El Libro del profeta Malaquías se atribuye tradicionalmente a un profeta llamado Malaquías, cuyo nombre en hebreo significa «mi mensajero» o «mensajero de Yahvé». En la tradición judía y cristiana antigua, algunos autores, como San Jerónimo, lo identificaron con Esdras, el escriba y sacerdote que lideró la reforma religiosa en Jerusalén tras el exilio babilónico. Sin embargo, esta identificación carece de base histórica sólida y se considera más una especulación simbólica que una certeza factual.1
La datación del libro se sitúa en la segunda mitad del siglo V a. C., aproximadamente alrededor del año 450 a. C. Este período corresponde a la era persa, tras la reconstrucción del Templo de Jerusalén en 515 a. C. bajo el gobierno de los gobernadores persas, conocidos como peha. El texto refleja un contexto de relajación en las prácticas religiosas, con abusos en los sacrificios y matrimonios mixtos, similares a los problemas que Esdras y Nehemías intentaron resolver en sus reformas (alrededor de 458-445 a. C.). Indicaciones internas, como la mención del Templo ya existente y la crítica a la negligencia en los diezmos, apoyan esta cronología, que coincide con el final de la profecía canónica del Antiguo Testamento.1
En la Septuaginta, la versión griega de la Biblia utilizada por la Iglesia primitiva, el nombre se traduce como «Ángel del Señor», lo que enfatiza su rol como portador de la palabra divina. Este libro cierra el canon profético judío y, en la Biblia católica, forma parte de los profetas menores, subrayando su importancia como puente hacia las expectativas mesiánicas.

