El Libro de Oseas se divide en dos partes principales: una introducción simbólica (capítulos 1-3) y una serie de oráculos (capítulos 4-14). Esta estructura refleja el paso de la alegoría personal a la aplicación profética, culminando en promesas de restauración. El texto, de 14 capítulos, es el más largo de los Profetas Menores y presenta un flujo no lineal, con repeticiones y transiciones abruptas que enfatizan el caos moral de Israel.
Primera parte: El matrimonio simbólico (capítulos 1-3)
Esta sección autobiográfica forma el núcleo alegórico del libro. Dios ordena a Oseas: «Ve, toma esposa de prostituciones y genera hijos de prostitución, porque el país se prostituye abandonando al Señor» (Os 1,2). El profeta se casa con Gomer, hija de Diblaim, una mujer de vida licenciosa que representa a Israel infiel. Tienen tres hijos con nombres simbólicos:
Jezreel (Os 1,4-5): Alude al valle donde Jehú masacró a la casa de Acab; anuncia el fin de la dinastía de Jehú y la derrota militar de Israel.
No-Amada (Lo-Ruhamah, Os 1,6-7): Significa «no compadecida», indicando que Dios no perdonará más a Israel, aunque muestra misericordia a Judá.
No-Pueblo (Lo-Ammi, Os 1,8-9): «No sois mi pueblo, ni yo soy vuestro Dios», simbolizando la ruptura de la alianza.
En el capítulo 2, Dios describe el juicio sobre la «esposa infiel» —Israel prostituyéndose con los baales—, pero promete seducción en el desierto para renovar la alianza: «La seduciré, la llevaré al desierto y hablaré a su corazón» (Os 2,16). El capítulo 3 relata la redención de Gomer, prefigurando la restauración de Israel.
Esta parte, interpretada alegóricamente en la tradición católica, usa el matrimonio de Oseas como signo profético del amor divino herido pero perdonador.
Segunda parte: Oráculos de juicio y salvación (capítulos 4-14)
Aquí, Oseas aplica la alegoría a la realidad histórica, dividiéndose en secciones que alternan reproches y esperanzas:
Capítulos 4-7: Denuncia la corrupción religiosa (sacerdotes y príncipes culpables de idolatría) y política (alianzas con Asiria y Egipto). Israel es como un horno encendido por la maldad (Os 7,4-7).
Capítulos 8-10: Juicio sobre la siembra de vientos y cosecha de tempestades (Os 8,7); critica el culto al becerro de oro en Samaria.
Capítulos 11-14: Transición a la misericordia. Dios recuerda su amor paternal: «Cuando Israel era niño, yo le amé» (Os 11,1), citado en el Nuevo Testamento para Jesús (Mt 2,15). Culmina en promesas mesiánicas: una nueva alianza nupcial en justicia y amor (Os 2,21-22), y la resurrección de Israel (Os 13,14, eco en 1 Cor 15,55).
La estructura enfatiza que el juicio es pedagógico, llevando a la conversión y la salvación.