La Congregación de los Legionarios de Cristo tuvo sus humildes inicios en la Ciudad de México el 3 de enero de 1941, bajo la guía de su fundador, el Padre Marcial Maciel Degollado1. A partir de estos comienzos, la obra se extendió a muchos otros países a través de diversas iniciativas y obras apostólicas, siempre con el objetivo de dar a conocer y amar a Cristo, y de difundir Su Reino en el corazón de las personas2.
En 1979, el Papa Juan Pablo II notó el crecimiento de la fundación, mencionando que, habiendo obtenido el decreto de alabanza apenas catorce años antes, la Congregación ya contaba con más de 130 sacerdotes y casi 700 miembros, distribuidos en diferentes casas y naciones, trabajando activamente para difundir el reino de Cristo en la sociedad3.
El reconocimiento y apoyo de la Santa Sede se manifestó en varios momentos importantes. En junio de 1983, el Papa Juan Pablo II aprobó definitivamente las Constituciones de la Congregación4. En 1992, al concluir su segundo Capítulo General Ordinario, los Legionarios de Cristo reafirmaron su adhesión a la Sede Apostólica como un punto clave de su espíritu y como signo de su amor por la Iglesia2.
En 2001, con motivo de su peregrinación jubilar a Roma para celebrar el 60 aniversario de su fundación, el Papa Juan Pablo II felicitó al Padre Maciel y destacó la fidelidad de la Congregación al Sucesor de Pedro y su plena participación en el misterio de la unidad de la Iglesia5.

