Libertad y libertinaje

En la doctrina católica, la libertad se presenta como un don divino esencial para la vocación humana hacia la beatitud, arraigado en la razón y la voluntad, y orientado siempre a la verdad y al bien. Se distingue radicalmente del libertinaje, que representa un abuso de esta libertad, desvinculándola de la ley moral y conduciendo al egoísmo, la esclavitud del pecado y la negación de la dignidad personal y social. Este artículo explora las raíces teológicas, las enseñanzas magisteriales y las implicaciones éticas de ambos conceptos, destacando cómo la verdadera libertad cristiana se realiza en la obediencia amorosa a Dios, en contraste con el libertinaje que genera crisis morales y sociales.1,2,3,4
Tabla de contenido
Concepto de libertad en la doctrina católica
La Iglesia Católica define la libertad no como un absoluto autónomo, sino como una capacidad ordenada al bien supremo. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, la libertad es «el poder, enraizado en la razón y la voluntad, de obrar o no obrar, de hacer esto o aquello, y de realizar así, por medio de actos deliberados, obras propias de uno mismo». Esta definición subraya su dimensión teleológica: la libertad humana se perfecciona cuando se dirige hacia Dios, fuente de la beatitud.1
Libertad y vocación humana
La libertad forma parte integrante de la vocación del hombre a la vida en el Espíritu. Es una fuerza para el crecimiento en verdad y bondad, pero su pleno desarrollo exige la adhesión a la ley moral divina. Sin esta orientación, la libertad se pervierte, convirtiéndose en amenaza para sí misma y para los demás. El Catecismo advierte que «el ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir o hacer todo», rechazando la idea de un individuo autosuficiente cuyo fin sea la satisfacción de intereses egoístas.2
En la tradición tomista renovada por el Concilio Vaticano II, la moral teología enfatiza el carácter teleológico de la vida moral, donde la libertad se ordena a la beatitud sobrenatural mediante las virtudes.5
Relación con la verdad y la ley moral
La libertad auténtica no se opone a la verdad, sino que se nutre de ella. Como enseña Veritatis Splendor, la obediencia a la ley moral es gracia y signo de adopción filial en Cristo. Desvincular la libertad de la verdad lleva a la arbitrariedad y a la autodestrucción.6,3
La verdadera libertad cristiana
La libertad cristiana se realiza en la unión con Cristo, liberador del pecado. No es licencia ilimitada, sino capacidad para elegir el bien en conformidad con la voluntad divina. El Concilio Vaticano II y la moral teología postconciliar, influida por la virtud ética de Santo Tomás, la conciben como camino hacia la santidad.5
Orientación hacia la beatitud y las virtudes
Los teólogos contemporáneos, retomando a Aquino, destacan que la moral vida es teleológica: llamada a la beatitud mediante el cultivo de virtudes. La libertad se nutre de la Escritura, la liturgia y la espiritualidad, evitando el minimalismo legalista previo al Concilio.5
La moral teología debe iluminar la excelsitud de la vocación de los fieles en Cristo, reconociendo la vida moral como búsqueda de la beatitud a través del crecimiento en santidad.5
Discernimiento moral y conciencia
La conciencia no es fuente autónoma de moralidad, sino testigo de la verdad objetiva. Renovaciones postconciliares han enfatizado un discernimiento guiado por el Espíritu, pero siempre en obediencia a la ley divina, evitando abusos que la conviertan en refugio subjetivo.7,8
El libertinaje como distorsión de la libertad
El libertinaje surge cuando la libertad se absolutiza, desconectándose de la verdad y el bien común. Es una «libertad que se corta de la verdad sobre el hombre», llevando al amor propio exacerbado, desprecio a Dios y al prójimo, y negación de la justicia.3,4
Definición y manifestaciones históricas
En la moral teología, el libertinaje se asocia a ideologías que exaltan la autonomía individual por encima de la ley moral, como en debates postconciliares sobre ética sexual o conciencia. Representa una crisis donde la conciencia se ve como infalible, enemiga de la verdad objetiva.7,9
Ejemplos incluyen revisiones que buscan adaptar normas morales a la cultura secular, generando divisiones en la teología moral.9
Consecuencias éticas y sociales
El libertinaje genera esclavitud interior, ruptura de la comunión y rebelión contra la verdad divina. En el ámbito social, fomenta injusticias, guerras y totalitarismos, como advierte Centesimus Annus al analizar errores que detachan libertad de obediencia a la verdad.4
Esta error consiste en una comprensión de la libertad humana que la detiene de la obediencia a la verdad, conduciendo a una afirmación desbocada del interés propio.4
Enseñanzas magisteriales sobre libertad y libertinaje
El Magisterio ha abordado repetidamente esta distinción, especialmente en encíclicas morales y sociales.
