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Libertas Praestantissimum

Libertas Praestantissimum, también conocida como Libertas, es una encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, publicada el 20 de junio de 1888. El documento distingue entre libertad natural, libertad moral y las llamadas libertades modernas, y relaciona la auténtica libertad con la razón, la ley natural, la ley eterna y la obediencia debida a Dios.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreLibertas Praestantissimum
CategoríaObra
Nombre CompletoLibertas praestantissimum de natura libertatis humanae
TítuloLibertas Praestantissimum
AutorLeón XIII
Fecha de Publicación1888-06-20
TemaNaturaleza de la libertad humana
TipoEncíclica
Enlace oficialLibertas Praestantissimum

Tabla de contenido

Identificación y contexto

Autor y fecha

León XIII dirigió la encíclica a los patriarcas, primados, arzobispos y obispos del mundo católico en comunión con la Sede Apostólica. El documento lleva por título completo Libertas praestantissimum de natura libertatis humanae, expresión latina que puede traducirse como «La libertad, don excelentísimo» o «La libertad, bien supremo».2

La encíclica apareció dentro de la reflexión de León XIII sobre las relaciones entre la Iglesia, el Estado, la sociedad moderna, la autoridad civil y las corrientes intelectuales vinculadas al racionalismo y al liberalismo. El propio pontífice la relaciona con su encíclica Immortale Dei, en la que había tratado las llamadas libertades modernas y había distinguido sus elementos legítimos de aquellos que consideraba incompatibles con la verdad y el orden moral.3

Finalidad

La finalidad principal de Libertas Praestantissimum consiste en explicar qué significa realmente ser libre. León XIII rechaza tanto la identificación de la libertad con la mera capacidad de elegir como la idea de que toda limitación moral constituya una opresión. Para el pontífice, la libertad alcanza su perfección cuando la persona conoce el bien, lo elige voluntariamente y orienta su vida hacia su último fin.2

La encíclica pretende también responder a la acusación de que la Iglesia sería enemiga de la libertad. León XIII sostiene que la Iglesia protege la libertad porque conserva la verdad sobre el ser humano, sobre Dios y sobre el destino último de la persona. Según esta perspectiva, la Iglesia no combate la libertad auténtica, sino su deformación en forma de arbitrariedad, indiferencia moral o licencia ilimitada.2

La libertad natural

La libertad como propiedad de la persona racional

León XIII parte de la diferencia entre el ser humano y los animales. Los animales actúan movidos principalmente por los sentidos y el instinto; la persona humana, en cambio, posee inteligencia y voluntad. La razón permite conocer la verdad y valorar los bienes, mientras que la voluntad puede escoger entre distintos medios para alcanzar un fin.4

La libertad pertenece, por tanto, a quienes poseen entendimiento. El ser humano puede juzgar que los bienes particulares no determinan necesariamente su conducta y puede elegir entre ellos. Esta capacidad fundamenta su responsabilidad moral: la persona responde de sus actos porque actúa con conocimiento y voluntad.4

La libertad no constituye una fuerza irracional ni una independencia absoluta. La razón ilumina la decisión y presenta a la voluntad aquello que puede considerarse bueno. León XIII describe la libertad como la facultad de escoger los medios adecuados para el fin propuesto. La elección presupone un juicio de la inteligencia acerca del bien que conviene preferir.5

Libertad, inteligencia y voluntad

La encíclica presenta una relación ordenada entre inteligencia y voluntad:

  • La inteligencia conoce y juzga la verdad del bien.
  • La voluntad desea y elige aquello que la inteligencia presenta como bueno.
  • La libertad consiste en la capacidad de realizar esa elección voluntaria.
  • La razón moral orienta la elección hacia el bien verdadero, no hacia cualquier objeto deseado.

