El título tradicional del libro, Sabiduría de Salomón, refleja la atribución pseudepigráfica al rey Salomón, símbolo de la sabiduría hebrea en la tradición bíblica. En la Vulgata latina, se denomina simplemente Liber Sapientiae o Libro de la Sabiduría, y en las versiones católicas modernas en español, como la Biblia de Jerusalén o la Nueva Biblia Española, se mantiene como Libro de la Sabiduría. Este nombre distingue al texto de otros libros sapienciales como los Proverbios o el Eclesiastés, también asociados a Salomón.
En el canon católico, el Libro de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento, es decir, aquellos aceptados por la Iglesia pero no incluidos en el canon hebreo judío. Su canonicidad fue confirmada solemnemente por el Concilio de Trento en 1546, que lo enumeró explícitamente entre los textos sagrados, junto con otros como Tobías, Judit y los Macabeos.1 Los Padres de la Iglesia de los primeros siglos, como San Clemente de Alejandría y San Agustín, lo citaban con frecuencia como Escritura inspirada, reconociendo su valor doctrinal. En contraste, las tradiciones protestantes lo excluyen del canon, considerándolo apócrifo, lo que resalta una diferencia clave en la comprensión católica de la Biblia.
La inclusión en el canon alexandrino, reflejado en la Septuaginta (la versión griega del Antiguo Testamento), subraya su origen en la diáspora judía. Para la teología católica, este libro enriquece la comprensión de la sabiduría como atributo divino, preparando el terreno para la cristología neotestamentaria.

