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Leccionario romano

El leccionario romano es el libro litúrgico que reúne y ordena los pasajes de la Sagrada Escritura proclamados durante la celebración de la misa según el año litúrgico y el calendario romano. Su estructura actual, fruto de la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, ofrece una selección más amplia de la Biblia y organiza las lecturas para expresar la unidad del designio salvador de Dios, cuyo centro es Jesucristo y su misterio pascual.1

Ճաշոց (գրիչ Գէորգ վարդապետ Սկեւռացի), 1154թ, 65
Ver información de la imagenՃաշոց (գրիչ Գէորգ վարդապետ Սկեւռացի), 1154, 65, c. 2018. Biblioteca Nacional de Armenia, manuscritos armenios antiguos, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreLeccionario romano
CategoríaLibro
Nombre CompletoOrdo lectionum Missae
DescripciónLibro litúrgico que reúne y ordena los pasajes de la Sagrada Escritura proclamados durante la misa según el año litúrgico y el calendario romano
Autoridad EclesiásticaSanta Sede
Fecha de Publicación1969
ImportanciaFacilita el contacto regular de los fieles con la Sagrada Escritura y aporta unidad teológica a la celebración eucarística.
TipoLibro, Leccionario
Uso LitúrgicoCelebración de la misa (Liturgia de la Palabra)

Tabla de contenido

Concepto y función litúrgica

La palabra leccionario designa, en sentido general, un libro que contiene las lecturas bíblicas destinadas a la proclamación durante la liturgia. En la misa, el leccionario proporciona los textos de la liturgia de la Palabra, que precede a la liturgia eucarística.

La proclamación de las lecturas no constituye una simple lectura religiosa ni una selección temática independiente. Forma parte de la celebración sacramental: la asamblea escucha la Palabra de Dios dentro de una acción litúrgica concreta, vinculada al día, al tiempo litúrgico, a la fiesta o a la memoria celebrada.

El leccionario romano cumple varias funciones:

  • Organiza la lectura pública de la Sagrada Escritura.
  • Distribuye los textos a lo largo del año litúrgico.
  • Relaciona el Antiguo y el Nuevo Testamento.
  • Ofrece una lectura progresiva de los Evangelios y de otros libros bíblicos.
  • Vincula la Palabra proclamada con el misterio celebrado.
  • Proporciona los textos que corresponden a domingos, solemnidades, fiestas, memorias y ferias.

La actual ordenación presenta una mayor riqueza bíblica, especialmente en la misa dominical. También permite percibir la unidad de la historia de la salvación mediante la relación entre las lecturas, en la que Cristo aparece como figura central y el misterio pascual constituye el eje interpretativo.1

Historia

Antecedentes antiguos

Durante los primeros siglos, las comunidades cristianas proclamaban lecturas de la Escritura en el contexto de la celebración eucarística, pero todavía no existía un leccionario romano completo en el sentido moderno. Los textos podían encontrarse dentro de los propios libros bíblicos, acompañados por indicaciones que señalaban cuándo debía comenzar y terminar cada lectura.

Con el desarrollo de la liturgia apareció la necesidad de organizar de forma más práctica los pasajes destinados a la proclamación. La tradición romana conoció diversos sistemas que coexistieron durante siglos. Los testimonios más antiguos de una ordenación sistemática de las lecturas romanas corresponden a capitularios de los siglos VII y VIII.2

Los capitularios

El primer estadio consistió en reunir las indicaciones marginales de la Biblia en listas independientes. Estas listas señalaban cada pasaje mediante sus palabras iniciales y finales, antes de que la división bíblica en capítulos y versículos facilitara la localización de los textos.

Existían dos clases principales:

  • El capitulare lectionum, que contenía las lecturas distintas del Evangelio.
  • El capitulare evangeliorum, dedicado a los pasajes evangélicos.

Este procedimiento resultaba práctico porque permitía localizar una lectura sin copiarla íntegramente. Sin embargo, exigía utilizar simultáneamente el capitulario y el libro bíblico correspondiente.3

El epistolario y el evangeliario

Más adelante aparecieron libros que reproducían íntegramente los textos destinados a la liturgia. Las lecturas no evangélicas formaron el epistolario, también llamado apostolario, mientras que las lecturas evangélicas dieron lugar al evangeliario.

