La entrada en Canaán
Tras la muerte de Moisés, Josué recibe la misión de guiar al pueblo. El relato comienza con el envío de exploradores a Jericó y continúa con el paso del Jordán. La narración presenta este cruce como una intervención de Dios y recuerda el acontecimiento mediante piedras conmemorativas. En Guilgal, los israelitas celebran la Pascua en la tierra y cesa el maná; Josué recibe después una visión que lo prepara para la campaña.
La toma de Jericó constituye el episodio más conocido de esta primera sección. El relato atribuye la caída de la ciudad a la acción de Dios y cuenta que Rahab y su familia quedan a salvo. A continuación, la derrota inicial ante Ay aparece relacionada con la apropiación ilícita de bienes por parte de Acán. Una vez resuelta esa falta, Israel conquista Ay. El libro incluye también la renovación de la alianza en los montes Ebal y Garizín y el acuerdo con los gabaonitas.
La narración prosigue con las campañas contra los reyes del sur y del norte. Presenta las victorias como resultado de la ayuda divina y concluye esta parte con una relación de reyes derrotados. El conjunto ofrece una visión amplia de la ocupación del territorio, aunque otros pasajes bíblicos muestran que el asentamiento y el dominio de la tierra no quedaron completados de una sola vez.,
El reparto de la tierra
La segunda gran sección distribuye Canaán entre las tribus de Israel. La tierra aparece como herencia recibida, pero también como territorio que cada comunidad debe habitar y conservar. El reparto da forma concreta a la identidad del pueblo: las tribus comparten una alianza, aunque viven en zonas distintas y mantienen intereses propios.
La narración no describe una ocupación uniforme de todo el territorio. La tradición bíblica reconoce que algunas regiones y ciudades permanecieron en manos de sus habitantes anteriores y que las tribus afrontaron dificultades para consolidar su presencia. El comienzo del libro de Jueces prolonga precisamente el relato de esas tensiones y de la fragmentación política que siguió a la muerte de Josué.
Los discursos finales y la muerte de Josué
En los capítulos finales, Josué reúne al pueblo y lo exhorta a servir al Señor. La alianza exige fidelidad exclusiva a Dios y rechazo de los ídolos. La tierra no se presenta como una posesión independiente de quien la habita: pertenece a Dios, y la vida en ella queda vinculada al servicio y a la fidelidad de Israel.
La renovación de la alianza en Siquén ofrece el cierre teológico del libro. Josué recuerda la historia del pueblo y plantea una decisión: servir al Señor o seguir a otros dioses. Tras el discurso final, el libro narra su muerte y sepultura.,