El Libro de las Lamentaciones ocupa un lugar específico en el canon bíblico católico. Forma parte de los Escritos o Ketuvim en la tradición hebrea, y en la Vulgata latina se sitúa entre los libros proféticos, justo después del Libro de Jeremías. En las Biblias católicas modernas, como la Nueva Versión de los Salmos o la Biblia de Jerusalén, se incluye en la sección de los libros poéticos y sapienciales, junto a los Salmos, el Cantar de los Cantares y el Eclesiastés.
Históricamente, el libro surge en el contexto de la caída de Jerusalén en el siglo VI a. C., un evento catastrófico que marcó el exilio babilónico del pueblo judío. La ciudad santa, símbolo de la presencia de Dios, fue arrasada por las fuerzas de Nabucodonosor II como castigo por la idolatría y la infidelidad de Judá. Este desastre no solo fue una derrota militar, sino un trauma espiritual que el libro plasma en forma de duelo nacional. La tradición católica ve en este suceso un eco de la Pasión de Cristo, donde la destrucción del Templo prefigura la entrega de Jesús por los pecados de la humanidad.