Ambas colecciones tuvieron inicialmente un desarrollo separado. El epistolario reunía lecturas tomadas del Antiguo Testamento, de las cartas apostólicas y de otros escritos del Nuevo Testamento. El evangeliario contenía las perícopas de los cuatro Evangelios.

Con el tiempo, algunos libros reunieron ambos tipos de lecturas. El comes o liber comitis podía contener las lecturas apostólicas y, en ciertos casos, también las evangélicas.3

El evangeliario recibió con frecuencia un tratamiento artístico especialmente solemne. Sus manuscritos podían presentar ornamentación abundante, encuadernaciones preciosas y un lugar destacado dentro de la celebración. El libro de las lecturas no evangélicas, aunque litúrgicamente necesario, no alcanzó siempre el mismo grado de ornamentación.2

El leccionario medieval

La evolución del calendario litúrgico modificó progresivamente la organización de las lecturas. El crecimiento del ciclo temporal y del santoral, junto con la incorporación de nuevas fiestas, hizo que los libros litúrgicos tuvieran que adaptarse continuamente.

El sistema medieval combinaba lecturas bíblicas, homilías patrísticas y narraciones de santos. En el Oficio divino, los homiliarios reunían textos de los Padres de la Iglesia, mientras que las colecciones hagiográficas proporcionaban relatos sobre la vida, el martirio y los milagros de los santos. La palabra legendario designaba particularmente estas colecciones narrativas.4

La tradición medieval también desarrolló la scriptura occurrens, es decir, la lectura continuada de determinados libros bíblicos a lo largo de una parte del año litúrgico. Este principio coexistía con interrupciones motivadas por los tiempos fuertes, las fiestas y las celebraciones propias.5

Reforma litúrgica del siglo XX

El Concilio Vaticano II

La reforma del leccionario romano formó parte de la renovación litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II. La Constitución Sacrosanctum Concilium impulsó una lectura más abundante de la Sagrada Escritura y pidió que los tesoros bíblicos se abrieran con mayor amplitud a los fieles.

La reforma buscó superar una distribución excesivamente limitada de los textos bíblicos y ofrecer a la asamblea una presencia más amplia de los principales libros de la Escritura. El resultado fue un sistema organizado según ciclos, tiempos litúrgicos y celebraciones.

El nuevo orden fue promulgado en 1969 y recibió una segunda edición típica en 1981 con el título Ordo lectionum Missae.6

Principios de la reforma

La reforma tuvo en cuenta varios criterios:

  • Mayor presencia de la Sagrada Escritura.
  • Lectura progresiva de los Evangelios.
  • Relación temática entre la primera lectura y el Evangelio dominical.
  • Lectura semiconsecutiva de determinados escritos apostólicos.
  • Distinción entre domingos, solemnidades, fiestas y días feriales.
  • Adecuación de las lecturas a los diversos tiempos del año litúrgico.

La reforma no pretendió reunir todos los pasajes bíblicos en un único recorrido continuo. La liturgia selecciona los textos atendiendo al misterio celebrado, a la tradición litúrgica y a la función espiritual de cada tiempo.

Estructura del leccionario dominical

Las tres lecturas

Los domingos y solemnidades presentan normalmente tres lecturas:

  1. Una lectura del Antiguo Testamento.
  2. Una lectura apostólica, tomada de una carta o del Apocalipsis.
  3. Una lectura del Evangelio.

Durante el tiempo pascual, la primera lectura procede habitualmente de los Hechos de los Apóstoles o del Apocalipsis, en lugar de proceder del Antiguo Testamento.7

La primera lectura suele mantener una relación temática con el Evangelio. Esta relación permite contemplar la continuidad entre la promesa, la preparación y el cumplimiento de la salvación en Cristo. La segunda lectura sigue normalmente un recorrido propio, con una lectura semiconsecutiva de escritos apostólicos.

