El Libro de los Números se divide en tres partes principales, según la estructura delineada en la tradición exegética católica, que alterna entre narraciones históricas y prescripciones legales. Esta división refleja el propósito del texto: preparar al pueblo para la vida en la Tierra Prometida mediante la purificación y la organización. El relato abarca desde el Sinaí hasta Moab, omitiendo intencionalmente los 38 años de vagar como castigo por la incredulidad (Nm 14,33-34), para enfatizar las lecciones divinas.
Primera parte: Preparación en el Sinaí y primeras etapas del viaje (caps. 1-14)
Esta sección inicial, que va desde los capítulos 1 al 14, describe la organización del campamento israelita en el desierto de Sinaí durante el primer y segundo mes del segundo año tras el Éxodo. Comienza con el censo de los varones aptos para la guerra (Nm 1,2-46), que asciende a 603.550 personas, excluyendo a los levitas, dedicados al servicio del tabernáculo (Nm 3,14-51). Este recuento no es mero dato estadístico, sino símbolo de la bendición de Dios en la multiplicación del pueblo, recordando la promesa abrahámica (Gn 15,5).
Se detallan las disposiciones del campamento: las tribus se agrupan en cuatro bloques alrededor del tabernáculo, con los levitas como guardianes (Nm 2-3). Incluye regulaciones sobre la pureza ritual (Nm 5) y la consagración de los levitas en lugar de los primogénitos, un tema que subraya la sustitución sacerdotal tras el pecado del becerro de oro (Éx 32; Nm 3,44-51). Eventos clave incluyen la celebración de la Pascua (Nm 9), la salida de Sinaí (Nm 10) y las quejas del pueblo por el maná y la falta de agua, respondidas con plagas y el don de codornices (Nm 11).
El clímax es el envío de los espías a explorar Canaán (Nm 13), donde diez de ellos siembran el desaliento, llevando a la rebelión colectiva y al decreto divino de que esa generación no entraría en la Tierra Prometida (Nm 14). Esta narrativa ilustra la misericordia y justicia de Dios: perdona, pero castiga la incredulidad, prefigurando la necesidad de fe en la salvación cristiana.
Segunda parte: Leyes y juicios en el desierto (caps. 15-19)
Los capítulos 15 a 19 se centran en la «limpieza legal» exigida por la presencia divina, dirigida tanto al pueblo como a los sacerdotes. Incluye leyes sobre ofrendas (Nm 15), el castigo por violar el sábado (Nm 15,32-36) y la rebelión de Coré, Datán y Abirón contra Moisés y Aarón, que termina en un milagro donde la tierra se abre y un fuego consume a los rebeldes (Nm 16). La vara de Aarón que florece (Nm 17) confirma el sacerdocio levítico, simbolizando la elección divina.
Se promulgan normas sobre las contribuciones sacerdotales (Nm 18) y el ritual de la vaca roja para la purificación (Nm 19), que prefigura el sacrificio de Cristo como fuente de expiación total. Esta parte enfatiza la santidad interior y exterior, recordando que la Alianza exige obediencia para habitar con Dios.
Tercera parte: Hacia la Tierra Prometida (caps. 20-36)
La narración retoma el viaje en el año 40, con la muerte de Miriam (Nm 20,1) y el episodio de las aguas de Meribá, donde Moisés y Aarón pecan de desconfianza y son excluidos de la Tierra (Nm 20,12). La muerte de Aarón en el monte Hor (Nm 20,22-29) marca el traspaso del sumo sacerdocio a Eleazar.
Israel derrota a los amorreos (Nm 21) y enfrenta la seducción idólatra en Moab con Baal-peor (Nm 25), castigada por Finees, quien recibe una alianza perpetua de sacerdocio (Nm 25,13). El segundo censo (Nm 26) registra 601.730 varones, preparando la distribución de la tierra. Se nombran a Josué como sucesor de Moisés (Nm 27) y se detallan leyes sobre sacrificios, votos y fiestas (Nm 28-30).
El libro culmina con la victoria sobre Madián (Nm 31), la asignación de tierras transjordananas a Rubén, Gad y media tribu de Manasés (Nm 32), y una lista de etapas del viaje (Nm 33), junto con mandatos para conquistar Canaán y establecer ciudades de refugio (Nm 35-36). Esta sección cierra el ciclo con esperanza en la herencia prometida.