Orígenes tempranos
Desde la Edad Media, los parroquianos eran obligados a inscribir en libros de actas los sacramentos que recibían, ya que la Iglesia, ante la ausencia de registros civiles, era la principal depositaria de la identidad y el estado canónico de los fieles2.
Consolidación tras el Concilio de Trento
El Concilio de Trento (1563) estableció la obligatoriedad de los registros de bautismo y matrimonio, sentando las bases para la sistematización de los demás sacramentos2.
Codificación moderna
El Código de Derecho Canónico de 1917 y su renovación en 1983 reforzaron la normativa sobre los libros parroquiales, ampliando su alcance a la confirmación, la defunción y la liber status animarum (libro del estado de las almas)2.
