El profeta Abdías
El nombre Abdías, en hebreo 'Obadyah, significa «siervo de Yahvé» o " adorador de Dios», lo que evoca la humildad y la devoción propia de un profeta en la tradición israelita.1 La Biblia no proporciona detalles biográficos extensos sobre este personaje, lo que lo distingue de otros profetas como Isaías o Jeremías. Algunos estudiosos católicos consideran que «Abdías» podría ser un título genérico para un siervo de Dios, en lugar de un nombre propio, dado que el término se usa frecuentemente en las Escrituras para designar a los profetas.1 Tradiciones judías y cristianas han intentado llenar este vacío con relatos legendarios, pero la Iglesia católica enfatiza que lo esencial radica en el mensaje profético, no en la vida personal del autor.
En el canon católico, el Libro de Abdías ocupa el cuarto lugar entre los profetas menores, después de Oseas, Joel y Amós.2 Su inclusión en la lista de libros sagrados fue confirmada en sínodos antiguos, como el de Roma en el siglo IV, donde se enumeran los textos proféticos aceptados por la Iglesia universal.2 San Jerónimo, en sus escritos, lo describe como un «siervo de Dios» que «truena contra Edom, roja de sangre», destacando su rol como denunciante de la violencia fratricida.3
Contexto de Edom y Judá
El libro se sitúa en un período de tensiones históricas entre Edom y Judá. Edom, descendiente de Esaú, el hermano mayor de Jacob (Israel), representaba un pueblo vecino al sureste de Judá, conocido por su terreno montañoso y rocoso, como las «hendiduras de la roca» mencionadas en el texto.4 La profecía alude a un evento traumático: la destrucción de Jerusalén por invasores extranjeros, posiblemente los babilonios en el 587 a. C., durante el cual Edom no solo se mantuvo neutral, sino que participó activamente en el saqueo y la traición contra sus «hermanos» israelitas.4 Versículos como el 11 describen cómo Edom «se puso al lado» mientras extraños entraban en las puertas de Jerusalén y echaban suertes sobre la ciudad.4
Este contexto histórico resuena con otros profetas, como Jeremías, quien también predice el juicio contra Edom y naciones vecinas como Moab y Amón por su arrogancia y hostilidad hacia Israel.5,6 En la visión católica, estos relatos no solo narran eventos pasados, sino que ilustran la fidelidad de Dios a su pacto con Abraham, donde la descendencia de Jacob recibe protección divina frente a la infidelidad de Esaú.1

