Vida y ministerio de Isaías
Isaías, cuyo nombre significa «Yahveh es salvación», fue un profeta mayor del Antiguo Testamento que ejerció su ministerio en Jerusalén durante la segunda mitad del siglo VIII a. C. Según la tradición bíblica, era hijo de Amós y pertenecía a una familia de posible alcurnia, lo que le permitía acceso a los círculos reales y al Templo. Su vocación profética se describe en el capítulo 6 del libro, donde relata una visión teofánica en el año de la muerte del rey Ozías (alrededor del 740 a. C.), en la que serafines proclaman la santidad de Dios y un carbón ardiente purifica sus labios para su misión.1 Isaías profetizó durante los reinados de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías, un período marcado por inestabilidad política: la expansión asiria amenazaba a Judá, mientras que el Reino del Norte (Israel) caía en 722 a. C. ante Sargón II.
El profeta se casó con una mujer a la que llama «la profetisa» y tuvo al menos dos hijos con nombres simbólicos: Sear-Yasub («un resto volverá») y Maher-Salal-Has-Baz («saqueo apresurado, botín veloz»), que ilustran sus mensajes de juicio y remanente fiel.2 Isaías no solo denunció la idolatría, la injusticia social y la alianza con potencias extranjeras, sino que también consoló al pueblo con promesas de un rey davídico ideal y una era de paz universal. La tradición cristiana, basada en el Talmud y los Padres de la Iglesia, sugiere que Isaías murió mártir bajo el rey Manasés, aserrado por la mitad, una imagen que el Nuevo Testamento evoca en Hebreos 11:37.2 Su tumba se venera tradicionalmente en Paneas (actual Banias, Israel), y la Iglesia lo conmemora el 6 de julio.
Autoría y unidad del libro
La enseñanza católica afirma la autoría profética de Isaías para todo el libro, reconociendo su inspiración divina que trasciende el tiempo histórico. Aunque críticos modernos proponen una división en «Proto-Isaías» (caps. 1-39), «Deutero-Isaías» (caps. 40-55) y «Trito-Isaías» (caps. 56-66), atribuyendo las partes posteriores a autores anónimos del exilio babilónico (siglo VI a. C.), la Iglesia rechaza esta hipótesis como incompatible con la unidad del texto sagrado. La Pontificia Comisión Bíblica, en su respuesta del 28 de junio de 1908, declaró que no hay argumentos sólidos para dividir la autoría, y que los profetas podían dirigirse a oyentes futuros mediante profecía verdadera, no limitada al presente.3,4
El libro se compiló posiblemente en las últimas etapas de la vida de Isaías o poco después, integrando oráculos de diferentes momentos. La Enciclopedia Católica subraya que, pese a diferencias estilísticas, el conjunto refleja la voz unificada de Isaías, con temas recurrentes como el «Santo de Israel» y la salvación escatológica.2 Esta visión unitaria se alinea con la tradición patrística, donde San Jerónimo y San Agustín ven en Isaías al «quinto evangelio» por sus profecías cristológicas. El Concilio de Trento y el Catecismo de la Iglesia Católica reafirman la canonicidad y autenticidad del texto como Palabra de Dios.2