Por esta razón, la libertad no equivale a elegir sin criterio. Una elección puede ser voluntaria y, al mismo tiempo, contraria a la verdad y al bien humano. La capacidad de escoger el mal manifiesta una posibilidad real de la libertad caída, pero no constituye su perfección.5

Libertad y dignidad humana

León XIII considera la libertad uno de los dones naturales más elevados. Gracias a ella, la persona posee dominio sobre sus actos y puede orientar conscientemente su existencia. La dignidad humana no procede de una autonomía desligada de toda verdad, sino de la capacidad racional y voluntaria de buscar el bien y alcanzar el fin para el que Dios creó al ser humano.2

La libertad puede conducir al bien supremo o al mayor mal. La persona puede obedecer a la razón, buscar el bien moral y dirigirse hacia su último fin; también puede apartarse de ese orden y escoger bienes aparentes que terminan dañándola. La encíclica vincula así la libertad con la responsabilidad y con la posibilidad del pecado.2

La libertad moral

La ley eterna como norma de la libertad

Para Libertas Praestantissimum, la ley eterna de Dios constituye la norma suprema de la libertad humana. Esa ley orienta tanto la conducta individual como la vida de la sociedad civil. La libertad social no consiste en que cada persona haga cuanto quiera, porque tal concepción produciría desorden y destruiría la convivencia.6

La autoridad civil tampoco posee una libertad ilimitada. Quienes gobiernan no pueden imponer mandatos arbitrarios o irracionales. Las leyes humanas adquieren legitimidad cuando aplican los principios de la ley eterna y de la recta razón. Una norma contraria a la justicia y perjudicial para el bien común pierde su carácter propiamente jurídico y no puede obligar moralmente.6

Libertad y bien común

La sociedad política existe para favorecer una vida humana ordenada y justa. La autoridad no debe entenderse como un poder absoluto sobre las personas, sino como una responsabilidad orientada al bien común. La ley civil protege la libertad cuando crea las condiciones para que las personas vivan conforme a la verdad y la justicia.

La encíclica rechaza, por tanto, dos extremos:

  1. El individualismo absoluto, que convierte la voluntad particular en criterio supremo.
  2. El autoritarismo, que concede al poder político capacidad ilimitada para imponer órdenes injustas.

La libertad legítima necesita normas justas; la autoridad legítima necesita límites morales. El orden político depende de la subordinación de ambos elementos a la ley natural y a la ley eterna.6

Libertad, razón y revelación

Crítica al racionalismo

León XIII identifica el racionalismo con la pretensión de convertir la razón humana en fuente suprema y juez último de toda verdad. Esta postura rechaza la dependencia de la razón creada respecto de la razón divina y presenta al individuo como ley de sí mismo.7

Aplicado a la moral y a la política, el racionalismo conduce a una concepción de la libertad desligada de toda obligación objetiva. La voluntad individual o la voluntad de la mayoría pasan a determinar qué es justo y qué es injusto. La encíclica considera insuficiente este criterio porque una mayoría también puede aprobar decisiones contrarias a la verdad y al bien humano.7

La razón humana y la ley natural

La crítica de León XIII no pretende eliminar la razón humana, sino devolverla a su lugar propio. La razón puede conocer principios morales objetivos y reconocer que la persona no se basta a sí misma. La ley natural expresa la participación de la criatura racional en el orden querido por Dios.

La razón descubre que todo ser creado depende de una causa superior y que la perfección de cada naturaleza consiste en vivir conforme al orden que le corresponde. Por ello, la libertad humana alcanza su plenitud cuando acepta la verdad sobre Dios, sobre la persona y sobre el bien moral.7

La ley divina revelada

León XIII critica también una postura que admite a Dios como creador, pero rechaza las leyes morales y religiosas que Dios ha revelado. La persona no puede aceptar selectivamente la autoridad divina según sus propios criterios, porque tal actitud terminaría sustituyendo la voluntad de Dios por el juicio humano.8

La revelación no destruye la ley natural. La perfecciona y la confirma. Las leyes reveladas tienen el mismo origen divino que la ley eterna y orientan la inteligencia y la voluntad para evitar el error moral. La encíclica reclama, por ello, una unión coherente entre la razón, la ley natural y la revelación.8

Las libertades modernas

Distinción entre elementos legítimos e ilegítimos

León XIII no trata todas las libertades modernas como realidades homogéneas. Distingue entre los elementos que corresponden a la verdad y aquellos que proceden de una concepción defectuosa de la libertad. La Iglesia puede aprobar las libertades que protegen bienes auténticos, pero rechaza las novedades que convierten la libertad en independencia moral absoluta.3

Esta distinción resulta fundamental para interpretar la encíclica. Libertas Praestantissimum no identifica toda libertad política, civil o intelectual con un error. Su crítica se dirige principalmente a la idea de que la libertad humana no deba someterse a ninguna verdad, ley moral o autoridad divina.

Libertad de conciencia

La encíclica diferencia dos sentidos de la expresión libertad de conciencia.