Veritatis Splendor y la ley moral
Juan Pablo II reafirma la universalidad de los mandamientos morales, criticando tendencias que relativizan la ley divina en nombre de la libertad. La exhortación pastoral subraya la responsabilidad de discernir en obediencia a la verdad.6
Encíclicas sociales: del bien común a la dignidad
En Centesimus Annus, se denuncia la libertad económica desvinculada de la verdad, origen de males sociales. Evangelium Vitae rechaza pretextos de libertad para justificar aborto o eutanasia, afirmando el deber de la sociedad de protegerse contra abusos en nombre de la conciencia.3,10
Pío XII, en mensajes radiales, enfatiza la intervención eclesial para equilibrar deberes y derechos, oponiéndose a tiranías y arbitrariedades.11,12
Catecismo y autoridad
La autoridad moral deriva del bien común, no de sí misma, y debe fomentar libertad responsable. La Iglesia respeta la libertad política, pero la salvaguarda contra tentaciones que oponen interés personal al comunitario.13,14,15
Libertad en contextos políticos y sociales
La doctrina social distingue libertad política legítima del libertinaje colectivo.
Equilibrio entre libertad y autoridad
La autoridad debe expresar una jerarquía justa de valores, practicando justicia distributiva para armonía social.14 La Iglesia, signo de la trascendencia humana, defiende libertad ciudadana sin confundirse con lo político.13
Revolución de la ternura y acompañamiento
Aunque se valora el acompañamiento pastoral, como en Amoris Laetitia, debe integrarse con verdad moral, evitando paradigmas que primaricen conciencia sobre doctrina.7,8
Renovación de la moral teología
Post-Vaticano II, la moral teología ha buscado integrar Escritura y virtud, superando manualismos y abusos de conciencia. Figuras como Servais Pinckaers impulsan un retorno a fuentes para una ética de santidad.5,16
En resumen, la doctrina católica propone la libertad auténtica como servicio al amor divino, opuesta al libertinaje que esclaviza. Esta visión invita a una vida moral renovada, fiel al Magisterio, para la plenitud humana en Cristo.
Citas
Sección uno Vocación del ser humano: vida en el Espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1731 (1992). ↩ ↩2
Sección uno Vocación del ser humano: vida en el Espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1740 (1992). ↩ ↩2
I. Características de Rerum Novarum, Papa Juan Pablo II. Centesimus Annus, § 4 (1991). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
II. Hacia las «nuevas cosas» de hoy, Papa Juan Pablo II. Centesimus Annus, § 17 (1991). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Michael A. Wahl. La vida de la virtud como acto de adoración: Sobre la orientación eucarística de la vida moral, § 2 (2024). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Capítulo III – «No sea vaciada de su poder la cruz de Cristo» (1 Cor 1:17) – Bien moral para la vida de la Iglesia y del mundo – Nuestras propias responsabilidades como pastores, Papa Juan Pablo II. Veritatis Splendor, § 115. ↩ ↩2
Thomas Berg. Fuente auto‑originadora de afirmaciones morales válidas o testigo de la verdad moral? Cuentas revisionistas contemporáneas de la conciencia—Una exploración y respuesta, § 4 (2024). ↩ ↩2 ↩3
Thomas Berg. Fuente auto‑originadora de afirmaciones morales válidas o testigo de la verdad moral? Cuentas revisionistas contemporáneas de la conciencia—Una exploración y respuesta, § 3 (2024). ↩ ↩2
Centralidad del debate sobre la ética sexual, William F. Murphy, Jr. Revisión de la renovación bíblica de la teología moral a la luz de Veritatis Splendor, § 13 (2004). ↩ ↩2
Capítulo III – No matarás – La santa ley de Dios – «Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29): Ley civil y ley moral, Papa Juan Pablo II. Evangelium Vitae, § 71 (1995). ↩
Papa Pío XII. Discurso a los participantes del décimo Congreso Internacional de Ciencias Históricas (7 de septiembre de 1955), § 14. ↩
Papa Pío XII. Mensaje radial a los participantes del Primer Congreso Nacional Eucarístico de Guatemala (22 de abril de 1951) – Discurso. ↩
Sección dos Los Diez Mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2245 (1992). ↩ ↩2
Sección dos Los Diez Mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2236 (1992). ↩ ↩2
Sección uno Vocación del ser humano: vida en el Espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1902 (1992). ↩
A History of Catholic Theological Ethics de James F. Keenan, S.J. (Mahwah, NJ: Paulist Press, 2022), xi + 434 pp, Margaret M. Turek, Matthew Levering, et al. Reseñas de libros (Nova et Vetera, vol. 22, n.º 4), § 11 (2024). ↩
