La Iglesia Católica entiende que la ley del talión, aunque un paso importante en su momento para limitar la violencia, ha sido perfeccionada por la revelación de Cristo,.
Justicia Retributiva y la Proporcionalidad
La tradición católica reconoce que el castigo tiene un propósito retributivo, es decir, busca restablecer el orden quebrantado por la ofensa. Sin embargo, esta retribución no se entiende como una correspondencia geométrica exacta («ojo por ojo») sino como una justicia proporcionada. Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, sostiene que el castigo debe ser proporcional a la gravedad del pecado, pero no necesariamente una reproducción exacta del daño,. La pena debe ser seria para un crimen grave, pero no exige una retribución matemáticamente entendida.
Fines del Castigo en la Doctrina Católica
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la autoridad pública tiene el derecho y el deber de imponer penas proporcionales a la gravedad del crimen. Los fines principales del castigo son:
Reparar el desorden causado por la ofensa.
Preservar el orden público y la seguridad de las personas.
Disuadir a otros de cometer crímenes.
Tener un alcance medicinal, contribuyendo a la corrección y rehabilitación del delincuente en la medida de lo posible.
El castigo no debe ser concebido como una venganza infligida por Dios, sino como una consecuencia inherente a la naturaleza del pecado, que busca la purificación y la restauración del orden,,,.
El Perdón y la Reparación
Aunque la ley del talión es superada por el llamado de Cristo al perdón, la justicia católica también enfatiza la reparación del daño causado por el pecado,. Incluso si el ofensor ha sido perdonado, subsiste el deber de reparar el daño a la justicia y la verdad. Esta reparación puede ser material o moral y debe evaluarse según la extensión del daño infligido. La satisfacción o penitencia impuesta en el sacramento de la Reconciliación busca reparar el daño y restablecer los hábitos propios de un discípulo de Cristo.
La Pena de Muerte
En relación con la pena capital, la enseñanza tradicional de la Iglesia no excluía su uso en casos de extrema necesidad para defender la vida humana contra un agresor, siempre que se verificara plenamente la identidad y responsabilidad del culpable,. Sin embargo, la Iglesia ha evolucionado en su comprensión de la aplicación de esta pena. Hoy en día, la postura de la Iglesia es que los casos de absoluta necesidad para la supresión del ofensor son «muy raros, si no prácticamente inexistentes», dado que el Estado dispone de medios para reprimir eficazmente el crimen sin privar definitivamente al culpable de la posibilidad de redimirse. La vida en prisión es considerada un castigo serio y proporcionado a un crimen grave.