El Libro de Sofonías se atribuye tradicionalmente al profeta Sofonías, cuyo nombre hebreo significa «el Señor oculta» o «el Señor protege», evocando una protección divina en tiempos de crisis. Según la introducción del libro (Sof 1,1), Sofonías era hijo de Cusí, descendiente de Gedalías, Amaría y Ezequías, posiblemente relacionado con la realeza judía, lo que le conferiría autoridad para criticar a las élites. Su ministerio profético se sitúa en los días del rey Josías de Judá (640-609 a. C.), específicamente antes de la reforma religiosa de 622 a. C., cuando la idolatría había permeado el templo y la sociedad.
La datación precisa se basa en el versículo inicial, que lo ubica en el reinado de Josías, tras los periodos de idolatría bajo Manasés y Amón. Los estudiosos católicos consideran que el libro fue compuesto alrededor del 630-620 a. C., en un contexto de inestabilidad geopolítica: la decadencia del Imperio Asirio permitía a Judá cierta independencia, pero también exponía al reino a amenazas de Babilonia y Egipto. Sofonías actúa como un «vigilante en las almenas de Sión», advirtiendo de la inminente catástrofe que culminaría en la destrucción de Jerusalén en 586 a. C.1
En la tradición patrística, autores como San Jerónimo lo describen como un profeta contemporáneo de Jeremías, enfatizando su rol en la reforma josiana contra el culto a Baal y Astarté. La Iglesia católica acepta la autoría mosaica de Sofonías, rechazando hipótesis críticas modernas que fragmentan el texto, y lo incluye en el canon de los profetas menores establecido en el Concilio de Trento.