Los ciclos dominicales

El leccionario dominical distribuye los Evangelios sinópticos en tres ciclos:

El Evangelio según san Juan aparece en diversos momentos del año, especialmente en tiempos litúrgicos determinados. Durante el año B, debido a la menor extensión del Evangelio según san Marcos, se incorporan varios pasajes de Juan, incluido el discurso sobre el pan de vida del capítulo sexto.8

El ciclo trienal permite una lectura extensa de los Evangelios sinópticos sin reducir la celebración dominical a un conjunto fijo de pasajes repetidos anualmente.

El año litúrgico

Las lecturas se distribuyen de acuerdo con los grandes tiempos del año litúrgico:

Cada tiempo posee una orientación teológica propia. Adviento contempla la venida del Señor; Navidad proclama la encarnación del Verbo; Cuaresma prepara para la Pascua; el tiempo pascual desarrolla la resurrección de Cristo y la vida de la Iglesia; el tiempo ordinario presenta progresivamente el ministerio y la enseñanza de Jesús.

El último domingo del tiempo ordinario celebra a Jesucristo como Rey del universo, vinculando su realeza con la cruz, la vida de la Iglesia y su venida definitiva al final de los tiempos.8

Lecturas feriales

El ciclo de los días laborables

Los días feriales cuentan con un orden propio de lecturas. La primera lectura sigue habitualmente un recorrido continuado por libros del Antiguo o del Nuevo Testamento, sin intentar armonizar siempre su contenido con el Evangelio del día.

El leccionario ferial distribuye la primera lectura en dos ciclos, denominados normalmente año par y año impar. El Evangelio permanece igual en ambos ciclos, mientras que la primera lectura cambia.

Este sistema ofrece una exposición más amplia y regular de la Escritura durante los días laborables. La lectura continuada comienza un libro y prosigue con él, salvo las interrupciones exigidas por determinadas celebraciones o tiempos litúrgicos.9

Los Evangelios feriales

Durante el tiempo ordinario, los Evangelios feriales siguen una distribución progresiva:

  • Marcos ocupa las primeras semanas.
  • Mateo aparece a continuación.
  • Lucas completa el recorrido hasta el final del tiempo ordinario.

La brevedad relativa del Evangelio según san Marcos explica la incorporación de pasajes del Evangelio según san Juan durante una parte del año B.8

El salmo responsorial

Después de la primera lectura, la liturgia proclama el salmo responsorial. El salmo no funciona como un simple intermedio musical, sino como respuesta orante de la asamblea a la Palabra escuchada.

La selección del salmo suele guardar relación con el contenido de la primera lectura. La asamblea participa mediante la repetición de una respuesta, mientras el salmista proclama las estrofas.

Antes del Evangelio aparece la aclamación, normalmente el aleluya, excepto durante la Cuaresma. El versículo de la aclamación puede anticipar o resumir un aspecto del Evangelio que va a proclamarse.9

Las perícopas bíblicas

La palabra perícopa designa un fragmento delimitado de un libro bíblico para su proclamación litúrgica. El leccionario no reproduce necesariamente capítulos completos, sino unidades literarias escogidas según el sentido de la celebración.

La delimitación de una perícopa debe respetar la integridad del pasaje y permitir que la asamblea comprenda su sentido principal. La liturgia puede omitir algunos versículos por razones pastorales o de extensión, pero la selección debe conservar el contenido esencial del texto proclamado.

La elección de las perícopas atiende a varios factores:

  • El sentido del tiempo litúrgico.
  • La fiesta o memoria celebrada.
  • La relación entre las lecturas.
  • La continuidad de un libro bíblico.
  • La comprensión de la asamblea.
  • La tradición litúrgica romana.

Proclamación y ministerios

El leccionario contiene los textos, pero la celebración requiere también ministros que los proclamen dignamente.

La primera y la segunda lectura corresponden ordinariamente al lector. El salmo corresponde al salmista. El diácono o el presbítero proclama el Evangelio, salvo las particularidades previstas por las normas litúrgicas.

El Evangelio ocupa un lugar singular dentro de la liturgia de la Palabra. La asamblea lo escucha de pie, y la proclamación puede ir acompañada de signos de veneración, procesión, incensación y canto. El libro de los Evangelios posee así una dignidad litúrgica propia.

