Capítulos 1-3,8: Confesión y oración en el exilio
La primera parte del Libro de Baruc comienza con una introducción histórica (1,1-14), ambientada en Babilonia en el año 582 a. C. Baruc escribe el libro, lo lee ante el rey Joaquín y los exiliados, quienes responden con llanto, ayuno y oración. Recogen fondos para enviar a Jerusalén vasos sagrados y ofrendas, simbolizando la continuidad del culto yahvista pese al destierro.
Sigue una doble confesión de pecados (1,15-2,5 y 2,6-3,8), que recuerda las culpas de Israel: idolatría, desobediencia a la Ley y confianza en alianzas humanas. Esta sección evoca la oración de Daniel (Dn 9,4-19) y culmina en una súplica por misericordia: «Señor, nuestro Dios, a ti conviene la gloria… acuérdate de tu pacto» (2,14-18). La oración enfatiza la justicia divina en el castigo, pero también su fidelidad a las promesas abrahámicas, invitando a la esperanza en la restauración.
Capítulos 3,9-4,4: Himno a la Sabiduría divina
Esta sección poética es un elogio a la Sabiduría, personificada como don de Dios accesible solo a través de la Ley mosaica. «¿Dónde se halla la sabiduría, dónde está el lugar del entendimiento?» (3,15), pregunta el texto, respondiendo que reside en Israel y en el temor al Señor. La Sabiduría es eterna, creadora del mundo y guía para el pueblo: «Después miró la tierra y la llenó de bienes» (3,34).
Influida por Proverbios 8 y Job 28, esta parte subraya que la infidelidad al mandamiento divino causa el exilio, pero la obediencia trae paz. En teología católica, prefigura a Cristo como Sabiduría encarnada (1 Cor 1,24), conectando Antiguo y Nuevo Testamento.
Capítulos 4,5-5,9: Odas de consuelo y esperanza
Compuesta por cuatro odas que inician con «¡Ánimo!» (4,5; 4,21; 4,27; 4,30) y un salmo final, esta parte personifica a Jerusalén como madre afligida que consuela a sus hijos dispersos. «No temas… el Señor será tu rey para siempre» (4,36-5,4), promete restauración y gloria eterna. El tono apocalíptico evoca Isaías 60-66, con imágenes de luz divina y naciones rindiendo homenaje a Sión.
Estas odas fomentan la perseverancia en la fe, recordando que el exilio es temporal y Dios vindicará a su pueblo.
Capítulo 6: La Carta de Jeremías
El sexto capítulo, titulado Carta de Jeremías, es un apéndice independiente, dirigido a los exiliados para advertir contra la idolatría babilónica. Jeremías, según la tradición, envía esta misiva antes de la deportación, prediciendo siete generaciones de cautiverio (6,3). Describe los ídolos como obras inertes de manos humanas: «Son oro y plata, pero no pueden salvarse a sí mismos» (6,7-73).
Estilísticamente distinta, esta carta muestra rasgos helenísticos y se considera pseudepigráfica por algunos, pero la Iglesia la incluye como inspirada, reconociendo su valor didáctico contra el paganismo. En manuscritos griegos, a veces aparece separada, antes de las Lamentaciones.