General Instruction of the Roman Missal (2003)
El preámbulo reconoce que «el uso del vernáculo puede frecuentemente ser de gran ventaja para el pueblo» y que la Iglesia, bajo la guía de los obispos y la Santa Sede, ha autorizado su empleo en todas las celebraciones en las que el pueblo participa, para una mejor comprensión del misterio litúrgico.
Magnum Principium (2017)
Esta constitución papal reafirma que la accommodación del pueblo a la comprensión es el principio rector del Concilio, y que la tarea de traducir los libros litúrgicos corresponde a los obispos, quienes deben equilibrar la unidad del rito romano con la riqueza de las lenguas locales.
Liturgiam authenticam (2001)
La instrucción define los criterios de fidelidad y exactitud en la traducción del latín al vernáculo, insistiendo en que la edición típica latina sea siempre la fuente de partida y que la traducción sea aprobada por la autoridad eclesial competente y confirmada por la Santa Sede,. Además, destaca la necesidad de uniformidad y estabilidad en las traducciones bíblicas usadas litúrgicamente.
Otros documentos y pronunciamientos
Discurso del Cardenal Arinze (2006): explica que la introducción del vernáculo fue un proceso gradual, con la autorización inicial del Prefacio (1965) y del Canon (1967), y que la normativa siempre mantuvo la preservación del latín como elemento esencial del rito,.
Dirección de Juan Pablo II (1984): señala que la introducción de las lenguas nacionales y la simplificación de los ritos fueron ampliamente apreciadas por los fieles, facilitando la comprensión de la liturgia.
Dirección de Juan Pablo II (1988, Vicesimus Quintus Annus): afirma que el vernáculo se introduce sin disminuir el uso del latín, para que cada individuo pueda proclamar los misterios de Dios en su lengua materna.
Pronunciamiento de Juan Pablo II sobre la Vulgata (1979, Scripturarum Thesaurus): reconoce la Vulgata como texto típico, pero también promueve la revisión y actualización de la Biblia para la liturgia, manteniendo la unidad del texto latino.
Carta Apostólica Latina Lingua (2012): aunque enfatiza la alta estima del latín, recuerda que la Iglesia siempre ha hablado en las lenguas de los pueblos desde Pentecostés, subrayando la doble misión de preservar el latín y promover el vernáculo.