La proclamación no equivale a una lectura privada. El lector presta su voz a la Palabra que la Iglesia anuncia a la asamblea. Por ello, la preparación incluye la comprensión del texto, la pronunciación clara, el ritmo adecuado y una actitud espiritual coherente con el ministerio.

Ediciones y autoridad litúrgica

El orden de las lecturas

El libro normativo que organiza las lecturas de la misa es el Ordo lectionum Missae. La edición típica latina establece el orden general y los criterios que deben seguir las ediciones en las distintas lenguas.

Las conferencias episcopales tienen la responsabilidad de atender cuidadosamente a las traducciones bíblicas destinadas a la celebración, aprobar el leccionario correspondiente y publicarlo conforme al orden establecido, con la confirmación de la Santa Sede.7

Traducciones en lengua española

Las ediciones españolas del leccionario deben transmitir fielmente el contenido de los textos bíblicos y respetar las normas litúrgicas. La traducción litúrgica busca unir exactitud, claridad para la proclamación oral y adecuación al lenguaje de la oración de la Iglesia.

Una edición del leccionario no constituye una Biblia completa ni una selección libre de textos. Su contenido responde al orden litúrgico aprobado y a las celebraciones previstas para el calendario correspondiente.

Relación entre Palabra y Eucaristía

La liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística forman una única acción de culto. La proclamación bíblica prepara y acompaña la celebración del sacramento de la Eucaristía, mientras que la Eucaristía hace presente sacramentalmente el misterio pascual anunciado por las Escrituras.

El leccionario ayuda a reconocer que la Biblia no aparece en la misa como una colección aislada de textos. Las lecturas forman una composición litúrgica cuyo centro es Cristo. La relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento manifiesta la unidad del plan de Dios y conduce a la celebración de la muerte y resurrección del Señor.1

Cuando la relación entre dos lecturas no resulta evidente, la interpretación debe atender a la unidad de toda la Escritura y a su lectura canónica. La Iglesia proclama en la liturgia todas las lecturas previstas para la celebración, no únicamente aquellas que parecen más accesibles o directamente relacionadas entre sí.1

Importancia ecuménica

El leccionario romano posee también una dimensión ecuménica. Su estructura y numerosos textos son conocidos y valorados por comunidades cristianas que todavía no viven en plena comunión con la Iglesia católica.

Esta convergencia facilita que cristianos de distintas tradiciones escuchen determinados pasajes bíblicos en fechas comunes y compartan una parte significativa del ciclo de proclamación de la Palabra. Las Iglesias católicas orientales poseen, sin embargo, tradiciones litúrgicas propias y ordenamientos particulares de las lecturas.1

Valor teológico y pastoral

El leccionario romano ofrece a los fieles un contacto regular con la Sagrada Escritura. Su distribución evita que la predicación quede limitada a unos pocos pasajes conocidos y permite recorrer, a lo largo del año, una parte considerable de los principales libros bíblicos.

Su valor pastoral depende también de una celebración cuidada. La proclamación clara, la homilía, el silencio, el canto del salmo y la disposición interior de la asamblea ayudan a recibir la Palabra como acontecimiento de salvación.

El leccionario no sustituye la lectura personal de la Biblia, pero proporciona el marco privilegiado en el que la Iglesia escucha comunitariamente la Escritura, la interpreta dentro de la tradición apostólica y la integra en la celebración del misterio de Cristo.

Citas y referencias

  1. Parte dos: Verbum in ecclesia- La liturgia, escenario privilegiado para la palabra de Dios - Sagrada Escritura y el leccionario, Papa Benedicto XVI. Verbum Domini, 57 (2010). 2 3 4 5
  2. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen I), 259 (1999). 2
  3. B7, Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 188 (1999). 2
  4. Leccionario. Enciclopedia Católica, Leccionario (1913).
  5. Lecciones en la liturgia. Enciclopedia Católica, Lecciones en la Liturgia (1913).
  6. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen IV), 11 (1999).
  7. In ordinem lectionum missae, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 11, noviembre, 2021, 124 (2021). 2
  8. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 222 (1999). 2 3
  9. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 196 (1999). 2
Modificado el 16 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.61Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/sgkhkh8x0

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