El Libro de Jonás se compone de cuatro capítulos breves, escritos en prosa poética hebrea, con un total de aproximadamente 48 versículos. Su estructura narrativa es lineal y dramática, centrada en la figura del profeta y su relación conflictiva con la voluntad divina. A diferencia de otros profetas menores, que suelen contener oráculos de juicio o consuelo, este libro adopta la forma de una novela didáctica o parábola profética, con elementos de sátira y ironía que resaltan las debilidades humanas frente a la grandeza de Dios.
Capítulo 1: La huida de Jonás
El relato comienza con la llamada de Dios a Jonás, hijo de Amatí, para que predique contra la maldad de Nínive, la capital asiria y símbolo de la opresión enemiga de Israel (Jon 1,1-2). En un acto de rebeldía, Jonás huye hacia Tarsis en un barco, intentando escapar de la presencia divina (Jon 1,3). Una tormenta azota la nave, y los marineros, tras sortear la culpa, arrojan a Jonás al mar, donde es engullido por un gran pez preparado por Dios (Jon 1,4-17). Este episodio subraya la imposibilidad de evadir la voluntad de Dios y la soberanía divina sobre la creación.
Capítulo 2: La oración en el vientre del pez
Desde las entrañas del pez, Jonás eleva una oración de acción de gracias, un salmo de estilo similar a los Salmos penitenciales, reconociendo la salvación de Dios (Jon 2,1-10). Dios ordena al pez vomitar a Jonás en tierra firme, marcando su segunda oportunidad para cumplir la misión. Esta sección poética enfatiza la oración en la angustia y la fidelidad de Dios a su profeta, incluso en las circunstancias más extremas.
Capítulo 3: La predicación en Nínive
Jonás obedece y entra en Nínive, una ciudad descrita como tan vasta que requiere tres días para cruzarla (Jon 3,3). Su mensaje es conciso: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida» (Jon 3,4). Sorprendentemente, el rey y todo el pueblo, desde humanos hasta animales, responden con un ayuno colectivo y penitencia, cubriéndose de cilicio (Jon 3,5-9). Dios, conmovido por su arrepentimiento, revoca el castigo (Jon 3,10), ilustrando que las profecías no son decretos irrevocables, sino llamadas a la conversión.
Capítulo 4: La ira de Jonás y la lección de la planta
Jonás se enoja por la misericordia divina hacia los ninivitas, prefiriendo morir antes que ver salvados a sus enemigos (Jon 4,1-3). Dios le prepara una planta que crece para dar sombra y luego se marchita por un gusano, exponiendo la ira de Jonás ante el sol abrasador (Jon 4,4-8). A través de un diálogo, Dios cuestiona la desproporción de su enojo: si Jonás se aflige por una planta efímera, ¿por qué Dios no debería compadecerse de una gran ciudad con 120.000 habitantes (Jon 4,9-11)? El libro concluye abruptamente, invitando al lector a reflexionar sobre la universalidad de la misericordia divina.

