La influencia de los confesores
Los confesores eran cristianos que habían sufrido prisión, tortura o persecución por su fe, pero que no habían muerto como mártires. Su testimonio les otorgaba un enorme prestigio dentro de las comunidades cristianas.
Los lapsi acudían a ellos para solicitar una carta de intercesión. Algunos confesores escribían al obispo pidiendo la reconciliación del penitente. La comunidad valoraba la relación espiritual entre el sufrimiento del confesor y la obtención de la paz para quien había caído.,
La intercesión de los confesores podía adoptar un sentido muy amplio. Algunas cartas pedían que el penitente y su familia fueran admitidos en la comunión sin precisar su nombre, su pecado o las condiciones de la penitencia. Esa práctica provocó abusos y dificultó el discernimiento pastoral.
La autoridad del obispo
San Cipriano sostuvo que los confesores no podían sustituir al obispo en la reconciliación sacramental y disciplinar. La carta del confesor tenía valor como petición, pero no funcionaba como una absolución automática ni anulaba la autoridad episcopal.
El obispo debía examinar la conducta del penitente, determinar la penitencia adecuada y decidir el momento de la readmisión. Cipriano aceptaba la importancia espiritual de los confesores, pero exigía que sus intervenciones permanecieran dentro del orden de la Iglesia y bajo la autoridad del pastor legítimo.,
La tensión alcanzó especial intensidad en Cartago. Un grupo de cristianos defendía una política muy indulgente y admitía a los lapsi sobre la base de las cartas de los confesores. Algunos confesores llegaron a conceder una especie de perdón general. Cipriano consideró que esa práctica dañaba la disciplina eclesial y colocaba a los penitentes en una situación más favorable que la de quienes habían permanecido fieles y habían sufrido por Cristo.,
La posición equilibrada de Cipriano
Cipriano rechazó dos extremos:
- La postura rigorista que negaba toda reconciliación a los lapsi.
- La postura laxista que los readmitía sin confesión ni penitencia.
El obispo de Cartago defendió una reconciliación vinculada a la conversión personal, la penitencia y la decisión episcopal. Al mismo tiempo, reconoció que las cartas de los mártires y confesores podían tener un valor espiritual y pastoral, especialmente cuando el penitente se encontraba enfermo o próximo a morir.,