En un primer sentido, significaría que cada persona puede rendir culto a Dios o rechazarlo según su propia preferencia, sin referencia a una verdad objetiva. León XIII rechaza esta concepción porque considera que la relación con Dios pertenece al orden de los deberes fundamentales de la persona.9

En un segundo sentido, la libertad de conciencia significa que la persona puede obedecer a Dios sin coacción injusta y actuar conforme al deber conocido. Este sentido recibe una valoración positiva: constituye una libertad propia de los hijos de Dios, defendida por los apóstoles, los apologistas cristianos y los mártires.9

La obediencia a Dios no elimina la obediencia a la autoridad civil. Sin embargo, la autoridad política sólo posee derecho a mandar dentro de los límites establecidos por Dios y por la justicia. Cuando una orden contradice claramente la voluntad divina, la persona no debe obedecerla.9

Libertad de enseñanza

León XIII aplica el mismo principio a la libertad de enseñanza. La educación debe orientar la inteligencia hacia la verdad, porque la verdad constituye el bien, el fin y la perfección de la naturaleza racional. Quienes enseñan tienen el deber moral de transmitir conocimientos verdaderos y evitar el error.10

La encíclica rechaza una libertad de enseñanza entendida como derecho ilimitado a enseñar cualquier doctrina sin responsabilidad hacia la verdad. El alumno, especialmente cuando carece de formación suficiente, no siempre puede juzgar por sí mismo la veracidad de aquello que recibe. Por esta razón, la enseñanza posee una dimensión social y moral que justifica la existencia de normas destinadas a proteger a los educandos.10

La Iglesia reclama además su propia libertad docente. León XIII sostiene que Dios confió a la Iglesia una autoridad particular en materia de fe y moral, junto con el derecho de anunciar la verdad cristiana. Esa misión incluye la formación de las personas y la defensa de la enseñanza católica frente a cualquier poder que pretenda excluirla.11

Libertad religiosa y autoridad pública

La encíclica aborda la libertad religiosa desde la obligación de la persona y del Estado hacia Dios. León XIII no formula la cuestión desde la indiferencia religiosa, sino desde el reconocimiento de la verdad religiosa y del deber humano de rendir culto a Dios.

El documento sostiene que la autoridad civil no puede considerarse completamente independiente de la ley divina. La vida pública y la vida privada deben respetar el orden moral objetivo. La relación entre la Iglesia y el Estado requiere concordia, porque ambas instituciones poseen funciones distintas, aunque no absolutamente separadas de toda referencia a Dios.12

Liberalismo y autonomía absoluta

La libertad entendida como licencia

Libertas Praestantissimum distingue entre libertad y licencia. La libertad auténtica permite actuar conforme a la verdad y al bien; la licencia presenta cualquier deseo como legítimo por el simple hecho de proceder de una elección individual.

La licencia rompe la relación entre libertad y responsabilidad. Cuando la persona considera que nada puede obligarla moralmente, la voluntad se convierte en la medida de todas las cosas. León XIII considera que esta concepción conduce a la subordinación de la verdad y de la justicia a los intereses particulares o a las decisiones de la mayoría.7

La soberanía de la voluntad individual

La encíclica critica la idea de que cada individuo sea una ley completa para sí mismo. La persona posee autonomía en el sentido de actuar mediante su razón y voluntad, pero no en el sentido de crear por sí misma el bien y el mal.

La libertad humana es una libertad creada. La persona recibe de Dios su existencia, su naturaleza, su inteligencia y su capacidad de amar. Por ello, no puede comprenderse adecuadamente fuera de la relación con el Creador. La independencia absoluta constituye, desde esta perspectiva, una contradicción: quien niega toda dependencia termina sometido a deseos, pasiones, presiones sociales o decisiones arbitrarias.4

La soberanía de la mayoría

León XIII tampoco acepta que la mayoría determine por sí sola la justicia. La autoridad política puede proceder de la comunidad humana, pero ningún procedimiento democrático convierte automáticamente una decisión en moralmente justa. La cantidad de votos no sustituye a la verdad ni a la ley natural.

