La Iglesia católica ha interpretado el Cantar de los Cantares de manera predominantemente alegórica, aunque reconoce su sentido literal como celebración del amor conyugal. Esta doble lectura se basa en la tradición exegética que ve en el texto un símbolo de realidades espirituales superiores, alineándose con la enseñanza de que la Escritura tiene múltiples sentidos: literal, alegórico, moral y anagógico.
Interpretación literal: El amor humano y el matrimonio
En su sentido inmediato, el Cantar es un elogio del amor nupcial como plenitud de la experiencia humana. Celebra la búsqueda recíproca y la comunión personal entre hombre y mujer, incluyendo dimensiones corporales y espirituales. Esta visión se conecta directamente con el «principio» bíblico del Génesis (2,23-25), donde el matrimonio se presenta como un sacramento primordial de la alianza divina. La Iglesia ve en este poema una validación del amor conyugal como camino de santidad, donde la exclusividad del vínculo refleja la unicidad de Dios (Dt 6,4).
Autores como el Papa Juan Pablo II han enfatizado cómo el Cantar ilustra el «lenguaje del cuerpo» en el matrimonio, un signo visible de la gracia y el amor ofrecidos por Dios. Este amor no es mero sentimiento, sino un compromiso total que transforma a los amantes, elevándolos a una dignidad real, como de reyes y reinas.
Interpretación alegórica: Dios y el alma, Cristo y la Iglesia
La interpretación alegórica, dominante en la patrística y la escolástica, ve en el esposo a Dios o Cristo, y en la esposa al alma humana o a la Iglesia. Desde los primeros siglos, Padres de la Iglesia como San Ambrosio y San Gregorio Magno desarrollaron comentarios extensos que aplican el texto a la relación sponsal entre Cristo y su Esposa, la Iglesia. Por ejemplo, la búsqueda de la esposa por el esposo simboliza el anhelo del alma por la unión mística con Dios, culminando en la «boda celestial» tras pruebas y contemplación.
San Bernardo de Claraval, en sus ochenta y seis homilías, profundizó esta lectura, describiendo el progreso espiritual: del afecto inicial a la betrothal y, finalmente, a la recepción en las moradas eternas. Esta alegoría consuela al creyente al evocar el pacto eterno de amor entre Dios y su pueblo, un tema que ya resonaba en el Antiguo Testamento. Santa Hildegarda de Bingen, en sus obras, interpreta versos como el de los «pasos hermosos con sandalias» (Ct 7,2) como la mortificación de la carne y el avance virtuoso hacia los goces celestiales, donde el alma, «hija del Príncipe de la Paz», se purifica en la sangre de Cristo.
En el Magisterio moderno, Juan Pablo II reforzó esta visión: el Cantar simboliza el amor sponsal de Cristo por la Iglesia, modelo perfecto de entrega total, incluso hasta la muerte. La reciprocidad del poema refleja cómo cada persona, hombre o mujer, se renueva como «esposa de Cristo» en la Iglesia.
Aplicación a la Virgen María
La tradición litúrgica católica aplica frecuentemente el Cantar a la Virgen María, viéndola como la Esposa perfecta adornada con gracia sobrenatural. En el Breviario y el Misal, versos del libro se incorporan a las fiestas marianas, destacando su pureza y belleza espiritual. Esta interpretación, rica en piedad, ve en María el culmen de la relación entre Dios y el alma, como una figura de la Iglesia inmaculada.