El Levítico se divide en 27 capítulos, organizados en torno a dos grandes bloques: las leyes sacrificiales y de pureza (capítulos 1-16) y el Código de Santidad (capítulos 17-27). Su estructura no es estrictamente cronológica, sino temática, centrada en el culto y la vida santa del pueblo. A diferencia del Éxodo, que describe acciones divinas, el Levítico prescribe deberes humanos hacia Dios, enfatizando la reciprocidad de la alianza.
Leyes sobre sacrificios y el sacerdocio (capítulos 1-10)
Los primeros capítulos detallan los tipos de sacrificios ofrecidos en el Tabernáculo: el holocausto (Lv 1), de olor fragante a Dios, simbolizando entrega total; la ofrenda de cereal (Lv 2), para gratitud; la ofrenda de paz (Lv 3), compartida en comunidad; y las ofrendas por el pecado y la culpa (Lv 4-5), para expiación. Estos rituales, realizados por los sacerdotes de la tribu de Leví, prefiguran el sacrificio único de Cristo en la cruz, como enseña el Nuevo Testamento (Hb 10,1-18).
Los capítulos 8-10 narran la consagración de Aarón y sus hijos como sacerdotes, incluyendo ritos de unción y vestiduras sagradas. Se destaca la importancia de la obediencia ritual, ilustrada por la muerte de Nadab y Abiú por ofrecer «fuego extraño» (Lv 10,1-2), un recordatorio de la santidad exigida en el culto. En la perspectiva católica, estos pasajes fundamentan el sacerdocio ministerial y la necesidad de pureza en la liturgia eucarística.
Leyes de pureza e impureza (capítulos 11-16)
Aquí se regulan las normas de pureza ritual, que distinguen lo santo de lo profano. Incluyen prohibiciones alimentarias (Lv 11), como animales limpios e inmundos, que fomentan la disciplina y la separación de prácticas paganas. Las leyes sobre el parto, enfermedades (como la lepra, Lv 13-14) y emisiones corporales (Lv 15) enfatizan la purificación mediante sacrificios y tiempos de aislamiento, simbolizando la necesidad de sanación espiritual.
El clímax es el Día de la Expiación o Yom Kippur (Lv 16), ritual anual donde el sumo sacerdote entra al Santo de los Santos para expiar los pecados del pueblo con sangre de toros y cabras, incluyendo el «chivo expiatorio» enviado al desierto. Este rito profetiza la redención cristiana, donde Cristo es tanto el sacerdote como la víctima perfecta (Hb 9,11-14).
El Código de Santidad (capítulos 17-27)
Este bloque, conocido como Código de Santidad, extiende la santidad más allá del culto al ámbito ético y social: «Sed santos porque yo soy santo» (Lv 19,2). Incluye mandatos sobre moralidad sexual (Lv 18, proscribiendo incesto y adulterio), justicia social (Lv 19,9-10, dejando gleanings para los pobres), el Año Sabático y el Jubileo (Lv 25), que restauran equidad económica cada 50 años.
Los capítulos finales abordan votos, diezmos y bendiciones (Lv 27), culminando en promesas de prosperidad para la obediencia y maldiciones para la desobediencia (Lv 26). Este código integra fe y vida cotidiana, influyendo en la doctrina católica sobre la vocación universal a la santidad (Lumen Gentium, 39-42).