Esta cuestión adquiere especial importancia cuando una legislación positiva autoriza conductas contrarias a la dignidad humana o al bien común. La ley civil no puede transformar el mal en bien por la sola decisión del poder público.7

La autoridad de la Iglesia

Derecho a enseñar

León XIII atribuye a la Iglesia una misión recibida de Cristo y un derecho propio a enseñar en materia de fe y moral. La Iglesia no recibe ese derecho del Estado ni de la opinión pública, porque su autoridad procede de su fundador divino.11

La encíclica presenta la enseñanza eclesial como una ayuda para la razón humana. La verdad revelada y las verdades accesibles a la razón no pueden contradecirse, puesto que ambas tienen su origen último en Dios. La fe, por tanto, no constituye un obstáculo necesario para la ciencia o el progreso intelectual.11

Verdad y libertad

La relación entre verdad y libertad ocupa un lugar central en el documento. León XIII recoge la enseñanza evangélica: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». La verdad no aparece como una restricción exterior que reduzca la dignidad humana, sino como la condición para que la libertad alcance su finalidad.11

La ignorancia, el error y las pasiones desordenadas pueden limitar la libertad interior. El conocimiento de la verdad permite juzgar rectamente y elegir el bien. Desde esta perspectiva, la formación moral y religiosa no oprime a la persona; la capacita para actuar con mayor responsabilidad.

Relaciones entre Iglesia y Estado

Distinción de competencias

Libertas Praestantissimum reconoce que la Iglesia y el Estado poseen funciones diferentes. La Iglesia tiene una misión espiritual y doctrinal; el Estado debe procurar el orden temporal y el bien común. Esta distinción no implica una separación absoluta de toda referencia moral o religiosa.12

Las dos autoridades deben actuar con respeto a sus competencias propias y con armonía. El Estado no puede absorber la misión de la Iglesia ni la Iglesia sustituir las funciones ordinarias del poder civil. Al mismo tiempo, la autoridad pública no puede tratar la ley divina y la moral como realidades irrelevantes para la vida social.12

Límites del poder político

El poder público carece de legitimidad para imponer leyes manifiestamente contrarias a la justicia. Una norma injusta no posee la misma fuerza moral que una ley auténtica, porque la ley debe ordenar la sociedad hacia el bien común y no apartarla de él.6

Esta doctrina fundamenta la posibilidad de la objeción moral y de la resistencia a órdenes gravemente injustas. La oposición a una ley injusta no equivale necesariamente a rebelión política: puede constituir un acto de fidelidad a la ley superior de Dios y a la dignidad de la persona.9

Libertad cristiana

La libertad de los hijos de Dios

La libertad cristiana no consiste en vivir sin norma, sino en obedecer voluntariamente a Dios y ordenar la existencia según la verdad. Cristo restaura y eleva la dignidad natural de la persona, fortalece la voluntad mediante la gracia y orienta al ser humano hacia la felicidad eterna.2

Esta libertad posee una dimensión interior y otra pública. En el ámbito interior, permite vencer el pecado y actuar conforme al bien. En el ámbito público, sostiene el derecho de los cristianos a profesar la fe, enseñar la doctrina y obedecer a Dios sin obstáculos injustos.9

Libertad y obediencia

Para la encíclica, obedecer a Dios no contradice la libertad. La obediencia cristiana nace del reconocimiento racional y amoroso de la verdad. La persona no pierde su dignidad cuando acepta la ley divina; alcanza su verdadera perfección porque orienta su voluntad hacia el bien supremo.8

La obediencia a las autoridades humanas posee un fundamento limitado. El ciudadano debe respetar las leyes justas y cumplir sus deberes sociales, pero no puede prestar obediencia a una orden que contradiga claramente la voluntad de Dios.9

Valoración doctrinal

Principios fundamentales

Los principios centrales de Libertas Praestantissimum pueden sintetizarse así:

  • La libertad pertenece a la persona dotada de razón y voluntad.
  • La libertad implica responsabilidad moral.
  • La razón debe conocer la verdad antes de orientar la elección.
  • La libertad no equivale a licencia.
  • La ley eterna constituye la norma suprema de la libertad.
  • La ley humana sólo obliga moralmente cuando respeta la justicia.
  • La verdad y la libertad no se oponen.
  • La Iglesia posee autoridad para enseñar en materia de fe y moral.
  • La conciencia auténticamente libre obedece a Dios.
  • La autoridad civil debe respetar la ley natural y el bien común.
  • La persona no puede convertir su voluntad individual o la voluntad de la mayoría en criterio absoluto del bien y del mal.

