Días anteriores a la Ascensión
En el calendario romano tradicional, las letanías menores ocupaban los tres días anteriores a la solemnidad de la Ascensión. Cada jornada incluía normalmente una procesión, el canto de la letanía de los santos y la celebración de una misa propia de rogaciones.
La procesión expresaba de forma visible la peregrinación del pueblo cristiano. El clero y los fieles recorrían calles, caminos o campos mientras pedían la protección de Dios y confiaban a su providencia las necesidades de la comunidad. El desplazamiento físico adquiría así un significado espiritual: la Iglesia caminaba unida, reconocía su dependencia de Dios y pedía la gracia necesaria para cumplir su misión.
La letanía de los santos
La letanía de los santos ocupa un lugar central en la tradición de las Rogaciones. Su estructura comienza con invocaciones a la Santísima Trinidad y continúa con la petición de que Cristo escuche a su pueblo. Después aparecen la Virgen María, los ángeles, san Juan Bautista, san José, los apóstoles, los mártires, los pastores, las vírgenes, los santos y toda la comunión de los bienaventurados.
La asamblea responde habitualmente con fórmulas como ora pro nobis-«ruega por nosotros»- o libera nos, Domine-«líbranos, Señor»-. La estructura recuerda que la Iglesia suplica a Dios como fuente de toda gracia y pide al mismo tiempo la intercesión de los santos, unidos a Cristo en la gloria.
Durante la procesión tradicional, la letanía podía comenzar antes de la marcha y continuar mientras la comunidad avanzaba. El Ritual romano establecía el canto de la letanía de los santos después de determinadas antífonas iniciales; las invocaciones podían repetirse o complementarse con salmos penitenciales y graduales cuando la duración del recorrido lo aconsejaba.
Ayuno y penitencia
Las primeras celebraciones tenían un fuerte carácter penitencial. El ayuno, la abstinencia, la participación en la procesión y la escucha de la Palabra de Dios expresaban una conversión comunitaria. Los fieles no acudían únicamente para pedir una cosecha favorable, sino también para reconocer sus pecados y ordenar la vida personal y social conforme al Evangelio.
Con el paso del tiempo, la disciplina penitencial experimentó cambios. La obligación de ayunar que aparece en la legislación antigua no puede trasladarse automáticamente a la disciplina vigente. La celebración contemporánea conserva la oración y la acción de gracias, pero las formas concretas de penitencia dependen de la legislación litúrgica y canónica aplicable.