigue a la primera lectura y ofrece una respuesta orante relacionada, en muchos casos, con su contenido. La aclamación al Evangelio suele tomar un versículo del pasaje evangélico que viene a continuación y prepara su proclamación.
Los ciclos I y II
El ciclo ferial tiene dos series anuales, llamadas ciclo I y ciclo II. La primera lectura cambia según el ciclo; el Evangelio, en cambio, mantiene la misma distribución en ambos. Por eso, la alternancia de años permite variar de manera apreciable las lecturas no evangélicas sin alterar el recorrido básico de los Evangelios durante el tiempo ordinario.
La elección del ciclo depende del año litúrgico y de la fecha de inicio del tiempo de Cuaresma. El calendario litúrgico determina qué ciclo corresponde y cómo queda distribuido el número de semanas del tiempo ordinario. Por tanto, no conviene asignar el ciclo solo a partir del año civil: hay que consultar el calendario o el propio leccionario.
El Evangelio en el tiempo ordinario
Durante las semanas del tiempo ordinario, el leccionario presenta sucesivamente los tres Evangelios sinópticos: Marcos en las semanas primera a novena, Mateo entre las semanas décima y vigesimoprimera, y Lucas entre las semanas vigesimosegunda y trigésima cuarta. La misma disposición evangélica rige en los ciclos I y II.
La extensión menor del Evangelio de Marcos llevó a incorporar pasajes de Juan 6 después de la semana decimosexta del ciclo correspondiente. De este modo, la distribución aprovecha la lectura de Marcos sin dejar de proclamar una sección de particular importancia del cuarto Evangelio.