Aportación a la doctrina social católica

La encíclica forma parte de la reflexión católica sobre la dignidad humana, la autoridad, la ley, la educación, la conciencia y la organización de la sociedad. Su aportación principal consiste en presentar la libertad dentro de un orden moral objetivo.

El documento no entiende los derechos y libertades como realidades aisladas de la verdad. Cada libertad exige una finalidad justa, una responsabilidad correspondiente y una relación ordenada con Dios, con los demás y con el bien común. En este marco, la libertad política y civil no puede separarse completamente de la moral.

Lectura histórica y doctrinal

La interpretación de Libertas Praestantissimum exige distinguir entre su doctrina permanente y las formas históricas concretas con las que León XIII describió las corrientes de su época. El núcleo doctrinal reside en la afirmación de que la libertad humana tiene su fundamento en la razón y la voluntad, pero encuentra su norma en la verdad, la ley natural y la ley eterna.

La encíclica también permite comprender la evolución del pensamiento católico sobre la libertad religiosa y la relación entre Iglesia y Estado. Su lenguaje pertenece al contexto intelectual del siglo XIX, mientras que la reflexión católica posterior desarrolló nuevas formulaciones sobre la dignidad de la persona y la libertad en materia religiosa. La continuidad doctrinal aparece en la vinculación entre libertad, verdad, responsabilidad y orden moral.

Recepción y actualidad

Vigencia del debate sobre la libertad

Los temas tratados por León XIII conservan relevancia en cuestiones contemporáneas como la libertad de conciencia, la educación, la libertad de enseñanza, la relación entre religión y política, los límites de la autoridad estatal y el alcance de la autonomía personal.

La encíclica plantea una pregunta permanente: ¿la libertad consiste en poder elegir cualquier cosa o en poder realizar verdaderamente el bien? Para la respuesta católica, la libertad necesita la verdad y no puede reducirse a la ausencia de toda norma.

Libertad y vida pública

La doctrina de Libertas Praestantissimum invita a valorar las instituciones políticas según su respeto a la justicia y al bien común. Ningún régimen puede justificar cualquier decisión mediante la voluntad popular, la autoridad del Estado o la autonomía individual. La legitimidad política requiere una referencia a principios morales objetivos.7

La encíclica también defiende el derecho de la Iglesia a participar en la formación moral de la sociedad y a enseñar públicamente su doctrina. La autoridad pública no debe impedir la misión religiosa de la Iglesia ni reducir la fe a una realidad exclusivamente privada.11

Libertad y educación

En el ámbito educativo, el documento reclama responsabilidad por parte de profesores, instituciones y autoridades. La enseñanza no consiste en transmitir cualquier idea sin criterio, sino en formar la inteligencia para conocer la verdad y la voluntad para actuar justamente.10

Este planteamiento otorga especial importancia a la libertad de las familias, a la misión educativa de la Iglesia y a la protección de los alumnos frente a la manipulación ideológica o la transmisión irresponsable del error.

Conclusión

Libertas Praestantissimum presenta la libertad humana como un don natural unido a la inteligencia y a la voluntad, pero también como una realidad moral orientada al bien. León XIII rechaza la libertad entendida como independencia absoluta, arbitrariedad o licencia, y propone una concepción fundada en la verdad, la ley natural, la ley eterna y la obediencia a Dios.

La encíclica sostiene que la verdad no destruye la libertad, sino que la perfecciona. La persona alcanza su auténtica dignidad cuando elige responsablemente el bien, la autoridad civil actúa conforme a la justicia, la educación busca la verdad y la Iglesia puede cumplir sin impedimentos su misión de enseñar la fe y la moral cristianas.

Citas y referencias

  1. Fernando de Lasala. De scholae catholicae libertatis exercitio in saeculo XIX et XX ineunte, 1993, número 1, pp. 205-226, 6 (1993).
  2. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 1 (1888). 2 3 4 5 6
  3. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 2 (1888). 2
  4. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 3 (1888). 2 3
  5. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 5 (1888). 2
  6. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 10 (1888). 2 3 4
  7. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 15 (1888). 2 3 4 5 6
  8. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 17 (1888). 2 3
  9. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 30 (1888). 2 3 4 5 6
  10. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 24 (1888). 2 3
  11. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 27 (1888). 2 3 4 5
  12. Encíclica del papa León XIII sobre la naturaleza de la libertad humana, Papa León XIII. Libertas, 38 (1888). 2 3
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