Antecedentes de las letanías marianas
Las letanías lauretanas pertenecen a una tradición más amplia de letanías dedicadas a la Virgen María. Durante los siglos XII, XIII y XIV aparecieron diversas letanías marianas, con estructuras semejantes y series de títulos dirigidos a la Madre de Dios. La fórmula lauretana adoptó un esquema ya conocido en la piedad mariana de la Baja Edad Media.
Una antigua composición irlandesa conservada en el manuscrito Leabhar Breac contiene numerosas alabanzas a la Virgen, pero carece de la forma propiamente responsorial de una letanía. La crítica histórica la considera una serie de elogios marianos, no un antecedente directo plenamente formado de las letanías lauretanas.
El testimonio genuino más antiguo conocido de una letanía mariana aparece en un códice del siglo XII conservado en Maguncia. Este dato muestra que las letanías dedicadas a la Virgen existían antes de la fórmula lauretana, aunque no permite identificar aquella composición con el texto que la Iglesia acabaría conociendo como letanía de Loreto.
Formación de la fórmula lauretana
La documentación actualmente conocida sitúa la composición de la letanía lauretana en los primeros años del siglo XVI o en los últimos del siglo XV. La tradición devocional la relacionó a veces con épocas mucho más antiguas, como el pontificado de Sergio I, el tiempo de san Gregorio Magno o incluso los orígenes apostólicos. La crítica histórica, sin embargo, considera más probable una formación tardomedieval o renacentista.
La copia impresa más antigua conocida procede de Dillingen, en Alemania, y data de 1558. El testimonio parece reproducir una versión italiana anterior, aunque el ejemplar italiano más antiguo localizado en la investigación citada corresponde a 1576.
Aprobación eclesial
La Iglesia concedió a la fórmula su primera aprobación definitiva en 1587. Desde entonces, los pontífices romanos recomendaron repetidamente su uso, lo que favoreció su difusión universal dentro de la piedad católica.
La aprobación eclesial no equivale a atribuir a cada título una interpretación aislada o autónoma. La letanía debe comprenderse como una oración orgánica: la comunidad contempla diversos aspectos de la vocación y de la misión de María y concluye cada invocación pidiendo su intercesión.